miércoles, 26 de mayo de 2010

SIN TÍTULO


I


Nicolás estaba incómodo en su silla, no era precisamente algo ergonómico para trabajar, él lo sabía pero en la ansiedad de escribir lo dejaba pasar, se estaba acostumbrando. Su amigo de la infancia estaba conectado en ese momento y quería conversar con él sobre un asunto que lo tenía bastante preocupado y tenía que contarselo urgente.

Empezó a decirle que se fijara en esto y aquello dando vueltas al asunto sin saber muy bien cómo abordar el tema. Pero -se dijo- vamos al grano porque si no voy a pasarme otra noche en vela.

-Ricardo, entendeme, no es que desconfíe de vos -dijo temeroso de ofenderlo- pero ayer pasó que considero muy grave.

-No entiendo -escribió Ricardo.

-Es fácil -argumentó Nicolás- yo estaba buscando información sobre el software de videos, y vos en el chat me empezas a hablar de este tema como si nada, como si hablaras de cualquier asunto. Digo, -continuó Nicolás, ya cada vez más nervioso- todos sabemos que las coincidencias no existen.

-¡Estás loco! ¿Cómo se te ocurre? ¿Somos amigos, no? -Se defendió Ricardo.

-Si, te repito, disculpame, pero es mucha casualidad, me asusté.

La conversación no iba a ninguna parte, era obvio que Nicolás seguiría con la misma preocupación, sin saber qué hacer. Buscó en internet un antivirus, quería instalar inmediatamente un firewall, algo que lo protegiera, no sabía para donde tomar. ¿De qué manera podrían estar fisgoneando su máquina? Solamente alguien que conociera su número de conexión podría ingresar directamente a ella, pero aún así, tendría que atacar los sistemas de seguridad que traen ya por defecto.

¿Habrían adivinado su clave de correo? ¿Estarían corriendo algún programa sin su aprobación, y sin él tener idea? ¿Tan vulnerables eran los sistemas?

Le corría un frío por la espalda, la sensación era de terror y espanto. ¿Qué hacer? ¿Cómo protegerse? La información en su máquina era confidencial, también era conciente del hecho que esa información no derrocaría ningún gobierno, claro, pero ¡era suya! Quería por todos los medios estar seguro de que nadie, pero NADIE lograría penetrar ese sistema que el consideraba íntimo y privado. Sus propios escritos, sus fotos, su información bancaria, ¿por qué alguien tendría intenciones de robarle esa información? ¿Y aquellas fotos que tomaron jugando con su amiga en la playa, simulando un videoclip del tema de los fabulosos, el de la prima?

Continuó la búsqueda. El buscador de internet ofrecía resultados vagos y muy específico para antivirus, troyanos, gusanos pero nada para lo que buscaba. En realidad lo que más le agobiaba era pensar que su propio amigo de siempre era quien tenía el control de su máquina, y no estaba contándoselo a él. La traición de su amigo... pero bueno, tampoco tenía pruebas. Solo su fantasía apoyada en el hecho de que su mejor amigo salió a hablar de un tema que él estaba en ese momento buscando en internet, y conversando con su otro contacto. ¿Pura coincidencia?

Nicolás tenía un título en marketing y algunos cursos de computación básicos y otros no tanto. Algo sabía del tema. Usaba el pelo corto, anteojos y tenía en general un aspecto geek que lo diferenciaba del resto de sus compañeros, más acostumbrados a usar trajes, corbatas y esas cosas. Él no. Prefería la ropa informal, y si había alguna remera con dibujos de computadoras mejor. Andaba en bicicleta. Llevaba una mochila, en la que su inseparable amiga la notebook, era infaltable. A veces, especialmente los días de lluvia, se manejaba en colectivo. Había uno o dos que se podían tomar para ir a la facu o al trabajo que quedaba en el centro. En la ciudad había WiFi, de modo que algunos viajes los hacía chateando o buscando información en internet. Sus páginas favoritas siempre versaban sobre publicidad, marcas, y videos musicales. Todo un joven moderno.

En su bolsillo siempre llevaba su celular con música bajada de internet, que escuchaba a toda hora siempre mientras escribía, o viajaba en colectivo desde o hacia la facultad. Su número de teléfono lo conocía todo el curso, era amigos de todos a todos facilitaba las cosas en cuanto el pudiera ayudar. Además, podría hackear cualquier sistema con pequeñas aplicaciones en java que él mismo desarrollaba.

Una vez, salió a caminar con amigos y les mostraba su habilidad:

-Mirá, ¿ves ese televisor ahí en la vidriera de enfrente? -decía fanfarrón.

-Sí, ¿que tiene? -preguntaban los amigos curiosos y fascinados.

-Fijate como cambia de canal -contestaba él, y presionaba botoncitos de su móvil y hacía zapping con el celu. Increíble. Lo respetaban por eso, y porque tenía levante también. Las chicas lo consideraban atractivo a pesar de ser un nerd -como le decían- a pesar que estaba varias horas encerrado estudiando materias de la facu o estudiando a su querida computadora. Todo el tiempo, dándole a las teclas y al mouse.

El incidente con su amigo lo había dejado perplejo. ¿Era producto de la casualidad, o había algo más? No salía de su asombro y se trataba de su mejor amigo. Si había traición en esto no se lo perdonaría. Se encontraba en una situación bastante difícil, "una situación de mierda" -decía.

Pensó borrar el historial de su navegador. Pensó cambiar todas las contraseñas. Pensó cambiar de proveedor de internet, hasta dijo mudarse a un departamente solo, donde solamente él tuviera acceso. ¿Y si habían descubierto una entrada de su casa y el plagio lo habían hecho desde su computadora? ¡Era lo peor! ¡Qué gente endemoniada!

Su suerte había cambiado. Ahora, cada vez que presionaba las teclas pensaba en sus padres, en sus hermanos. Dónde estarán, con quienes lo habían dejado a él, con quienes se estaba enfrentando. Eran monstruos. Eran seres terribles, oscuros, espantosos. Capaces de entromenterse en sus asuntos, en sus juegos, en su jardín.