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Mostrando las entradas de septiembre, 2011

El palo correcto

Ya era tiempo de dejar de preguntarse por las cosas.    Eso no conducía a nada y era sólo otra mierda.    Stephen King, «La Larga Marcha» El caddie me avisa que la pelota cayó al agua en el último golpe.  Yo lo miro incrédulo pero el público parece darle la razón porque murmura algo que no alcanzo a escuchar, desde aquí donde estoy, con el viento en mi cabeza y el ruido en los árboles.  Me inclino a recoger el tee, lo miro a los ojos y le devuelvo el palo.  Usé un hierro 3 para salir en este hoyo.  La gente avanza.  Nosotros, demorados, estudiamos la situación y anotamos las condiciones del tiempo para la salida de mañana.  El premio consiste en un viaje, me anoté de inmediato sin importar lo mucho que hacía que no practicaba. Mi turno se demora por los jugadores que nos anteceden, situación que invariablemente me pone nervioso.  El canto de los pájaros ahora, se vuelve molesto.  Quiero silencio, silencio absoluto. ...

Fachada de club

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Doble vía

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Corsa

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Un sistema operativo singular

Hace unos años, aproximadamente 5, no recuerdo exactamente, tuve la oportunidad de instalar un Linux From Scratch , (Linux Desde Cero) que es un sistema operativo basado en Linux que se arma siguiendo precisas instrucciones de un libro que se publica on-line. Lo novedoso es que nada se instala de manera compilada, o siquiera con un administrador de paquetes sino que cada paquete que va a construir el Sistema Operativo hay que descargarlo, compilarlo y enlazarlo.  En primer lugar, se construye un sistema anfitrión el cual se utiliza para ir desarrollando el sistema definitivo.  Cuando digo desarrollando, me refiero a descargar, compilar, poner en funcionamiento.   Una vez que se ha terminado de armar el sistema definitivo, se borra el sistema anfitrión y ya se pueden seguir instalando nuevos programas desde el sistema recién iniciado. La experiencia fue increíble.  Alguna vez había imaginado o soñado llegar a entender como funcionaban en sus aspectos internos...

Silencio

El muchacho a mi derecha permaneció de pie todo el tiempo que duró la operación, hasta que el cirujano terminó de dar la última puntada.  Sin embargo, su impaciencia era cada vez más notoria, ya no disimulaba una gota. Yo aguardaba en silencio observando fijamente el indicador de las pulsaciones, que no fuera a dejar de marcar «normal».   Me escapé más tarde con la enfermera en jefe. García Be