Relato (segunda parte)
Eugenia ya es toda una profesional de la arcilla. Trabaja desde muy temprano hasta eso de las diez y se va al centro, a visitar amigas, o al gimnasio que queda cerquita del parque. Los trabajos los está empezando a vender en las casas de artesanías o regionales que ahora con el auge del turismo hay por todos lados. Los que más le compran son los que están en Valle Grande, que hay muchos y trabajan bien. No alcanza a recorrerlos todos, cuando faltan unos kilómetros para llegar al murallón, se queda sin productos. Lo suyo es puramente artístico, no quiere producir en serie ni industrializar por ahora, una producción lenta y cuidada es lo que prefiere. Los comerciantes siempre le están pidiendo más: «Traenos más Euge, que tengo las cabañas llenas de gente y los tuyos siempre gustan» le dicen, y ella encantada de escuchar eso, promete que sí que va a venir antes de fin de semana con unos nuevos que está haciendo, hay uno que es una mano, dice, que lo estoy terminando y va a quedar fantásti...