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Mostrando las entradas de abril, 2012

Quería vivir ahí

La mente tiene esas extrañas ideas que te complican la vida unas veces y otras que tal vez te sacan de apuros.  El caso es que mi amigo Verardi un día decidió quitarse la vida subiéndose a un edificio lindero al hospital psiquiátrico del barrio, para desde allí tirarse al suelo, eran unos cuatro o cinco pisos más o menos.  Digamos que las posibilidades de matarse eran cincuenta y cincuenta, quiero decir, uno ve la altura y dice sí, desde acá te matás pero en realidad no lo es tanto.  Hay posibilidades de quedar vivo y mal herido... y eso sería fatal. Verardi quería hacerlo bien, pero el ahorcamiento le parecía espantoso, no había forma que se confundiera con un accidente.  Y armas no tenía, le producían un escalofrío de solo verlas.  En cambio la caída era diferente, uno puede hacer pensar que tropezó y se cayó.  De modo que no estaba en sus planes dejar carta alguna, simplemente quería suicidarse de manera segura incluso al punto de confundir a la policí...

La izquierda

Eduardo trabaja en la pensión de Elsa.  Corre las cortinas en la mañana, deja entrar la luz y barre el piso de las habitaciones, ordena los cuartos que tiene a cargo, que son cuatro, y saca a pasear el perro, un gran-danés del tamaño de una locomotora que tiene el andar lento y la orina fuerte por los golpes y la vejez. Eduardo tiene una mueca de dolor permanente a causa de su muñeca izquierda, mal curada después de la operación a la que fue sometido a raíz de un accidente, por eso le duele terriblemente algo tan sencillo como pasear al perro y no tiene más remedio que hacerlo, si no lo castigan.  En la pensión tienen reglas estrictas para la gente que se hospeda y reglas crueles para los que trabajan ahí.  Reglas crueles que no termina de entender.  Reglas siniestras y absurdas que terminan por destruir a la persona, convirtiéndola en un ser vil y deprimido que pasa el día rumiando su venganza y destrucción de todo cuanto lo rodea.  Y el ha terminado creyénd...