miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un delirio


Hoy alcancé el límite máximo de velocidad con mi moto, quiero decir, llevé el acelerador al máximo.

Es vertiginoso, el viento suena distinto, el aire tiene otra temperatura, todo se ve con claridad. Era un terreno asfaltado y despejado sin bocacalles ni obstáculos directos o posibles, al menos a lo lejos.

Fue maravilloso porque esperé su debido tiempo, no es que lo hice apenas la compré, ya han pasado seis meses un tiempo prudencial seguramente y digo fue maravilloso sentir esa sensación, ese vértigo, toda la adrenalina vibrante en el cuerpo como si fuera lo último que queda por experimentar, lo único que no se puede comprar, aquello que te van a quitar y te quedás encerrado a cuidarlo.

Invito a quien quiera sentirlo como yo cualquiera de estos días me avisa y lo llevo conmigo.

¿Riesgoso? Si claro. ¿Hay algo que merezca la pena y no lo sea?


García Be

martes, 22 de diciembre de 2009

Desprevenido

El globo comenzó a elevarse (o la tierra a alejarse como prefieras) nosotros arriba temerosos, mirábamos la escena como si fuéramos espectadores hasta que el piloto apagó el impulsor y ahí si la quietud y el silencio y hasta un poquito de pánico por un instante al ver que estábamos guiados solamente por el capricho del viento.

Empezamos a disfrutar el paisaje, los dientes apretados, la vista clavada en la nada inmensa que también nos miraba de alguna manera, hinchadas las pelotas de nuestra irracional valentía.

No llevábamos paracaídas, solo un modesto librito de oraciones.


García Be.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Dedicado

El vendedor rompe la factura delante mío, me dice que lo dejemos así, que él se va a hacer cargo de la diferencia, que me olvide. Busco en su expresión el gesto de desagrado porque el incidente lo ocasioné yo pero encuentro en su rostro comprensión y muy buena onda.

Esto es absolutamente anormal. Jamás he visto la dedicación que encontré acá, son vendedores jóvenes, visten de manera elegante y están a tu disposición, más no se puede pedir.

Subí al ascensor para ir directamente a la radio a comentarlo. El locutor me estaba esperando, soy periodista y diariamente comento en mi columna "Estamos Perdidos" las cosas que me pueden dar algún motivo de esperanza en la sociedad. El nombre es irónico claro.

El ascensor se detuvo de pronto apenas empezó su marcha, quedé atrapado entre el primer piso y la planta baja; sólo se ve un muro blanco con letras que no entiendo.

Temblor.



García Be.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Abre

Se acercó al borde del abismo decidido a saltar. Parecía meditar con cuidado cada paso pero lo hacía sin detenerse, con firmeza en la actitud el rostro inclinado, detenido en la tristeza inmensa. Ya nadie había que lo hiciera cambiar de idea, eran sus últimos pasos en esa dirección irremediable y definitiva. El viento soplaba intenso y frío de altura presagiando lo peor.

Saltó.

Vuela. Piensa. Tiene tiempo de hacerlo y algunos recuerdos invaden su alma justo ahora, justo ahora maldice…

Tira la cuerda y se abre.


García Be