lunes, 3 de diciembre de 2012

Juegos de invierno

Abrir el facebook, cerrar el facebook.  Hacerlo 20 veces en una hora para comprobar que no hay novedades interesantes, que la tarde pasó volando y que mirá la hora que  se ha hecho y el partido de fútbol  no se pudo organizar de ninguna manera, ni siquiera con las nuevas tecnologías.  ¿Acaso los amigos no tenían teléfonos y computadoras conectadas a internet?  Claro que sí.  Eran bastante hábiles con eso.  Todos sabían  que él estaba ansioso por jugar después de la lesión que lo tuvo fuera de las canchas por 8 meses.  Estaba aturdido y dolido por la actitud de ellos.  Qué mierda, era injusto.  Siempre había organizado lindos partidos, con premios, con bebidas frescas al terminar, con juntadas con chicas inclusive, hasta eso.  Ahora, resulta que él quiere armar un picadito y no le dan pelota. ¿Es que tanto atractivo tiene jugar fútbol en la casa, con la play que ya no les importa juntarse y rasparse un poco pero de verdad, en la canchita de acá a la vuelta?

No había manera de entenderlo.  Estaba revisando una y otra vez su correo, sus mensajes privados, y nada.  Era absurdo.  Todos estaban en otra.  Absortos y mudos frente a la pantalla de su móvil o de su computadora.  Inútiles, borrachos, hambrientos (o no, porque siempre había algo que llevarse a la boca) pero seguramente aislados del mundo.  Eso sin duda.

Aun así, sin siquiera pensarlo, se encontró mirando uno de esos perfiles sugeridos por el sistema, a un costadito de la pantalla.  Es un bombonazo -se dijo- mirá qué caramelo te estás perdiendo por insistir con el deporte, sos un nabo.  E hizo click.

Abrió el perfil de la rubia, y empezó a pasar fotos y más fotos, todas en una actitud sexy, casi diría provocadora, sin medias tintas.  Parecía ofrecerlo todo, de inmediato y fácil.  ¿Sería así? -se preguntaba de pronto, recordando los mil y un fraudes que había escuchado de internet..  Había que tener cuidado.  Pero lo mágico del encuentro era que le recordaba a alguien.  Alguien cercano y remoto a la vez.  Como si viniera de otra vida.  Tampoco había vivido tantos años como para que los recuerdos fueran remotos y lejanos en el tiempo. Tenía que haber otra explicación, otra razón para que eso ocurriera.  ¿Cómo podía ser posible que alguien tuviera ese nivel de cercanía para él, para sus sentimientos?  Imágenes volaban ahora, excitado, en su mente. Veía pasar una chica delante suyo, los hombros encogidos protegiéndose del frío nocturno.  Veinte vueltas en uno de esos juegos de parque de diversiones en donde volabas a gran velocidad y altura y los pelos se te ponían de punta, pero ella al lado daba gritos, divertida,  y lo tranquilizaba.  Esas imágenes lo torturaban.  Le traían recuerdos inquietantes y oscuros de una época que no recordaba claramente y  estaba seguro de conocer aquella chica del facebook.

"Enviar solicitud de amistad".  Click.

Y que sea lo que Dios quiera  -se dijo.

"Solicitud de amistad aceptada".   -Epa, ¿tan rápido? -volvió a murmurar.

-Hola, ¿quién sos? -leía en el chat.

-Hola, -empezó la charla- qué tal..., nada: te vi en los contactos sugeridos y me animé a conectarme.  Me pasa algo raro, me parece conocerte.  ¿Vos a mí no?  -preguntó.

-No, para nada.  ¿Dónde estudiaste? -respondió la chica, que escribía también velozmente.

-Fui a la secundaria acá  a la vuelta de casa.

-¿Y sos de San Rafael?  -preguntó ella, animada.

-Sí, claro.  De acá nomás.

-Ah, mirá, entonces en algún lado nos habremos visto. -insistió ella.

La tarde empezaba su marcha, y los planes de salir a la noche se amontonaban en la cabeza de Luciano pensando en las últimas salidas fallidas en las que había invertido tiempo y dinero.  No quería pasar por eso otra vez.  Esta, tendría que ser especial, con todos los condimentos de una buena salida de diversión. ¿Qué faltaba?  Más gente, tal vez.  Algún amigo con su novia o alguien que propusiera ella, como sea.

-¿Qué hacemos esta noche, tenés algún plan? -preguntó él.

-Eh, pará... recién empezamos a charlar,  yo no te he visto nunca -respondió ella con firmeza.

-Ah, está bien, no hay problema.  Estaba mirando tus fotos, sos muy linda -escribió el de pronto, sin poder creer lo que veía en su monitor.  Enter.

-Sos atrevido, pero gracias -contestó la chica.

-De nada.  ¿Salimos?  jajaja -escribió él.

-[carita feliz] No, todavía no -remató ella.

-Bueno, pero voy a crear un evento para el próximo jueves, vos y yo, solos a la tarde nos tomamos un helado en la heladería del centro -escribió Luciano-  Ya está.  Ahí te envío el evento privado para nosotros dos, este jueves a las siete de la tarde.  Listo.

-Ok.  Recibido. -contestó ella.

Luciano estaba radiante.  Había concretado una cita con una linda chica del Facebook a quien recién conocía por chat, y con quien sospechaba haber tenido algo en el pasado, tal vez la cercanía en algún juego mecánico, o tal vez, compartir el aula de alguna clase aunque ella lo negara.  Estaba seguro, sin embargo de haberla visto antes.  Sobre todo la imagen del parque de diversiones, con ella a su lado volando, él con ganas de vomitar y ella tan fresca como una lechuga invitándolo a subir a otro.  No pará, había dicho él, bajando el pulgar en señal de malestar, y con el rostro pálido.  Basta por hoy.  A mí esto no me gusta mucho, si te acompañé es porque me sentía mal en casa también pero por otra cuestión. Estoy saliendo de una relación dolorosa, alguien me dejó un poquito destruido, digamos, y estoy quedándome solo en casa mucho tiempo.  Mis padres dicen que eso no está bueno, pero a mí no me quedan ganas de hacer nada.  Estoy todo el día tirado en la cama, o mirando tele, y pensando y pensando cómo pudo pasar aquello.  Estoy triste además.  La perdí, me perdí, nos perdimos de vivir algo que pudo ser hermoso, y de pronto nos encontramos jurándonos odio eterno mirá qué loco, en vez de querernos un poco nos odiamos con tanta pasión que a mí me volcó.  Me dejó hecho pelota.   Por eso estoy agradecido que vengas y me llevés a los tirones a los juegos.  Son para chicos, pero qué más da, nosotros los disfrutamos igual. Bah, vos más que yo.  Sonrió.

El recuerdo había sido intenso.  Y los sentimientos estaban ahí, claramente, cada juego,  cada uno de los minutos que estuvo en soledad, mirando esa ventana, el cieloraso de la habitación, esperando que la tragedia a su alrededor se borrara.  Algo pasó entre los dos, algo hizo que se alejara, que no pudieran avanzar pero es que como él decía, estaba saliendo de una relación y no había espacio para algo nuevo, tan pronto.  Tenía que esperar.   Dejar que el tiempo curara las heridas y rearmarse para salir a la calle y enfrentar su verdad.  Era joven y tenía la vida por delante.