miércoles, 16 de junio de 2010

SIN TITULO (VIII)


VIII


En el supuesto caso que supiera tocar la guitarra iría a comprarse una como la de vidriera pero el problema es que no sabía, entonces no había caso, no había supuesto, no había guitarra. Siguió de largo hasta la próxima vidriera que vendía camisetas de rock y le llamó la atención una de los Sex Pistols, que le recordaba las andanzas de su padre que visitó Londres únicamente para estar cerca de ellos cuando todavía eran una banda. Se la compró a su padre. Le va a gustar pensaba mientras pagaba en la caja.

Era una banda la que estaba detrás de aquella significativa angustia suya. Desde luego que había más de una persona y que su amigo y ese personaje del sobretodo eran los brazos ejecutores de aquella fantasmagórica lucha. ¿Ella también estaría en la organización? ¿Acaso estaba en esa plaza por pura casualidad, o había ejecutado también parte de aquella partitura macabra?

Sentía que estaba exagerando, que de ninguna manera podría estar ocurriendo semejante locura. Intentaba distraerse, mirar el cielo, revisar los árboles en busca de pájaros que lo hicieran sentirse un ave, un poco más liviano. Podría ser cierto que todo fuera una gran fantasía suya, y que las personas a quienes estaba juzgando nada tuvieran que ver, pero su presencia le molestaba, su cercanía lo llenaba de angustia y se sentía defraudado y molesto por aquella situación. ¿Qué más podía sentir?

Ella no. Aquella suavidad en el rostro, aquella brillante mirada enmarcada por esos enormes ojos verdes estaban fuera de esta película, acá el único cachivache era él, con sus terribles fantasmas. Ella estaba en otra historia, en una de esas que llenan salas y que tienen un feliz final con atardeceres enamorados. Tal vez sabe ella tocar la guitarra. ¿Con quién habría tomado clases? ¿Será diestra? Recordaba su amigo zurdo que tenía dolorosos ejercicios para cambiar de mano y sufría en cada canción, sufría con cada acorde especialmente los de los tonos más altos.