Entradas

Mostrando las entradas de 2010

De madrugada

Imagen
García Be

Rufino lanzado (XV)

Llegó caminando al estudio del abogado.  Miró la placa en la puerta, tocó timbre y pasó. El lugar tenía el perfume que a Rufino le gustaba, una suave brisa marina parecía recorrer la sala, sin conocer el mar el creía reconocerlo ahí.  Se sentó a esperar y de inmediato tomó una revista y se puso a ojearla nerviosamente.  Había otras personas esperando. Una chica rubia a su izquierda, de muy buen gusto vestida, que seguramente olía muy bien también.  Pero es así -pensó Rufino- acá te encontrás de todo, si no mírame a mi, que me cita la policía por un simple caso de robo. Por que estará ella aquí, cual será el caso policial que la trajo y ahora es objeto de las miradas y el pensamiento de Rufino quien dejó de estar interesado hace rato en esa revista.  Ella rompe el silencio inesperadamente con una bofetada en el alma de Rufino: viene a denunciar a su marido por abandono.  La dejó tirada en la calle, en medio de la noche, según dice porque no se animó a irse d...

Rufino lanzado (XIV)

Rufino corría mientras se desplomaba una manga de piedras al mejor estilo cacería humana, lanzada contra todos en esta ciudad ahora gris de nubes y malhumor.  En esto estaba cuando alguien salía de un negocio de la cuadra y tropezó con él y los dos cayeron al suelo, al agua, a las piedras amontonadas.   Resbalaron por el colchón de granizo que ya se había juntado en la vereda, y los dos se miraron a la cara confundidos, aturdidos y llenos de bronca. Pero qué haces boludo -quiso decir Rufino- pero se guardó la puteada pensando que tal vez él también tenía la culpa del incidente.  El otro flaco se levantó rápidamente y siguió corriendo, detrás de el, el dueño del kiosco salió con el inalambrico en la mano, llamando a la policía: le acababan de robar.  Ese idiota que tropezó en la puerta del negocio, se llevaba la recaudación del día.  Bien hecho por hijo de puta.  Que se parta la cabeza en la esquina también, gritaba mientras le contestaban del otro lado...

Rufino lanzado (XIII)

Rufino se sentía solo y triste por primera vez desde que llegara a la ciudad. Era mediatarde del domingo y su semblante estaba pálido por esto de la primavera. Su tristeza era toda suya, había estado durmiendo ese día en su cuarto, solo, recordando su llegada a la ciudad buscando conocer y estudiar eso que llamaban computadoras e internet. Al final, se había ido por las ramas, distraido por tantas cosas nuevas que encontraba a su paso y sobre todo sus amistades nuevas: doña Rosa de la pensión y su vecina del otro cuarto, la que había rechazado su revista de historietas por aburrida -decía- y fea. Rufino quería conversar con ella, y preguntarle tal vez si tenía computadora y le enseñaba los primeros pasos. Caminó hasta la habitación y golpeó la puerta. Silencio. -Pasá -escuchó que le decían muy bajito. Rufino tímidamente se animó a entrar. Se preguntaba qué estaba haciendo si estaba loco o qué. Pero avanzó en una habitación semioscura, con un velador mínimo orientado a la pa...

Rufino lanzado (XII)

Salió de su cuarto con una revista en la mano. Quería prestársela a ella que estaba con insomnio y fumando en la escalera. Todo el tiempo que había perdido buscando alguien así ahora veía claramente que era su oportunidad de ofrecerse como amigo, de arrimarse como compañero de vida, de proyectar algo junto a ella. Era una revista de historietas que Rufino había comprado ahora que vivía en la ciudad; historietas duras, con gráficos inquietantes y de muy buena calidad. Se había sorprendido, jamás antes había visto algo así. Quería ofrecerle la revista a ver si le ayudaba a conseguir el sueño. -Leete esto -le dijo. -Ay gracias Rufino, no te hubieras molestado -le contestó y tomó la revista con interés. -Fijate la de indios, está rebuena -dijo él. -Gracias otra vez, besito. -dijo dulcemente y se fue a su habitación dejando ese perfume que enloquecía a Rufino, que la miraba de atrás suplicando que lo invitara a seguirla. Se quedó ahí un rato. Impávido, sordo, enmudecido por aquellas m...

Lucha

Llegué a la cocina en el momento justo para ver cómo entraba una araña tarántula enorme como buscando refugio. Quise aplastarla de un pisotón pero se escabullía con una rapidez inusitada. En eso llegó Ella que había escuchado mi voz, y empezamos a seguirla juntos pero era imposible. Se metió debajo de la cocina. Cuando salió, se subió por su pierna pero quien gritaba era yo. Quiso agarrarla ella misma con la mano -imaginate yo, espantado-, y la agarró finalmente muy tranquila. La revoleó hacia afuera. Ahí le arrojé lo primero que encontré, una manguera enrrollada con toda la furia ¡y le pegué! Tiré hacia mi para ver si era cierto y venía toda sucia, ensangrentada, seguramente la había matado. Yo era el cantante principal en las fiestas familiares. García Be

Rufino lanzado (XI)

De aquella muerte poco se supo en la pensión, solo quedó el recuerdo de doña Rosa enfurecida con los brujos (así llamaba ella a los que escribían barbaridades en el diario) y uno que otro portazo. Rufino lo recordaba aquel sábado contándolo con el mayor lujo de detalles del que era capaz a todo nuevo pensionado. Su explicación rozaba lo inverosímil. Que doña Rosa tenía indicios -según él- de dónde había sido la muerte pero acá se busca tapar todo, decía. La negación de aquel caso publicado hasta en los diarios había llamado la atención de Rufino que empezaba a darse cuenta cómo se manejaban en la ciudad, con qué rapidez se tapaban algunos hechos y de qué manera se miraba para otro lado cuando el tema aparecía en las conversaciones. A nadie le gustaba quedar como un desubicado comentando semejantes cosas. Mejor callarse. Era doña Rosa, sin embargo, la que aquella mañana estaba hablando sobre la muerte misteriosa ocurrida en su propio barrio. -Para mí que fueron los Benavidez -di...

Animación con Software Libre

Vean qué interesante esta película hecha íntegramente con herramientas de Software Libre Dice Tec Ob: " Lo repetiré para los incrédulos : Todo, absolutamente todo en esta pequeña película de fantasía animada se ha realizado con software libre como Blender, GIMP, Inkscape y similares, programación de scripts en Python y todo ello bajo Linux, por supuesto." Via Tecnología Obsoleta

Rufino lanzado (X)

La dueña de la pensión era doña Rosa, una mujer de unos sesenta años bien predispuesta a las tareas de la casa y a mantener el orden en todo su rebaño, en sus alrededores tenía que circular aire fresco o se volvía loca. Empezaba a abrir ventanas bien temprano en la mañana y a regar a diestra y siniestra multiplicando la humedad del verano llegado el mediodía. Sus flores eran su pasatiempo favorito, las regaba constantemente mientras fumaba unos largos cigarrillos rubios que le traían importados. Lo veía con frecuencia a Rufino y no entendía qué hacía un muchacho del campo en esta ciudad; él venía del campo, lo sabían todos. Y muchas veces se preguntaban por qué se le habría ocurrido venir a la ciudad, en busca de qué estaba él aquí. Si no sabía moverse independiente, todo le costaba el doble que sus compañeros de pensión a quienes molestaba con preguntas y toda clase de demoras. Ella lo ayudaba en cuanto podía, a cambio le pedía favores sencillos como pagar una que otra factura d...

Rufino lanzado (XIX)

Regresó a casa, y se fue a duchar. En el baño cantaba alguna canción aprendida ahora que vivía cerca de todo. La radio en la pensión estaba todo el tiempo encendida, todo el tiempo en alto volumen, nadie quería bajarle ni cambiar de estación. Siempre se escuchaba bien y era del gusto de todos. Cantaba mientras abría la ducha, y empezaba a desvestirse. El agua caliente era algo que había empezado a disfrutar por la facilidad con que disponía de ella. En su casa del campo había que luchar para bañarse en invierno con agua fría, o apenas tibia con algunas brasas bajo el lavador y después tirarla lentamente sobre la cabeza y comprobar que no era suficiente, que seguía muy fría, y que mientras más se demoraba más frío pasaba. Ahora en cambio, a bañarse lento, a disfrutar y a cantar. Esa era su tarea. Llevaba encima un reloj. Miró la hora y se sumergió en la bañera llena de agua, con una sola meditación dándole vueltas en la cabeza. ¿Cómo hacían para calentar el agua así, y...

Posicionamiento en Buscadores

Esta semana estuve trabajando en Facebook y Twitter, taladrando a mis contactos muchas de las veces, con la novedad que estoy trabajando en SEO para algunas empresas. Esta actividad que ha surgido con el boom de internet este último tiempo, tiene en las redes sociales un gran aliado. El botón "Me gusta" difunde la noticia entre toda nuestra red de amigos y los comentarios de los lectores añade riqueza al contenido. Las páginas de internet institucionales tienen muy pocas visitas, los empresarios lo saben. Difícilmente uno recuerda las sugerencias de "visitá nuestra página" que vemos en televisión o en otros medios ya sean gráficos o radiales. Las redes sociales se están creando ahora mismo. Somos los usuarios de internet quienes creamos contenido, producimos la noticia, mostramos fotografías, videos y texto de una manera singular y desmesurada. El enlace llega ahora en nuestro timeline de Facebook o Twitter y si nos interesa estamos a un click de visitar la...

Rufino lanzado (VIII)

Subió las escaleras dando saltitos y naturalmente llegó cansado.  Golpeó la puerta y pasó.  Entró con suavidad, caminando despacio como mirando fantasmas por todos lados.  Esos fantasmas que salen a veces en medio de la nada cuando uno menos lo espera.  Ahi estaban sus seres admirados.  Las fotos en la pared recordaban otros años, otras galerías.  Él, los conocía a todos.  Había escuchado allá en el campo, hablar de todos ellos y les tenía un especial afecto.  Como se conocen y se aprecian aquellos seres que idealizamos y nunca tenemos al lado nuestro gritándonos porque tiramos una taza de café o nos olvidamos el diario en la vereda todo desarmado. Se sentó a esperar.  Era natural que eso ocurra en una oficina tan concurrida como esta.  Él ya lo sabía, estaba acostumbrándose al trato indiferente y lejano de la gran ciudad.  Había en el escritorio una computadora, que le daba la espalda.  Quería acercarse conversar con ella, tocarla, aprender de ella, pero la secretaria lo miraba fíja...

Alejandra

Imagen
García Be.

Rufino lanzado (VII)

La dueña de la pensión ve a Rufino fumando sentado en la mesa de desayunar y lo llama a su oficina, oscura y sucia. -Vení chiquito -le dice, mirando por debajo de sus anteojos. -Si doña ahí voy -responde él, levantándose rápidamente. -Me vas a pagar esta factura, ahí donde el kiosco de la vuelta ¿estamos? -ordena -Sí, voy ahora mismo. -Mejor, así no te olvidás cabezota. -le dice mientras le pasa el dinero y la factura. -Chau. Rufino sale a la calle, se encuentra un billete tirado en la vereda y sale feliz a cumplir el mandado. Lleva un dinero que no es suyo, una factura a pagar y algo para gastar. Entra en el kiosco, y mira la cola de gente pagando sus cuentas. Se ubica último como debe ser y observa al que está adelante. Es un trasero interesante. Mira de reojo si lo están observando y sigue en su tarea. Es una rubia de pantalones ajustados, que de repente se da vuelta y lo observa a los ojos. Tal vez se sentía incómoda con su presencia ahí tan atrás, tan cerca. Rufino espera. ...

Rufino lanzado (VI)

Estaba conversando sentado en la vereda, miraba los autos y se reía. Su vecino le daba charla de computación a él le fascinaba. -¡Dijo que podía estar conectado con alguien de otro país! -Se reía, y contaba los autos. El vecino tenía un kiosco y ahí empezó a comprar cigarrillos y le daban fiado cuando faltaba la moneda. El dueño era un chico de unos treinta años con una carrera de martillero público terminada y ejercía de eso, de comerciante. Algo increíble, algo impensado para quien estudia una carrera. Rufino miraba encantado el monitor del kiosquero. Cuándo me dejará usarla aunque sea un rato -pensaba- y no se atrevía a decirlo siquiera en voz baja. Se reía de los íconos, los carteles, las banderas, y también de las mujeres que el otro le mostraba. Según él, mujeres inofensivas que invitaban, sugerían y también cobraban por cierto. Se reía. -Convidame uno -dijo Rufino, señalando un paquete de cigarrillos. -Sí, servite, ahí tenés el encendedor -respondió Juan. -Gracias. ¿Y c...

Rufino lanzado (V)

Rufino llega a la pensión y encuentra todo revuelto. La dueña discute con otro inquilino que hace días que no paga su mensualidad y esto le complica el mes, que se atrasa en el gas, en la luz y en todos los servicios que presta en su cuchitril. Rufino pasa por un costado, esquiva la situación y se siente observado, sabe que a él le va a tocar un día como no haga algo pronto para conseguir trabajo. El dinero ahorrado no le va durar toda la vida, lo sabe, es más, tiene que apurarse o de lo contrario en dos meses estará pasando esta situación. Dos meses se pasan volando, piensa, y sube las escaleras. En el último peldaño Jorgelina prepara un parcial de Estadísticas. Él no entiende pero le da charla igual. -Hola, cómo va eso? -pregunta sonriente. -Bien, aquí estamos con frio, esta vieja ya nos cortó el gas -responde ella visiblemente enojada. -A ver, esperá. -Rufino va a su habitación, toma la frazada y se la trae. Dulcemente abriga la espalda de Jorgelina y se sienta a su lado. -¡G...

Rufino lanzado (IV)

Ahi va, recién llegado a la capital se oculta detrás de una vidriera, todas las luces le resultan abrumadoramente fuertes, tiene que esconderse detrás de su mano, pensando que va a quedar ciego. Rufino tiene tiempo para caminar, recorrer el centro, mirar los carteles, preguntar dónde queda, y seguir su camino hacia la nada en redondo, hacia la pensión otra vez. Ya lleva una semana de su nueva vida. Por suerte de sus padres ni noticias, tal vez hayan hecho una denuncia y lo estén buscando con la policía, tal vez se acostumbraron a su ausencia más rápido de lo previsto, tal vez su madre ni le dijo a papá y este después de un tiempo al fin preguntará dónde está Rufino. Exagera un poco, lo sabe, su padre no es tan distraído, y le ha hecho demostraciones de cariño, muchas, como cuando le dejó manejar el tractor con sólo 14 años. Pero él prefería la yegua. Arar con la yegua era todo un desafío. Terminabas con los brazos y las piernas rotos por el cansansio. Era una actividad extrema, ...

Rufino lanzado (III)

Rufino atendió el teléfono. Era su madre que le preguntaba dónde estaba. -Me fui de casa, mamá -contestó él. -Pero, ¿cómo que te fuiste, se puede saber dónde? -No mamá, voy a estar bien, pero me fui y no pienso volver por ahora, lo siento. -No puede ser, ¿qué pasó? -preguntó ella angustiada. -si acá lo tenés todo, hijo. -No mamá, allá estaba lejos de todo lo que me gusta, no soportaba un día más, vos no te das cuenta de nada, como siempre -dijo Rufino con lágrimas en los ojos. -Voy a hablar con tu padre, esto no puede estar pasando, no en esta época del año. ¡Qué te pensás vos, que nos vas a abandonar así como así. -No me busqués, no pienso volver. Quiero ir a la capital, no soporto un día más en casa, con ustedes, muriéndome de soledad, sin ver lo que me gusta con mis propios ojos, ahí donde pasan las cosas. -¡Ya vas a ver! -gritó ella, desconsolada, reclamando a su hijo todas las desdichas juntas. Rufino cerró su celular y lo apagó. quería huir, escapar de aquella realidad domés...

Rufino lanzado (II)

Se mueve de aquí para allá, se acomoda una y otra vez, gira su cabeza hacia la ventana y después al pasillo. Una luz ciega su mirada, es el sol bajo del amanecer que ya está entre nosotros, piensa. Su vista va de aquí para allá, estudiándolo todo, analizando cada cosa con cuidado. Su compañero de asiento duerme tranquilo qué afortunado. El whisky demora todavía un rato más pero al fin llega. La azafata lo trae con una sonrisa dibujada y no disimula su desagrado. Estas no son horas, piensa pero qué tanto, es un viaje largo y seguramente no se moverá de ahí por un buen rato, mucho más de lo que dura el efecto del trago en su cuerpo, de alguna manera ya estaba acostumbrado al alcohol. En su finca se elaboraba vino, tenían lo que hace falta y hasta él conocía la receta. Varias veces habían calmado la sed agobiante de verano tomando de la bordaleza después de un agotador partido de fútbol. Su cabeza conocía la sensación de estar a punto de explotar. Pero esta sensación era singular...

Rufino lanzado (I)

Rufino corrió. Lo hizo tan rápido como le fue posible a esa hora de la mañana. Atrás dejó a su padre y sus hermanos, el campo, los caballos, la finca, el arado, la viña, la cosecha, el vino y todo lo demás. Se subió al colectivo agitado, sudoroso pero feliz. Los que iban a la ciudad lo conocían, pensaron que esta vez se había quedado dormido pero no, él estaba dispuesto a comenzar una nueva vida en la ciudad, lejos de los trabajos en la tierra, lejos de las angustias por la cosecha y de la mala paga. Se veía a si mismo triunfando rápidamente en alguna actividad de las tantas que habían allá y que lo habían fascinado en su último viaje, a los catorce años, con sus primos y su padre. Ahora tenía dieciocho, se sentía libre y fuerte, con todas las ganas y muchas ansias de hacer cosas que le rindieran frutos. Buscó una butaca vacía y se sentó sin mirar siquiera, pero había alguien a su lado. Sumido en sus pensamientos vio de reojo una pequeña caja a los pies del acompañante, con unos...

Sombra

Imagen
García Be

Las mañanas

Se acercó a su cama en medio de la noche. Él dormía tranquilo. Ella llevaba una prenda íntima muy ligera, dejaba ver su desnudez sutilmente. Temblaba. Su aliento sereno y mágico lo envolvió de inmediato y una revolución inesperada nacía en su interior, ya antes de despertar por completo. La miró confundido apenas pudo abrir los ojos, y se enamoró, se sintió único, elegido. Ella venía a ofrecerse, llena, sabia, como las mañanas frescas de primavera. La realidad comenzó a despertarlo, se dio cuenta y suavemente empezó a alejarse. Trataba de explicar, quería decir que no, que él tenía compromisos y ella también, que era muy hermosa pero no, además su marido estaba ahí mirando. Que aquello no era posible y no iba a ocurrir. G arcía Be

Una mirada

Una mirada de aprobación, eso es todo lo que Luciana quería. Eso esperaba de su padre, así que fue y se lo dijo a la cara, temblando, asustada de aquella persona severa y hostil que apenas conocía. Lo quería sin embargo como se quieren las estrellas de cine y las historias de final feliz. Esperaba un milagro: que su padre consintiera ese viaje, ese cambio de vida a una ciudad más grande, más al centro de todo, rodeada de todos los encantos que a ella siempre le habían fascinado. Ciudades populosas llenas de ruido, gente y estruendos. Se preguntaba: "-¿Podré vivir yo ahí, si todos los días un embotellamiento demora el regreso a casa, una o dos horas?" Pero su padre dijo no. Apenas le bastó una mirada para decirlo, no hizo falta el puñetazo en la mesa ni la bestialidad de sus palabras. García Be

Reviente

Ignacio se rebeló un día, prefirió comprar pan roseta en vez de francés pero su madre no lo perdonó. En el camino de regreso a la panadería pensaba hay que hacer algo para comer ese pan que le resultaba tan atractivo. Nicanor temblaba de frío, era el último día de la semana, le quedaban sábado y domingo para levantarse tarde y ver pasar la mañana congelada desde su cama, abrigadito. Tamara quería un bebé. ¡Lo había pedido tanto! Ella y su novio lo buscaban con empeño, llevaban un calendario de los días fértiles en su computadora pero pensaban que había sido hackeado. Américo cruzaba las vías del tren imprudente y el maquinista fingía no verlo a tiempo, lo cierto es que quedaba destrozado al costado de las vías, su cabeza hecha añicos debajo del último vagón. García Be

Sumisión

Tocó el timbre, y a mí me tocó atender con el teléfono en la mano. Ella también venía contestando un mensaje o algo así y me sorprendió ver su rostro malhumorado, desencajado y tembloroso. ¿Qué noticia habrá recibido, qué le dijeron que tenía esa expresión de espanto? Yo, consuelo podría darle. Estoy acostumbrado desde que aquí en casa las desgracias se vienen sucediendo muy a menudo, ya es un escándalo. Mi preocupación mayor es que ella sufra por algo que se podría evitar y no lo hago por ignorancia, o porque ella es muy reservada y capaz de mentirme antes de pedir ayuda... Me quedé estupefacto, enseguida cambió su humor, pasó de un momento a otro a saltar de alegría y su felicidad era tan increíble como su tormento. No lo podía creer, entonces le pregunté: -¿Me voy a morir? García Be

Asiento

Imagen
García Be

Varonil

Venía bajando la avenida cuando lo vi a pie, parado en una esquina esperando para cruzar y las ganas de estamparle una cachetada en todo el cuello y la cara fueron abrumadoras. Yo circulaba en moto claro, y pensé que sería bonito darle una buena bofetada que sumada a la velocidad de la moto sonaría perfecta, hermosa, clarísima, con inusitada fuerza. Me contuve y seguí de largo. Pero en la otra esquina el semáforo estaba en rojo. Ahí me di cuenta que habría sido un error porque al frenar en ese semáforo de cuatro manos, seguramente lo tendría a mis espaldas buscando una explicación o peor, queriendo pegarme a mí. Frené. Miré por el retrovisor y lo vi que venía igualmente hacia mi, corriendo hecho una furia. Juro que no lo conocía, es hasta el día de hoy que desconozco el motivo por el cual quiso venir a increparme lo cierto es que dieron el verde y fue muy facil acelerar y huir rápidamente del lugar. Tal vez, no tenía esa intención, tal vez fue pura imaginación mía, pero reconoz...

Feliz

Fue un encuentro casual, lleno de emoción y alegría. Nos habíamos visto por última vez hacía ya un año, pero en aquel encuentro nos abrazamos y nos dijimos adiós, casi como si nunca fuéramos a volver a vernos. Pasaron muchas cosas entre nosotros. Ambos tomamos caminos diferentes, los dos nos encontramos no tan casualmente en la esquina del odio y la incomprensión. Fue tumultuoso, muy poco divertido. Nos odiamos a muerte por un tiempo, dejamos de compartir las cosas buenas de la vida, nos olvidamos de disfrutar los buenos momentos, el campo de golf, las tardes quietas y serenas alejados en algún green que nos gustara. Pero ahora vemos que la amistad sigue intacta. Nos escuchamos y sabemos que el otro está ahí, dispuesto a retomar la buena senda, en definitiva el diálogo sincero. García Be.

Aventurarse

-Amar es no solo aventurarse -dijo Joaquín como pensando en voz alta. -Es cierto -respondió ella, entusiasmada. Los dos bajaban el río en un bote inflable, alquilado junto a 10 personas más todos ellos turistas. Joaquín había hecho ya varias veces el recorrido, lo conocía a la perfección, en cambio Lucía hacía su primer descenso. Temblaba. Estaba asustada porque le habían comentado acerca del nivel de dificultad de este río, que era alto, pero confiaba en la pericia de los dueños del bote, y también en su amigo. Recordaba las cataratas del Niágara, había estado ahí el año pasado. Le traían justo en este momento buenos recuerdos, fantásticas imágenes de un paisaje deslumbrante y aterrador a la vez. ¿Y si este bote terminaba en una caída de 100 metros, similar a las de las cataratas? ¡Por Dios no! Pensaba ella, el corazón desbordado. Mientras descendían, los guías llevaban la voz de mando, -¡Remen! -decía uno, que iba sentado detrás de todos. -¡Basta de remos! -cambiaba enseg...

SIN TITULO (X)

X Nicolás lo supo desde un principio. Me vino a ver a mí que escribo este relato. Quién sabe cómo se enteró que quien había puesto unas trampas en su computadora era yo mismo. Me tomó de sorpresa porque no dejó suelto ni un sólo indicio de que estaba sobre la pista, jamás lo adiviné. Se enteró por boca de una amiga en común. ¿Quién podría estar detrás de esto sino alguien que lo sigue a sol y a sombra y que publica lo que él hace a cada momento, quién sino yo estaría vigilando sus movimientos y habría incluso hackeado su computadora para que la cámara web mostrara sus movimientos sin que él siquiera lo sospechara? Pensé que vendría a verme furioso pero no fue así. Estaba muy tranquilo y hasta una mueca de diversión se escurría por la comisura de sus labios, satisfecho de haber descifrado el enigma, de haber descubierto la trama, el secreto hilo que conducía al ladrón de su paz por estos meses que duró la persecución. -Entendeme, estoy preparando una tesis para el final de mi carr...

Amigos

Fumaba en el balcón y caminaba de aquí para allá nerviosamente como respondiendo a la luna furiosa de amarillo todo eso que daba vueltas en su mente. Discutía con ella, la increpaba, la insultaba. Quería cortar su rostro, si tuviera un cuchillo a mano lo habría hecho. Pero tenía que llegar al cielo, llegar hasta ella que pretendía ser una mujer encendida, una heroína fuera de cuadro, toda hermética en su armadura, toda lejana. Entró. Se dispersó en algunas tareas sin sentido pero seguía caminando de aquí para allá, buscando algo difuso, algo etéreo y transparente como el humo de su cigarrillo, como el cigarrillo que fumaron juntos a medias, a bocanadas, a quemarropa. Tecleaba unas palabras, y seguía con sus tareas, seguía de aquí para allá, ahora cortaba para sus hijos unas letras del periódico, ahora escribía en su computadora, llamaba la atención de sus amigos escribiendo frases que se leian igual de atrás para adelante que de viceversa para atrás. (Idiota, me hace equivocar). Lo...

Prensa

Imagen
García Be

SIN TITULO (XIX)

XIX Empezó a notar el frío y a mitad de cuadra había una farmacia abierta a cualquier hora de la noche. Pensó comprar un tranquilizante para dormir, cosa que hacía días no estaba haciendo reposadamente, sin sobresaltos, sin temer que su mundo se viniera abajo, sin pensar en su ahora ex-amigo que lo seguía a cada paso, que vigilaba sus movimientos en principio en internet, pero seguramente también en la otra vida, en la vida real. El farmacéutico era una persona conocida del barrio, amigo de todos, muy querible que siempre tenía un remedio para casi todos los males, exceptuando los del corazón, aunque también a veces ofrecía algunas tisanas para los pobres tipos como él, enfermo de traición y abandono. Detrás suyo, y para su desgracia, entró un hombre andrajoso y sudado que se puso a caminar de aquí para allá dentro de la farmacia mientras lo atendían a él. Quiso irse, pero fue justo ahí cuando mencionaron su número, no había más remedio que comprar. -Qué necesitás Nicolás? -preguntó...

SIN TITULO (VIII)

VIII En el supuesto caso que supiera tocar la guitarra iría a comprarse una como la de vidriera pero el problema es que no sabía, entonces no había caso, no había supuesto, no había guitarra. Siguió de largo hasta la próxima vidriera que vendía camisetas de rock y le llamó la atención una de los Sex Pistols, que le recordaba las andanzas de su padre que visitó Londres únicamente para estar cerca de ellos cuando todavía eran una banda. Se la compró a su padre. Le va a gustar pensaba mientras pagaba en la caja. Era una banda la que estaba detrás de aquella significativa angustia suya. Desde luego que había más de una persona y que su amigo y ese personaje del sobretodo eran los brazos ejecutores de aquella fantasmagórica lucha. ¿Ella también estaría en la organización? ¿Acaso estaba en esa plaza por pura casualidad, o había ejecutado también parte de aquella partitura macabra? Sentía que estaba exagerando, que de ninguna manera podría estar ocurriendo semejante locura. Intentaba ...

SIN TITULO (VII)

VII En su barrio se escuchaban sonidos de fanfarria, había un acto en la plaza cercana. La banda de música local estaba celebrando sus 40 años a todo trapo, tocando canciones de hace unos 50, pensaba Nicolás. Así se fue arrimando tal vez para distraerse, tal vez para entonar alguna, la que siempre le había gustado era Febo Asoma. Pero tuvo una muy grata sorpresa: ahí estaba ella. Era una chica que había ido al acto acompañada por desgracia, pero a él no le importaba en absoluto, solo quería observarla, mirarla de cerca y que ella lo mirara aunque sea una vez. Tenía una mirada cálida y dulce, entibiaba la fría mañana de invierno con su bufanda violeta y su abrigo blanco. Se fue olvidando del acto, de la fanfarria y de los metales, era todo oídos y ojos para ella. Se acercó hasta casi rozarla, intentaba ser nadie en ese momento que ella ni siquiera supiera que él estaba ahí. Quería borrarse, ser un hombre invisible para estar cerca, sentir su respiración, su aliento, su calor de...

Una mañana de invierno

A mi amigo Carlos Sarra Andrés subió al ascensor a media mañana, llevaba facturas para el mate y estaba contento porque lo estaban esperando. Era una entrevista de trabajo pero conocía a todos los que había allí en esa oficina. Era un lugar amplio con ventanales enormes, un tercer piso radiante de modernidad y espacio. Llegó a la oficina, algo nervioso golpeó la puerta y entró sin esperar. Sentía la presión del sistema de calefacción que se hacía notar y por suerte era así, allá afuera la sensación térmica apenas rozaba el cero grado. Un televisor también enorme de plasma recordaba que era época de espectáculos deportivos excepcionales. Nadie quería perderse el combate entre la pulga de Río Cuarto y el enano ese del gran País del Norte. Bueno muy bien -se dijo- todo sea por un trabajito- y se sentó frente al televisor a esperar, pero se ocupó muy bien de no levantar la perdiz. Quería pasar desapercibido, que lo atiendan en media horita. Observaba con detalle el lugar. Había perc...

SIN TITULO (VI)

VI Cerró su ventana del chat. Deseaba no volver a abrirla jamás. Su experiencia reciente le dejaba un sabor amargo en cualquier actividad de internet. Especialmente cuando su amigo aparecía, su nombre, su apodo, cualquier referencia suya era motivo de amargura, de temor desmedido. Estaba arrepentido de haberlo confesado, y presisamente a él, de modo que ahora el protagonista de su sufrimiento estaba enterado, sabía de su desesperación. Había cambiado definitivamente su relación con internet. Un milagro hacía falta para que volviera la normalidad. Consultó el estado del tiempo, quería salir a trotar por el parque. Era la única actividad que le permitía desconectarse, sacar renovadas fuerzas para pensar y olvidarse de sus problemas. En el parque había WI-FI, pensaba. Podría llevar un equipo y conectarse allá pero mejor no, mejor salia a correr, después de todo ese era el plan. Había un frondoso bosque donde quería correr entre los árboles, exigirse, hacer piques cortos, tomar ...

SIN TITULO (V)

V Nicolás buscaba algo de paz llevando a su sobrino a la plaza. En el sube y baja pensaba en aquello que lo torturaba, era difícil concentrarse en su tarea diaria. El equilibrio se había perdido. A su alrededor habían otras personas caminando, haciendo quién sabe qué, él jugaba con su sobrino en el sube y baja, qué difícil mantener el equilibrio, de eso se trataba y cada vez se hacía más complicado. Su suerte estaba echada, todo a su alrededor estaba muy tensionado, muy desequilibrado, esa era la palabra. Tensión. Su muñeca había perdido la calma, sentía dolor ahora, sus últimas sesiones en la máquina lo habían dejado exhausto. Buscaba aquí, allá, alguna respuesta, alguna solución, sus dedos estaban entumecidos, prefería el teclado y no el mouse para trabajar, pero en esta ocasión hacía uso de ambas cosas a la vez. En su teléfono móvil también escribía con desconfianza. Ahí tal vez nadie lo estaría espiando, nadie estaría mirando su actividad secretamente. Se podía comunicar p...

SIN TITULO (IV)

IV Nicolás se sentó en el bar cerca de la ventana y miraba hacia afuera curioso del taxi que recién frenaba en la calle y del cual se bajaba alguien muy apurado tanto que apenas si alcanzaba a tomar el vuelto que le pasaba el taxista. Empezaba a caminar casi correr hacia el bar cuando se acordó de algo que se olvidaba en el taxi, y se volvió a los gritos haciendo señas con sus manos para que el chofer frenara. Lo alcanzó, y abrió la puerta rápido. Se olvidaba una notebook. Mucho dinero -pensó Nicolás- mucho más si cae en manos inadecuadas. Ricardo demoraba. Esto lo impacientaba a Nicolás que solamente podía sumergirse en sus pensamientos de espías y traiciones. Pidió un café, con una medialuna. Mientras el mozo se alejaba la vista lo siguió y terminó justo sobre un televisor que pasaba imágenes de una película de los ochenta, nada menos que Sin Salida o No way Out, inquietante film acerca de la libertad y los espías tecnológicos y nada menos que en el área de los militares estad...

SIN TITULO (III)

III El orden aleatorio de los temas que estaba escuchando no funcionaba. Quería escuchar una canción y no llegaba nunca. Empezó a embroncarse. Estos reproductores del orto, decía, pensaba. Voy a instalar algo que funcione la próxima vez. Y todo debe tener que ver con lo mismo, seguro me están digitando qué escuchar, qué está bueno y qué no. Hijos de puta. Nicolás seguía buscando información en internet para proteger su equipo y le empezaba a preocupar que los resultados de su búsqueda también estuvieran digitados. ¿Por qué no? Debería ir a trabajar a un cyber y jamás utilizar su usuario regular porque estaba seguro que esto también estaba controlado. Lo que aparecía en su navegador era inconsistente. ¿Para qué bajar un antivirus si su equipo ya no respondía con la integridad que era necesaria? Además estas búsquedas tal vez ya habían alertado a sus enemigos y estarían buscando la manera de escabullirse de sus teclas, de sus búsquedas. Nicolás pensaba en sus padres, en sus abue...

SIN TITULO

II Nicolás no salía de su asombro, estaba aterrado de pensar que había gente capaz de entrometerse en sus cosas, como observadores ocultos que ni siquiera le decían lo que estaba ocurriendo sino que él se enteraba casi sin querer. De todos modos, quizás no sería tan así porque si hubieran querido espiarlo jamás se habría enterado, eso es verdad. Pero en realidad su amigo no lo había dicho, él lo había deducido, fue también como un mensaje: "quedate piola, mirá que te estamos vigilando", o peor, "vos que pasás horas frente al monitor de tu máquina no te das cuenta que tenés agujeros de seguridad por todos lados." Llamó por teléfono a un viejo compañero de clases, a quien no veía desde hacia mucho tiempo, de cuando hizo unos cursos aburridísimos de computación, que lógicamente le sirvieron para muy poco. -Jorge, ¿cómo andas? -preguntó al teléfono. -Bien, Nico, ¿y vos? -Acá andamos, che, ¿no te apareciste más por la facu? -dijo él. -Es cierto, es que no tengo un sol...

SIN TÍTULO

I Nicolás estaba incómodo en su silla, no era precisamente algo ergonómico para trabajar, él lo sabía pero en la ansiedad de escribir lo dejaba pasar, se estaba acostumbrando. Su amigo de la infancia estaba conectado en ese momento y quería conversar con él sobre un asunto que lo tenía bastante preocupado y tenía que contarselo urgente. Empezó a decirle que se fijara en esto y aquello dando vueltas al asunto sin saber muy bien cómo abordar el tema. Pero -se dijo- vamos al grano porque si no voy a pasarme otra noche en vela. -Ricardo, entendeme, no es que desconfíe de vos -dijo temeroso de ofenderlo- pero ayer pasó que considero muy grave. -No entiendo -escribió Ricardo. -Es fácil -argumentó Nicolás- yo estaba buscando información sobre el software de videos, y vos en el chat me empezas a hablar de este tema como si nada, como si hablaras de cualquier asunto. Digo, -continuó Nicolás, ya cada vez más nervioso- todos sabemos que las coincidencias no existen. -¡Estás loco! ¿Cómo se te ...

Music Player Daemon

Prefiero mpd (Music Player Daemon) para reproducir música en mi máquina. Funciona como un servicio silencioso y de bajo perfil que no molesta y da algunas facilidades prácticas bastante piolas como controlar todo lo que se reproduce desde cualquier máquina conectada a la red. Me harté de que hubiera mp3 en cada máquina conectada, ahora todas las canciones están en un sólo lugar, el espacio /media/music es una carpeta pública en la red a la que todos tienen acceso. Después, cada uno configura su cliente de mpd que prefiera y agrega a la lista aquellos temas que quieran escuchar y se reproduce en el equipo de audio conectado a la PC. Me parece muy recomendable. Hay además un gran número de clientes para Windows, Linux y seguramente Mac y también para la consola con ncurses (ncmpd) una belleza. También podrías controlar desde Firefox ya que también hay un addon cliente para eso . Me daba un error después de instalarlo: error while loading shared libraries: libid3tag.so.0: En este caso ...

Utopía

Entendí tu llamada, adiviné al instante qué me querías decir y pensé que sería bueno que nos viéramos personalmente antes de tomar esas medidas tan drásticas como pedir la renuncia de tus subordinados, por faltar una vez a la clase. Entiendo que tus charlas son de primera. Lo entiendo. Pero decirle a tus empleados que no deben faltar o de lo contrario serán removidos del plantel de personal me parece sencillamente un abuso, una canallada. ¿Dónde te educaste? ¿En qué infernal escuela te graduaste en Recursos Humanos? Estás avisado. Así no va conmigo, no lo quiero para mi entorno. Sos idiota, sabelo. Te conozco porque alguna vez me comporté así, está bien, ya se lo que me vas a decir, que mejor me calle entonces. ¡Pero qué va! ¡Cambié, te juro que cambié! Y a tiempo, justo antes que cambiara el milenio era ya otra persona. Mi computadora se descalabró entonces porque no estaba "año 2000 ready" y se le hizo una mezcolanza de números de la que ya no pudo salir. Estuvo ...

Onírica

A mi maestro Carlos Brega con cariño. Se escapó corriendo, danto trotecitos histéricos con sus calzas blancas ajustadas. Al cruzar la calle una moto que llegaba a la esquina no pudo esquivarla, ella tampoco, pero se trepó en medio de los dos ocupantes, todo ocurrió muy rápido. La moto intentaba seguir su camino, ella ahora iba entre los dos pero por el mismo impulso y la sorpresa, apenas cruzaron la calle se cayó pesadamente al asfalto. A su lado llegué gritando y pregunté qué le pasaba si estaba loca o si un demonio se había apoderado de ella. La gente empezó a acercarse, todos querían levantarla y ella se hacía cada vez más chiquita con mis gritos. Yo cada vez gritaba más fuerte no solo para que me oyera, también quería no se... ¿matarla? De un empujón me sacaron de ahí, y como intentara volver con los gritos, un puñetazo en el medio de mi cara me devolvió a la realidad. -¡La cara! -gritaba llevándome las manos al rostro- ¡La cara! -¡Quédese ahí por Dios, no moleste! -supe que a...

El espejo

Imagen
Espera que su padre se retire de la oficina, hace una hora que están ahí haciendo cola por un trámite que ya lleva dos meses. Ella desconoce absolutamente todo lo relacionado con el trámite, para su pequeña mente todo se reduce a una espera que aburre y su mente divaga, buscando entretenerse con algo, con esto, con aquello. Mascando chicle el rato se hace más llevadero. El sabor, el dolor en la mandíbula, el fresco de la menta, los globos, el aire y la explosión. Todo esto la tiene contenta. Gracias a ese pequeño detalle puede aguantarse todos los hombres grandes que pasan a su lado, molestan, estorban, no la dejan mirarse en el espejo que hay enfrente donde ella ve su imagen volviéndose difusa, distorsionada por el frío que empaña los espejos. Babea. La niña se da cuenta y empieza a limpiar su boca con la manga del sueter, se mira otra vez en el espejo y observa que está sucia algo habrá que hacer. Se acerca al espejo, ve su reflejo, se arregla el pelo, juega con sus manos y esp...

Vuelco

Imagen
García Be

Criminal

Le faltó vocabulario para decirle en la cara lo que pensaba, todo lo que hubiera querido gritarle. Se tuvo que callar. Alguien cruzaba caminando y prefería en ese momento evitar toda situación embarazosa. Había que ver en qué lío se había metido y esta vez hasta las narices. Su cómplice era un muchacho de apellido español, que había conocido en un bar, mientras miraban un partido de fúbol que, desde luego, tenía para ellos muy escaso interés. Su manera de hablar, su cadencia, la forma en que pronunciaba las eses, todo ese juego elegante en la voz lo había seducido al principio como si se tratara de alguien especial, alguien en quien podía confiar ciegamente y ahora, tristemente tarde, se daba cuenta del fabuloso engaño del que había sido víctima. Tan sólo podía esperar la cárcel que, por cierto, en esta temporada está recibiendo la mayor cantidad de gente por la miseria y el frío y ahí, a nadie se le niega un plato de comida caliente. Tal vez -pensaba- haya sopa a la noche y a m...

Fútbol

Prometí cerrar la boca al comenzar el partido, pero me dejaron entrar sin pagar de modo que me sentía a mis anchas, solo tenía ganas de gritar y nadie lo iba a impedir sin golpearme. Encontré un libro tirado ahí, rarísimo me dije, lo metí al bolsillo decidido a darle un vistazo después cuando terminara el encuentro. Jugaban dos equipos vecinos uno de mi barrio, el otro de aquí cerquita. Mis amigos eran todos del equipo contrario, estaban conmigo pero me daban codazos cada vez que su equipo hacía una jugada, para qué decirlo, apenas buena. Un hombre a mi lado tenía la voz ronca, la garganta seca, y gritaba todo el tiempo con un hilo de rabia que brotaba de vez en cuando para calmar esa sed. Era una tarde fría de invierno todas las cabezas cubiertas por unos gorritos muy simpáticos que regalaban en la entrada. A mi no me tocó, claro entré colado, pero eso no me importaba. Estaba singularmente entretenido con el hombrecito y su gorro, su bufanda y su voz destartalada. Disparé un...