miércoles, 19 de septiembre de 2012

Chicle

-Tené cuidado hermano,  mucho cuidado -dijo Esteban mientras acomodaba el cuello del buzo del muchacho que estaba a punto de subir al colectivo.  Este llevaba las herramientas para su trabajo de albañil en una caja de metal en la que tenía todo lo necesario para terminar lo que había comenzado hacía ya 3 meses.
Su hermano lo cuidaba siempre, y le hacía recomendaciones como de madre. Es que se llevaban varios años y el mayor siempre había hecho las veces de padre y madre a la vez y él lo dejaba hacer,  acostumbrado al buen trato y a su cariño. Arriba del colectivo recibió varias llamadas entre ellas, la de su propio hermano, apenas habían transcurrido 30 minutos y ya estaba preguntándole como estaba, si iba todo bien.
-Si, está todo bien, quedate tranquilo -dijo él, acalorado pensando qué pesado mi hermano, que me llama todo el tiempo.  Ya es bastante con que me pague el pasaje, y me vaya a buscar a la vuelta a la terminal. ¿Acaso también él estaría detrás de este trabajo, sería él quien me lo habría conseguido? No, no creo que de para tanto. Él tiene su familia, y se ocupa también de ellos, bah, de hecho lo hace pero por qué no me dejará tranquilo digo, no se… Me gustaría que alguna vez se diera cuenta que lo suyo pasa de castaño oscuro. Ya es peor que una madre sobreprotectora, cariñosa por demás, agobiante. En el viaje, tenía una compañía inquietante. Su vecina de asiento era una chica que por la vestimenta seguramente iba al colegio secundario del pueblo cercano. Eran 3 horas de viaje. Mirá que hacer este viaje todos los días para ir al colegio, hay que tener ganas, ¿eh?

-Hola, qué tal, ¿vas a Malargüe? -preguntó tímidamente.
-Sí -contestó ella, y dio vuelta la cara para mirar por la ventanilla y tomar un poco de distancia del muchacho encarador.
-Ah, yo voy a trabajar. Mi hermano insistió que dejara el estudio, viste, y que me dedicara a lo que me gusta, la albañilería -avanzó él, tratando de agradarle.
-No, pero eso no es buena idea, ¿cómo que te dijo que no estudiaras? -preguntó la chica mirándolo a la cara.
-Y sí, es raro pero es así. Me dijo que para él lo mejor era que empezara rápido a hacerme un lugar en alguna empresa constructora , y me dejara de boludeces con el estudio. Se puso en contra de mucha gente por esto -comentó.
-Y claro, es que no es buena idea. Imaginate que vas a ser empleado toda la vida, te van a tener corriendo de aquí para allá, y vos sin saber por qué, es horrible -argumentó ella.
-¿Qué vas a estudiar vos? -preguntó él.
-Mirá, todavía no lo tengo del todo resuelto, pero apenas termine la secundaria pienso irme a la capital, a Mendoza, a estudiar allá.
-Hermosa ciudad -comentó él y pensó que lo mismo podría decirse de ella.
-Así es -dijo-. Azafata, disculpame, ¿no me traes un vasito de agua por favor?
-Sí, un segundo ya te lo traigo -contestó la chica.
-Como te decía, quiero estudiar periodismo allá, es la mejor universidad de la provincia.
-Ah, periodismo, qué interesante, vas a saber mucho de todo. De todo y de todos! -dijo sonriendo.
-Sí, periodismo político, es lo que más me gusta. Me paso el día leyendo sobre historia argentina y latinoamericana. Todo lo que sea política me gusta, me apasiona. Pero no me veo trabajando de eso, quiero decir, en política -argumentó ella, volviendo la vista hacia el paisaje mortecino de la ventana.
-Está bien, me encanta. Me gusta que la gente se ocupe de la política, hace bien en hacerlo. Muchas veces discuto con mi jefe. El tiene una postura bastante contraria a este gobierno, a mi me parece bien, yo lo respeto. Lo que no veo de su parte es eso justamente, un poco de respeto al que piensa diferente.
-Ah, eso es patético. Me asusta la gente así -dijo ella, recordando alguna situación dolorosa.
-Son unos idiotas. Pero qué querés, son una barbaridad todos esos años de dictadura.

Lucía se sintió cansada. Dió media vuelta en su asiento y se acomodó para dormir siempre que su imprevisto compañero de viaje la dejara hacerlo. Miró el paisaje montañés y fue cerrando débilmente su conciencia hasta hundirse profundamente en un sueño blando y delicado como le gustaba a ella casi todo en la vida. De pronto soñó que viajaba dentro del viaje. Que podía elevarse entre aquellas montañas nevadas y recorrerlas a pocos metros del suelo velozmente, parando donde quisiera, llegando a lugares que nadie puede llegar gracias a su sistema super moderno de viaje, suspendida a metros del suelo o a la distancia que ella considere prudente. No quería mirar su espalda, sabía que algo la sostenía, pero prefería mantener la vista en el en el frío paisaje de alta montaña y no mirar para atrás. Aquello podía ser una máquina con propulsores o simplemente unas manos como garras. Y era aterrador pensar en algo así.   Pero... ¿por qué no recordaba el comienzo del viaje, por qué no tenía presente el momento en que cargó combustible y pagó, y le pidió consejo al chico de la bomba de nafta, acerca de los lugares que podía visitar en aquella nave moderna y precaria a la vez, que ella desconocía por completo? Era misterioso.
Pero la distraía del paisaje. A lo lejos divisaba un riacho que descendía de lo alto, se hundía de pronto y se perdía de vista. La poca vegetación reinante le permitía mirar cualquier detalle del terreno. Algunos animales a su derecha le recordaron las fiestas de navidad en la región donde la comida principal eran los chivos de la zona. Sabía que en alguna dirección se encontraría con el avión de los uruguayos, pero en cuál. Y ahí cayó en la cuenta que no traía su GPS. Estaba viajando sin dirección, pero el viaje era super facil también. Se orientaba por las luces, el sol, las montañas y se dirigía hacia donde quisiera, con solo pensarlo y a la velocidad que quisiera, o que ella soportara. Era fascinante.