lunes, 21 de diciembre de 2015

Mejor esperar

Antes de marcharse me miró fijamente a los ojos, movió su camioneta hacia atrás unos metros y aceleró.  Pensé que iba a frenar en el semáforo que había a pocos metros de ahí pero se puso en verde y avanzó fácil, serenamente, dejando atrás el ordenador vial y nuestra historia, para siempre.

Me quedé estupefacto y sombrío, pensando en ese olor a orina de ratas que se había instalado en mi nariz, después de pasarme la mañana en aquel lugar que olía a muerte, en el mejor de los casos. Quería quitármelo de inmediato, así que entré al bar y pedí un lomito.  Eran las diez de la mañana, un horario lo suficientemente extraño para que alguien pidiera comida, pero me gustaba recordar aquel aroma a bife cocinado en las sartenes de los carritos lomiteros que conocía a la perfección desde niño, cuando mi madre me mandaba a comprar en el que había cerca de casa, una especie de vagón de ferrocarril, o una suerte de casilla rodante, no lo recuerdo.

El bife empezó a soltar el humo en la cocina y el aroma a reconfortarme el alma, mientras el horroroso olor a ratas empezaba a alejarse de mis fosas nasales, y cierta sensación de bienestar me recorría levemente.  Pedí un agua saborizada, bien fresca, pero sabía que enseguida con la comida vendría una cerveza.  Había gente que pasaba y miraba hacia el interior del bar, preguntándose seguramente, qué turista trasnochado tenía la idea de que se podía comer un sandwich a esta hora, no había razón para eso, no había derecho.  El diario abandonado en la mesa contigua, me informaba de no se qué aumento en los boletos de colectivos, que comenzaría a regir a partir del mes siguiente, toda una noticia para una ciudad como ésta, en la que las distancias parecen alargarse cada día un poco más, en la que uno tiene que recorrer kilómetros y kilómetros para llegar a ninguna parte.

Quería salir de allí cuanto antes y correr en su búsqueda. Por fin llegó la comida, que devoré en cinco minutos, casi sin el espacio necesario para saborearla debidamente pero es que tenía poco tiempo.   La cerveza, una lata de medio litro, estaba tan fría que daba gusto.  A punto hielo, como dicen.  Aflojó mis músculos y mis intenciones apresuradas.  El tenue olor a levadura que emanaba de la copa, me hizo pensar mejor las cosas y decidí quedarme ahí media hora más.  No había en realidad tanto apuro.  Ella no estaba, y su camioneta había emprendido la marcha horas antes, y no había motivo para seguirla, además no tenía en qué.  Solo un colectivo me llevaría cerca de donde yo suponía que estaba.  ¿Y si no?  ¿Qué haría entonces tan lejos del centro de la ciudad?  ¿Volver caminando o en otro hipotético y remoto colectivo?

-No.  Mejor esperar -me dije-, ...¿para qué están los celulares?






lunes, 3 de agosto de 2015

¿Te ayudo con la compu?

Empecé tímidamente a ayudarle a un amigo con la cuenta de facebook de su empresa y la cosa está funcionando bien.  Creo que después de un año de trabajo, hay un resultado medible, palpable e interesante, como él mismo dice "vamos bien encaminados".  Mi intención al principio fue aportar mis conocimientos en informática, es decir, para él todo lo que fuera palabras como muro de facebook, timeline, y otras por el estilo eran chino básico, de manera que siendo yo un usuario experimentado, pensé que tendría algo que aportar, modestamente, sumando mi habilidad para sacar fotos, y quitando del medio mis casi nulos conocimientos de marketing al menos de manera profesional.

Bueno es decir que no todas las empresas necesitan facebook ni todos los casos son iguales.  Es decir, que tu empresa tenga ventas mensuales considerables no justifica un usuario o una página de facebook.  Todo depende, claro.  Por un lado seguramente estará la necesidad en la cabeza del emprendedor, y tal vez esa persona sí sea un usuario de sistemas más avanzado y pueda dedicarle tiempo.  A mi entender, no necesitará de mis servicios.  Tal vez, en otros casos solamente tendrá que decidirse por crear un usuario y batallar con eso en internet.  Le será suficiente.

A medida que voy haciendo, voy aprendiendo.  Tanto de la empresa como de internet, eso está más que claro.  Internet es un medio dinámico por naturaleza, de una semana a otra cambian los procesos, cambian las configuraciones, algo pasa y lo que tenías por entendido y estudiado la semana pasada, ya no está, el enlace no funciona o la página no se encuentra [error 404].  Y ahí entra en juego algo muy positivo: la paciencia del que te contrata.  Si te tiene algo de confianza, algo de "fe" por así decirlo, y decide seguir adelante a pesar de los contratiempos, porque una tarea como esta lleva tiempo.  Al principio parece que nada se mueve.  Cuesta llegar a los usuarios, no sacás un MeGusta tan fácilmente.  Pero con el correr de los días, ves que se alcanza cierta madurez que va más allá de una publicación esporádica que arranca con mucha energía pero que a poco de andar va decayendo y se pierde.  Incluso cada caso particular amerita un tratamiento particular, aquí no sirve aplicar la misma receta para todos.

Espero que les guste esta publicación que representa un cambio de tópico en mi blog, venía apuntando aquí algunas cosas literarias como relatos breves y cosas por el estilo pero de un tiempo a esta parte lo he dejado de lado y tal vez sea un buen momento para hacer otras cosas.