lunes, 28 de mayo de 2012

La terapeuta

Eran las seis menos cuarto.  Sergio guardó lo que tenía en su mano, subió el cierre y apretó el botón, mientras miraba sin ver por la pequeña ventana que daba al patio del consultorio de la terapeuta que lo estaba tratando.

-Faltan 15 minutos y me rajo por fin de aquí -dijo en voz baja arreglándose el pelo al espejo.  -Qué tengo yo que andar contándole mis cosas a esta mujer cara de nada que me mira por encima de esos lentes viejos y gastados, por Dios, en qué estaba pensando cuando acepté venir, pedir turno, organizar los horarios de trabajo y, lo que es peor, decirle a mis amigos que estaba en tratamiento para curarme mis manías.  En especial la de enterrar sobras de comida en el patio, los días lunes.

Abrió la puerta.  La terapeuta estaba desnuda en el diván, sin los anteojos, el pelo suelto y la mirada clavada en él señalándolo con el dedo como diciendo "vení querido, vení conmigo..."  Ni en sus mejores sueños se había atrevido a pensar en una situación así.  Aquella mujer no era su tipo.  Evidentemente necesitaba hacerse ver ella también, necesitaba algo más fuerte como una terapia de choque, medicamentos, tal vez el encierro. Pero Sergio obedeció.  Se sentó a su lado.  Y comenzó a hablarle.

-Mire doctora, no lo tome a mal pero debo irme, ya son las seis -dijo.

-Pero no tontito, ¿no ves que cancelé todos los turnos para más tarde?  -contestó ella- tenemos toda la tarde para nosotros solitos.

-Es que sabe qué pasa, esto me recuerda un sueño que tuve anoche, y me da un poquito de angustia doctora.

-A ver bonito, contame, ¿qué pasaba en el sueño? -preguntó la licenciada poniendo su mano lentamente sobre la pierna del muchacho.

-Mire, la cosa es que yo soñé que estaba con usted en una casa muy parecida a esta, y de pronto usted me echaba a la calle.  Llovía.  Yo buscaba mi auto que había estacionado junto al cartel de la esquina, y me encontraba con algo que debía ser el piso del auto, nada más.  Es decir me lo habían desmantelado doctora, ¿se da cuenta?  Me lo habían robado de la peor manera, dejándome algo perfectamente inútil y demostrando que habían trabajado lo suyo para hacerlo, que se habían tomado su tiempo para dejarme así, a pié, sin mi auto, pero con el suficiente cinismo y crueldad de dejarme algo que dijera «andá ahora en esto boludo», es raro doctora, es increíble que yo esté acá, sabiendo que puedo salir y encontrarme el auto desarmado o en una situación completamente distinta a como yo lo dejé.  ¿Se da cuenta?  Sería horrible doctora.

-Pero no, mi chiquito, mirá por la ventana si querés, mirá por ahí,  a ver  si está todo en orden y vení metete aquí conmigo que tenemos mucho de qué conversar -dijo guiñándole el ojo y metiéndose el dedo en la boca en actitud desafiante.

Sergio se acercó a la ventana y miró en dirección al auto y vio que allí estaba, lo más campante, esperándolo.  Volvió la vista hacia la mujer que seguía allí sensual, atrevida, desnuda.  A tiro de una foto artística.  Especialmente atractiva ya que se ofrecía generosa a entregarle una tarde toda para él solito.  La luz de la habitación a esta hora de la tarde creaba una atmósfera cálida y crepuscular, lo estremecía pensar si debía o no saltar a la cama y «atender» él a su terapeuta por primera vez.    A pesar de sus años, la mujer guardaba una figura más que atractiva.  Cualquiera diría que era deportista, eso se notaba claramente en su delgada figura, en su cuerpo trabajado en el gimnasio y en los accesorios que guardaba en el mueblecito del baño, ahí donde había estado metiendo mano hacía un ratito nomás.   Él pensaba en la foto.  Se la imaginaba en distintas poses, todas sexys pero delicadas y cuidadas, como les gusta decir a los fotógrafos.  Este sería también un desnudo artístico, una fotografía que retratara la belleza del cuerpo desnudo y no un momento obsceno o pornográfico.

Evitó decirle a la terapeuta que en el sueño, al encontrar su auto desvalijado, él había vuelto para quedarse con la terapeuta y aquella paciente que acababa de entrar, para desobedecer los horarios y completar el trío.

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