lunes, 31 de mayo de 2010

SIN TITULO (III)


III


El orden aleatorio de los temas que estaba escuchando no funcionaba. Quería escuchar una canción y no llegaba nunca. Empezó a embroncarse. Estos reproductores del orto, decía, pensaba. Voy a instalar algo que funcione la próxima vez. Y todo debe tener que ver con lo mismo, seguro me están digitando qué escuchar, qué está bueno y qué no. Hijos de puta.

Nicolás seguía buscando información en internet para proteger su equipo y le empezaba a preocupar que los resultados de su búsqueda también estuvieran digitados. ¿Por qué no? Debería ir a trabajar a un cyber y jamás utilizar su usuario regular porque estaba seguro que esto también estaba controlado. Lo que aparecía en su navegador era inconsistente. ¿Para qué bajar un antivirus si su equipo ya no respondía con la integridad que era necesaria? Además estas búsquedas tal vez ya habían alertado a sus enemigos y estarían buscando la manera de escabullirse de sus teclas, de sus búsquedas. Nicolás pensaba en sus padres, en sus abuelos. Ellos jamás habrían tenido estos problemas en el mundo real. ¿Qué espía podría estar acechando a sus padres cuando vivían la vida más tranquila y sin contacto con estos robots absurdos que son las máquinas que usamos hoy? Ellos leían diarios de papel, miraban las noticias y las novelas de la TV, tan solo eso. Acaso alguna vecina indiscreta que miraba por la ventana algún día de peleas, o cuando vinieron a embargar por aquella deuda insólita que les produjo ser garantes de un tío que finalmente terminó muerto en un callejón. Y por supuesto le fue mucho mejor que a ellos que se quedaron acá, maldiciendo la situación del país y la región. Sus hermanos ya estaban contagiados como él de todo el cyber conocimiento. Vivían fuera de la ciudad pero estaban en contacto por internet. ¿Serían ellos?

"La calle está dura" escuchaba en la radio. -Y sí -pensaba- ni hablar de mi departamento, mi computadora, mis archivos y mis amigos virtuales. ¿Acaso tendría que acostumbrarse a hablar solamente por computadora con amigos virtuales y no reales, que además eran capaces de adueñarse de sus cosas, de sus objetos más preciados... Qué radio de mierda. ¡Qué va a estar dura la calle!

Apareció en el chat aquel amigo suyo que estaba costándole tanto sufrimiento. Un temblor se apoderó de su mano, de su cuerpo entero. Tendría que hablar, tendría que conversar con él y no sabía de qué, no sabía como decirle lo que estaba pasando.

-Tengo que hablar con vos Ricardo, pero personalmente -escribió.

-Hola Nicolás, pasó algo?

-No, pero estoy muy preocupado por el chat de hace unos días, te acordás?

-La verdad ni idea, ¿de qué hablás?

-Dale, juntémonos en un bar, ¿te parece?

-Como quieras pero ¿no me adelantás algo? -preguntó Ricardo, buscando entrar en confianza.