miércoles, 24 de agosto de 2016

El detonante

Volví a casa esa tarde y encontré todo revuelto después de la explosión. Fue apenas un neumático pero creanme que  lo confundí con una granada, un tanque de gnc algo similar porque fue tan fuerte que los vidrios se estremecieron en las casas vecinas. Entré despacio, prendí la luz y por suerte en general las cosas funcionaban de acuerdo a lo que esperaba.  Lo que me sorprendió fue que sólo una rueda de neumático causara tanto alboroto en el vecindario así que empecé a revisar la casa buscando alguna cosa rota y de un primer vistazo no encontré, de manera que los vecinos que habían salido también a causa de lo mismo, me preguntaban si estaba todo bien o si había habido algún problema, porque ellos tampoco entendian nada.  En lo que sí estaban de acuerdo era que la explosión había ocurrido cerca de mi casa.

Ante tanta mala noticia en la televisión acerca de unos atentados, es lógico pensar en la desgracia pero en este caso sólo se trataba de un neumático que estalló sin provocar daños al menos en las cosas materiales, porque en las personas podía notarse un buen susto.

En realidad, había un vidrio de la ventana que da al patio, que no estaba en las mismas condiciones que antes.
Lo encontré trizado.  Para mi que estaba en perfecto estado cuando me fui y me pregunté si realmente podía haber sido causado por un simple estallido que tiene poca onda expansiva y no tuve respuesta.   Lo entendí enseguida cuando la empleada doméstica me confesó qué la causante de la rotura había sido ella porque en el momento de hacer la limpieza ocurrió el estruendo y del susto cerró la ventana con violencia y se trizó.  Por supuesto no fue mi intención reclamarle nada por el vidrio y hasta me sentí agradecido de encontrar el motivo de la rotura lo cual confirmaba que la explosión había sido leve y no algo causado por la detonación voluntaria de algún explosivo.  Esas cosas ocurren en otros países, aquí estamos en paz, somos como de otra especie, aquí estamos fuera de aquel sistema.

De manera que inmediatamente arreglé con ella lo que le adeudaba  y le pedí que se fuera, que volviera el mes siguiente cuando estuviera un poco más en claro lo que había ocurrido porque nos habíamos llevado un buen susto y la cosa no estaba del todo explicada.  Me aseguró que más allá de la tristeza que le producía, lo entendía y que esperaría mi llamado el próximo mes, que necesitaba el trabajo, que no dejara de llamarla, que tenía un hijo y necesitaba encontrar empleo cuanto antes, y que buscaría en otro lado.

Le dije que no se hiciera problema por eso, que ya vería en tal caso cómo lo solucionaba.  Así que nos despedimos amablemente y desde ese momento empecé a cerrar con más cuidado y me volví -eso dicen-,  más huraño al no recibir visitas con tanta frecuencia ni tanta amabilidad como hasta entonces.