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Mostrando las entradas de 2012

Juegos de invierno

Abrir el facebook, cerrar el facebook.  Hacerlo 20 veces en una hora para comprobar que no hay novedades interesantes, que la tarde pasó volando y que mirá la hora que  se ha hecho y el partido de fútbol  no se pudo organizar de ninguna manera, ni siquiera con las nuevas tecnologías.  ¿Acaso los amigos no tenían teléfonos y computadoras conectadas a internet?  Claro que sí.  Eran bastante hábiles con eso.  Todos sabían  que él estaba ansioso por jugar después de la lesión que lo tuvo fuera de las canchas por 8 meses.  Estaba aturdido y dolido por la actitud de ellos.  Qué mierda, era injusto.  Siempre había organizado lindos partidos, con premios, con bebidas frescas al terminar, con juntadas con chicas inclusive, hasta eso.  Ahora, resulta que él quiere armar un picadito y no le dan pelota. ¿Es que tanto atractivo tiene jugar fútbol en la casa, con la play  que ya no les importa juntarse y rasparse un poco pero de verdad,...

Solos

Viajábamos estupendamente, como locos, yendo de banquina a banquina, creyéndonos inmortales y no pensábamos en otra cosa que llegar a destino.  Hartos del sol abrasador de nuestra ciudad, necesitábamos descansar y pasear tanto como un salvavidas veraniego.  Envuelta en su bata, mi mujer me había advertido que este año sí o sí iríamos de viaje o la pasaríamos muy mal en casa, pensando con tristeza en lo que nos estábamos perdiendo. Ni bien llegamos, el conserje del hotel nos comunicó la bienvenida habitual reservada para los turistas que se atrevían a viajar más de 20 horas, y nos guió gentilmente hasta la habitación.  Eran las 8 de la noche, ya estábamos cerquita de la cena y además, teníamos hambre.  Un hambre brutal.  Nos sumergimos de inmediato en la ducha, nos amamos en silencio, y salimos frescos y limpios a completar el día con una comilona dedicada íntegramente a nuestra llegada, ahí donde horas atrás nos habían invitado a subir a las habitaciones ...

Chicle

-Tené cuidado hermano,  mucho cuidado -dijo Esteban mientras acomodaba el cuello del buzo del muchacho que estaba a punto de subir al colectivo.  Este llevaba las herramientas para su trabajo de albañil en una caja de metal en la que tenía todo lo necesario para terminar lo que había comenzado hacía ya 3 meses. Su hermano lo cuidaba siempre, y le hacía recomendaciones como de madre. Es que se llevaban varios años y el mayor siempre había hecho las veces de padre y madre a la vez y él lo dejaba hacer,  acostumbrado al buen trato y a su cariño. Arriba del colectivo recibió varias llamadas entre ellas, la de su propio hermano, apenas habían transcurrido 30 minutos y ya estaba preguntándole como estaba, si iba todo bien. -Si, está todo bien, quedate tranquilo -dijo él, acalorado pensando qué pesado mi hermano, que me llama todo el tiempo.  Ya es bastante con que me pague el pasaje, y me vaya a buscar a la vuelta a la terminal. ¿Acaso también él estaría detrás de este...

La máquina gana

"Luces calientes atraviesan mi mente,  te veo a vos." Sumo -Tengo un par de deudas o mejor dicho, un par de miles de deudas.  A cada santo una vela como reza el dicho popular.  Sin embargo estoy convencido que antes que el año termine, saldaré la mitad al menos.  -Rufino se consolaba pensando lo bien que iba el trabajo.  Era la época del año en que las cosas suelen empezar a cambiar de rumbo, la temporada alta que le dicen.  Los clientes empiezan a agolparse en la entrada del negocio, y la cara del dueño cambia totalmente.  Se convierte en un sujeto agradable, sonriente y generoso  que lo tiene a uno en bandeja de plata.  Te da todos los gustos, incluso antes que te atrevas a pedirlos.  Es adivino.  O brujo.  Se me ocurre ésta metáfora: cuando el viento sopla de cola y las olas están bajas, la nave avanza a toda marcha y el jefe es bueno, solidario y buen compañero.  Pero cuando el viento arrec...

while en Emacs Lisp

Una plantilla para el comando  while  en Emacs Lisp sería la siguiente: (while true-or-false-test body...) Este bucle se va a ejecutar siempre que el test nos de 'verdadero'. Evaluar una lista vacía, nos da 'nil'.  Entonces puede ser útil para salir del bucle, simplemente evaluar una lista.  Si la lista está vacía, salimos del bucle.  Si no, continuamos con la ejecución del mismo que puede ser, por ejemplo, quitar un elemento de la misma, y así sucesivamente hasta encontrarnos con la lista vacía. Otra posibilidad naturalmente es utilizar un contador.  Este contador a medida que va ejecutándose el bucle, va decreciendo hasta llegar a un valor que ocasionará que el test de falso y así salir del bucle. El test puede ser una expresión del tipo (< contador numero-deseado) que va a devolver t de verdadero si el valor de contador es menor que el del número deseado. inicializar contador (while (< contador numero-deseado) ...

Un robo programado

Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero que habían instalado detrás de la puerta.  Se sentó un momento en la silla del living y apoyó el codo en la mesa, pensativo, observando la calle a través de la ventana.  ¡Qué hice!  Se preguntaba.  ¡Qué hice! Un fuerte golpe.  Más de cien mil pesos robados a gente que seguramente no los necesita.  El sentimiento de culpa estaba presente, para recordarle que otras veces había actuado igual, desobedeciendo las costumbres familiares, los mandatos sociales y la seguridad impuesta por su conducta intachable.  Tenía ese socio bastante hábil para atar personas en situación de robo, bastante hábil para planear hechos delictivos, y llevarlo a él por el camino del delito, convirtiéndolo en el malo de la película, en el personaje que nunca en su vida había sido un héroe para el.  De chico veía las películas del lejano oeste y se encariñaba con los buenos, jamás con los malos.  Había leído que ciertas person...

Crudo

"¡Ah bueno! Con los amigos no.  Con los amigos no te metas maldito estafador." Matías comía su manzana recordando las palabras de aquel conocido suyo que le traía a la memoria a su padre cuando se ponía a darle consejos absurdos y supuestamente bien intencionados.  El quería marcharse de aquel lujoso estadio de fútbol y comenzar una nueva vida alejado de los rumores de infidelidades y acoso sexual en que se había visto envuelto la última temporada. Temblaba.  Sentía frío, y claro, las ventanas estaban abiertas y el maldito aire polar se colaba asechándolo y entumeciendo sus manos que pedían a gritos unos guantes para pasar el invierno.  Su mirada vagaba insegura en torno a las fotografías que había colgado en las paredes del estadio.  Viejas glorias del fútbol local, en curiosas imágenes blanco y negro donde habitualmente aparecían viejos vecinos de la zona formando el equipo  antes de salir a la cancha, o también las de algunos osados y atrevidos esposos...

Sereno y tranquilo

En otro dormitorio contiguo al suyo, Martín tenía escondida la treinta y dos con la que terminó para siempre con los problemas de su vida.  Así lo sentía él, acurrucado en su sillón, terminando un vaso de vino con aquellos maníes salteños que conseguían en un almacén único del barrio.  ¿De dónde los sacaban?  ¡Eran sencillamente espectaculares!  Sin embargo, se sentía sólo.  Estaba solo.  Él y su secreto, bien guardados. Al momento de esconder el arma no había considerado siquiera las medidas de seguridad aprendidas en la escuela de tiro.  Estaba bien donde estaba, encima del placard de la habitación, bien a mano por si se presentaba la ocasión de usarla en su defensa o en defensa de su familia.  Siempre con una bala en la recámara y con el seguro colocado, pero fuera de su estuche.  Al alcance.  Estaba contento.  Por fin su problema había concluido y todo gracias a esa pistola calibre 32 que había utilizado con tanta precisi...

La terapeuta

Eran las seis menos cuarto.  Sergio guardó lo que tenía en su mano, subió el cierre y apretó el botón, mientras miraba sin ver por la pequeña ventana que daba al patio del consultorio de la terapeuta que lo estaba tratando. -Faltan 15 minutos y me rajo por fin de aquí -dijo en voz baja arreglándose el pelo al espejo.  -Qué tengo yo que andar contándole mis cosas a esta mujer cara de nada que me mira por encima de esos lentes viejos y gastados, por Dios, en qué estaba pensando cuando acepté venir, pedir turno, organizar los horarios de trabajo y, lo que es peor, decirle a mis amigos que estaba en tratamiento para curarme mis manías.  En especial la de enterrar sobras de comida en el patio, los días lunes. Abrió la puerta.  La terapeuta estaba desnuda en el diván, sin los anteojos, el pelo suelto y la mirada clavada en él señalándolo con el dedo como diciendo "vení querido, vení conmigo..."  Ni en sus mejores sueños se había atrevido a pensar en una situación a...

Una bonita historia

De pie frente al empleado del banco, contaba el dinero, cuando escuchó los disparos al aire (una locura) y los gritos de la gente y las amenazas del ladrón.  De inmediato buscó alrededor una mirada que le dijera qué hacer en una situación como esa.   Tirarse al piso, con dinero nuevo, su dinero, sus ahorros y un maldito chorro al acecho.  Qué mala suerte.  Ahora tendría que entregarle todo y pensar en la fortuna de seguir con vida, si es que aquel delincuente tenía la bondad de dejarlo ir.  ¿Y si estaba drogado o borracho y enloquecía de pronto, y empezaba a los tiros contra él y los que estaban ahí en la fila?  Sería estúpido morir así, de ninguna manera lo permitiría.  En especial por su familia que lo estaba esperando.  Sano y salvo y con dinero.  Ojo.  Mucho cuidado con volver con las manos vacías.  Mucho cuidado con volver a casa con las manos lastimadas.  Tendría que hacer algo con aquel tipo.   No sabía qué, pero de...

En las nubes

¡Cómo quisiera usar mi computadora en este momento! -dijo el muchacho agazapado entre los barrotes fríos de la prisión, mirando hacia el patio de la celda.  Se sintió penosamente aturdido por el griterío confuso de otros internos.  Alguien había recibido un puntazo en el abdomen, estaba seguro. Era un guardiacárcel, que pasó corriendo frente a su celda, rengueando y dejando a su paso un reguero de sangre.  Pensó en lo divertido que se estaba poniendo aquello.  Era la segunda semana de condena cumplida y ya había movimientos inquietantes dentro del penal.  Lo inquietante era que el guardia no llevaba la pistola reglamentaria.  Probablemente se la habían quitado en la pelea, o posiblemente no ingresaba a ese sector con su arma por seguridad.  Pero él sabía que todo podía pasar de un momento a otro.  Le habían advertido que esa cárcel era de máxima seguridad, que los nenes que estaban ahí encerrados podían hacer cualquier cosa.  Ya sea co...

Quería vivir ahí

La mente tiene esas extrañas ideas que te complican la vida unas veces y otras que tal vez te sacan de apuros.  El caso es que mi amigo Verardi un día decidió quitarse la vida subiéndose a un edificio lindero al hospital psiquiátrico del barrio, para desde allí tirarse al suelo, eran unos cuatro o cinco pisos más o menos.  Digamos que las posibilidades de matarse eran cincuenta y cincuenta, quiero decir, uno ve la altura y dice sí, desde acá te matás pero en realidad no lo es tanto.  Hay posibilidades de quedar vivo y mal herido... y eso sería fatal. Verardi quería hacerlo bien, pero el ahorcamiento le parecía espantoso, no había forma que se confundiera con un accidente.  Y armas no tenía, le producían un escalofrío de solo verlas.  En cambio la caída era diferente, uno puede hacer pensar que tropezó y se cayó.  De modo que no estaba en sus planes dejar carta alguna, simplemente quería suicidarse de manera segura incluso al punto de confundir a la policí...

La izquierda

Eduardo trabaja en la pensión de Elsa.  Corre las cortinas en la mañana, deja entrar la luz y barre el piso de las habitaciones, ordena los cuartos que tiene a cargo, que son cuatro, y saca a pasear el perro, un gran-danés del tamaño de una locomotora que tiene el andar lento y la orina fuerte por los golpes y la vejez. Eduardo tiene una mueca de dolor permanente a causa de su muñeca izquierda, mal curada después de la operación a la que fue sometido a raíz de un accidente, por eso le duele terriblemente algo tan sencillo como pasear al perro y no tiene más remedio que hacerlo, si no lo castigan.  En la pensión tienen reglas estrictas para la gente que se hospeda y reglas crueles para los que trabajan ahí.  Reglas crueles que no termina de entender.  Reglas siniestras y absurdas que terminan por destruir a la persona, convirtiéndola en un ser vil y deprimido que pasa el día rumiando su venganza y destrucción de todo cuanto lo rodea.  Y el ha terminado creyénd...

Un árbol frondoso

Aquella mañana, trepado a su árbol preferido, mi amigo Julián cantaba con voz de hincha de fútbol todas las canciones que había aprendido en la cancha cuando lo llevaba su abuelo.  Y las sabía todas, no le hacía falta anotarlas en absoluto, las conocía de primera mano, de la popular, ahí donde lo llevaba el viejo, que había sido jugador de fútbol del club de barrio y ahora ya no estaba para verlo festejar. Había crecido, ya no era el mismo ni era un niño.  Pero seguía subido al árbol, recordando viejos tiempos, aquellos años de infancia con su grito ahogado de emoción y lágrimas por su abuelo, por el fútbol, por el árbol de la infancia que ya no estaba frente a su casa, sino frente a la casa que sus padres vendieron muchos años atrás. Todo el vecindario conocía la afición de Julián y su abuelo.  Era buen jugador.  Jugaba en el medio de la cancha, controlando todo, dando órdenes y armando el equipo.  Cuando hacían un gol, su festejo era tranquilo, normalmente...

Certeza de funeral

Alfio era un buen muchacho.  Aquella mañana corrió a buscar el diario debajo de la puerta urgido por un presagio amargo y terrible.  Encontró su aviso en los clasificados y revisó cada detalle buscando el mínimo error de tipografía o de imprenta.  Es que no tenía mucho tiempo, si no vendía aquel bote de inmediato su vida correría peligro. Otro tipo de errores, más propios de un mal vendedor que de los empleados de la imprenta donde armaban el periódico, fue lo que llamó su atención.  Si hubiera puesto esto otro en lugar de aquello, se decía, habría quedado mejor.  Tal vez el destacado ese que me ofrecieron  habría sido una buena idea, que para eso son destacados y así está medio perdido entre los demás avisos, una lástima. Miró a través de la ventana, pudo ver al vecino con su hijito en brazos que se había quedado dormido y era un haragán de cuidado, pesaba como una roca cuando se dormía, Alfio lo sabía perfectamente.  Pero qué hacía el vecino a es...

Dial-up

"Un poco de filosofía, doctor,  mejora la circulación."  S. King, Cementerio de Animales. Encontró abierta la notebook y empezó a escribir rápidamente el correo electrónico que pensaba enviar a todos sus cotactos con la esperanza de que al saber lo que estaba ocurriendo, le darían una mano lo más rápido posible.  Sin embargo la conexión a internet era lenta e inestable.  Su mensaje iba a demorar más de la cuenta y los responsables de su desesperante situación andaban con poco tiempo.  Eso le habían dicho mientras cargaban los muebles de la cocina y del comedor, y ya avanzaban con los de las habitaciones. "Son gente de temer Colorado" -le habían aconsejado pero él, apremiado por las necesidades había confiado en ellos, les había pedido prestado dinero para pagar algunas deudas y empezar a construir su casa.  Ahora los tenía ahí dentro, envueltos en sus trajes de color negro y sus anteojos de sol de pésima calidad pero que iban muy bien para su...

Puticlub

Corrió a esconder la ropa de su amigo en un lugar seguro.  Afuera reían y le contaban a todos la gracia.  Lo habían dejado desnudo en las duchas.  Era verano, y después del voley  un grupito de  jugadores fue a refrescarse en la pileta, mientras los otros decidieron pasar por el vestuario a quitarse la arena y el sudor. La genial idea se le había ocurrido de pronto, cuando lo vio dejar el pantalón fuera del locker cerca de la ducha en un banco.  Exactamente ahí se le prendió la lamparita.... justo debajo del modesto foco que alumbra los baños del club,  con las paredes descascaradas y la humedad en todos los rincones. Mientras afuera reían y pensaban en las puteadas del acalorado bañista, en el interior de las duchas se libraba una batalla singular.  Nuestro amigo se había resbalado y se había roto el cuello con el borde del piso, aquel que hicieron para contener el agua, que no escape hacia los baños.  Había quedado con la cabeza en un r...