Rufino atendió el teléfono. Era su madre que le preguntaba dónde estaba. -Me fui de casa, mamá -contestó él. -Pero, ¿cómo que te fuiste, se puede saber dónde? -No mamá, voy a estar bien, pero me fui y no pienso volver por ahora, lo siento. -No puede ser, ¿qué pasó? -preguntó ella angustiada. -si acá lo tenés todo, hijo. -No mamá, allá estaba lejos de todo lo que me gusta, no soportaba un día más, vos no te das cuenta de nada, como siempre -dijo Rufino con lágrimas en los ojos. -Voy a hablar con tu padre, esto no puede estar pasando, no en esta época del año. ¡Qué te pensás vos, que nos vas a abandonar así como así. -No me busqués, no pienso volver. Quiero ir a la capital, no soporto un día más en casa, con ustedes, muriéndome de soledad, sin ver lo que me gusta con mis propios ojos, ahí donde pasan las cosas. -¡Ya vas a ver! -gritó ella, desconsolada, reclamando a su hijo todas las desdichas juntas. Rufino cerró su celular y lo apagó. quería huir, escapar de aquella realidad domés...