Entradas

La trampa del prompt infinito

A veces me agarra la paranoia del programador defensivo. Esa necesidad casi patológica de prever cada excepción, de tipar cada variable y no dejar ni un solo caso borde desatendido para que la producción no se caiga a las tres de la mañana. El problema es cuando traslado esa misma lógica a la vida cotidiana, o peor aún, al cuadro de diálogo de la inteligencia artificial. Me descubro entonces armando peticiones kilométricas, choclos de texto cargados de contexto, restricciones, condiciones y especificaciones minuciosas de lo que quiero y de lo que no quiero que haga. Una hipervigilancia tipeada en modo markdown. Como si redactando un contrato de quinientas líneas pudiera comprar la certeza absoluta de que nada va a salir mal. Ahí está Brian —mi cerebro, siempre en alerta máxima— jurando que si no especifico hasta el último detalle, el sistema se va a romper. Pero el resultado suele ser el opuesto: una sobreingeniería absurda que solo logra confundir la atención del mo...

Refactorización de la Aplicación para Academias

Imagen
Son las seis y media de la tarde de un lunes cualquiera en marzo. En el hall de entrada se cruzan los alumnos que salen del nivel inicial con los que entran a conversación. En el mostrador, dos madres esperan para pagar la cuota, un padre consulta por el descuento de hermanos del chico que empieza este año y el teléfono de recepción no para de sonar. En ese preciso instante, la persona que atiende no necesita una obra de arte conceptual. Necesita algo mucho más valioso y difícil de encontrar: que la computadora no se cuelgue , que al poner las primeras tres letras del apellido aparezca la ficha al instante y que el cálculo de la cuota con el recargo y el descuento por hermanos sea exacto, sin rodeos ni planillas infinitas de Excel. Quienes leen este blog desde sus inicios allá por 2009 saben que suelo repartirme entre relatos de ficción y notas sobre desarrollo de software. Hoy esos dos mundos se tocan en un punto muy concreto: cómo ...

Cambiar la frecuencia

Está muy bien ser agradecido. Hoy, por ejemplo, cuando venía en el micro sentí precisamente eso: la gratitud profunda de estar bien, con buena salud, más allá de las amenazas que siempre andan dando vueltas por ahí. En medio de las rutinas y las paranoias habituales, reconocerse entero es casi un milagro cotidiano. Me acordaba de lo que me sucedió ayer, cuando fui al barrio en busca de semillas gateras y finalmente encontré lo que andaba buscando: una conexión sincera y amable. Porque una vez que eso pasa, cuando sucede esa chispa simple entre dos personas, el momento nos advierte de lo que somos capaces también, y está bueno que suceda. La posibilidad de hundirnos en la mirada del otro, de escuchar con atención sin importar lo que tenemos para decir ni estar preparando la respuesta de antemano; ser capaces de esperar el momento sin asustarnos y salir huyendo. No hay peligro real, pero la mente siempre en alerta pretende que uno está amenazado todo el tiempo. Es el cere...

El mito de escribir como se habla (o por qué la coma no es un respiro)

 Uno cree que porque habla ya puede escribir, y no. Ese es quizás el primer gran engaño con el que nos tropezamos quienes pasamos horas frente al teclado. Cuando hablamos, contamos con una ventaja enorme: el tono de voz, las miradas, los gestos, las pausas reales para tomar aire y la posibilidad de corregir en vivo si el interlocutor pone cara de no entender nada. En la oralidad, las imperfecciones se perdonan o pasan de largo. Pero la escritura es otra cosa. Es arquitectura diferida. El lector se enfrenta a nuestras palabras a solas, sin nuestra voz al lado para explicarle qué quisimos decir. Por eso, escribir bien no consiste en trasladar el habla al papel, sino en dominar la estructura que sostiene el mensaje. Y ahí es donde la gramática —esa palabra que a veces suena a manual escolar aburrido— cobra todo el sentido del mundo. La maquinaria por dentro Hablar de gramática es hablar del marco general que hace que un idioma funcione. Si la miramos de cerca, lo que sostiene un text...

Despliegue de un MCP para corregir errores en MS Access 2016

Índice 1. Despliegue de un MCP para corregir errores en MS Access 2016 1.1. 1. Clarificar el alcance del MCP (Model Context Protocol) 1.2. 2. Arquitectura recomendada 1.2.1. Componentes clave 1.3. 3. Pasos de implementación 1.3.1. Paso 1 — Entorno 1.3.2. Paso 2 — Esqueleto del servidor MCP (Python) 1.3.3. Paso 3 — Herramientas típicas para "corregir viejos errores" 1.3.4. Paso 4 — Registro en el cliente MCP 1.4. 4. Buenas prácticas para Access 2016 1.5. 5. Flujo sugerido 1.6. 6. Controles críticos 2. 1. Cambio de enfoque 3. 2. Arquitectura específica para UX 4. 3. Herramientas MCP recomendadas 5. 4. Ejemplo mínimo (Python + MCP) 6. 5. Mejoras UX que el LLM puede proponer automáticamente 7. 6. Flujo seguro de aplicación 8. 7. Guardarraíles (importante) 9. 8. Extras que suben mucho la UX 1. Despliegue de un MCP para corregir errores en MS Access 2016 1.1. 1. Clarificar el alcance del MCP (Model Context Protocol) Antes de codificar...
Quienes hemos atravesado cambios drásticos y sacudidas inesperadas entendemos perfectamente esa sensación de abismo. Cuando todo se derrumba de golpe, la energía se agota rápido, la perspectiva del futuro inmediato se nubea y parece que todo conspira en nuestra contra. En esos momentos, el peso del día a día resulta abrumador y la sensación de vulnerabilidad se vuelve muy intensa. Escribir y compartir esto ya es un primer paso fundamental para transformar el dolor. Reconocer el estado en el que estamos y tender una mano a otros que pasan por lo mismo demuestra que, aun en la penumbra, hay una intención genuina de salir adelante. Para atravesar y superar estos momentos de crisis, conviene recordar algunas pautas esenciales: Tener la humildad de pedir ayuda: Aceptar que no podemos sostener todo solos ni resolver cada problema por cuenta propia no es signo de debilidad, sino de valentía y madurez. Apoyarse en personas cercanas, profesionales o amigos cambia por completo la persp...

La dama de las siete

Escribo estas líneas para pasar el rato, o quizás para intentar poner orden en este despelote que llamo vida, aunque sepa de antemano que el titiritero que llevo dentro suele enredar los hilos a propósito. La mañana en Mendoza arranca con ese viento fresco que te cachetea la cara y te recuerda que estás vivo, a pesar de las deudas que se acumulan y de esa parálisis que te agarra cuando el servidor se cae y vos sos el único que tiene que poner el pecho. A las siete de la mañana, el ritual es siempre el mismo: el micro, el olor a café ajeno y la espera. Y ahí está ella. La misteriosa dama de los rulos , esa que parece leer el paisaje urbano como si fuera un libro de edición limitada que solo ella comprende. A veces se sienta sola contra el vidrio, con una actitud desafiante que me hace dudar de si soy un genio o simplemente un "buenudo" que no sabe vender lo que hace. Otras veces, como aquel día que olía a algo especiado y fuerte, se sienta lo suficientemente cerca como p...