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Mostrando las entradas de septiembre, 2010

Rufino lanzado (VII)

La dueña de la pensión ve a Rufino fumando sentado en la mesa de desayunar y lo llama a su oficina, oscura y sucia. -Vení chiquito -le dice, mirando por debajo de sus anteojos. -Si doña ahí voy -responde él, levantándose rápidamente. -Me vas a pagar esta factura, ahí donde el kiosco de la vuelta ¿estamos? -ordena -Sí, voy ahora mismo. -Mejor, así no te olvidás cabezota. -le dice mientras le pasa el dinero y la factura. -Chau. Rufino sale a la calle, se encuentra un billete tirado en la vereda y sale feliz a cumplir el mandado. Lleva un dinero que no es suyo, una factura a pagar y algo para gastar. Entra en el kiosco, y mira la cola de gente pagando sus cuentas. Se ubica último como debe ser y observa al que está adelante. Es un trasero interesante. Mira de reojo si lo están observando y sigue en su tarea. Es una rubia de pantalones ajustados, que de repente se da vuelta y lo observa a los ojos. Tal vez se sentía incómoda con su presencia ahí tan atrás, tan cerca. Rufino espera. ...

Rufino lanzado (VI)

Estaba conversando sentado en la vereda, miraba los autos y se reía. Su vecino le daba charla de computación a él le fascinaba. -¡Dijo que podía estar conectado con alguien de otro país! -Se reía, y contaba los autos. El vecino tenía un kiosco y ahí empezó a comprar cigarrillos y le daban fiado cuando faltaba la moneda. El dueño era un chico de unos treinta años con una carrera de martillero público terminada y ejercía de eso, de comerciante. Algo increíble, algo impensado para quien estudia una carrera. Rufino miraba encantado el monitor del kiosquero. Cuándo me dejará usarla aunque sea un rato -pensaba- y no se atrevía a decirlo siquiera en voz baja. Se reía de los íconos, los carteles, las banderas, y también de las mujeres que el otro le mostraba. Según él, mujeres inofensivas que invitaban, sugerían y también cobraban por cierto. Se reía. -Convidame uno -dijo Rufino, señalando un paquete de cigarrillos. -Sí, servite, ahí tenés el encendedor -respondió Juan. -Gracias. ¿Y c...

Rufino lanzado (V)

Rufino llega a la pensión y encuentra todo revuelto. La dueña discute con otro inquilino que hace días que no paga su mensualidad y esto le complica el mes, que se atrasa en el gas, en la luz y en todos los servicios que presta en su cuchitril. Rufino pasa por un costado, esquiva la situación y se siente observado, sabe que a él le va a tocar un día como no haga algo pronto para conseguir trabajo. El dinero ahorrado no le va durar toda la vida, lo sabe, es más, tiene que apurarse o de lo contrario en dos meses estará pasando esta situación. Dos meses se pasan volando, piensa, y sube las escaleras. En el último peldaño Jorgelina prepara un parcial de Estadísticas. Él no entiende pero le da charla igual. -Hola, cómo va eso? -pregunta sonriente. -Bien, aquí estamos con frio, esta vieja ya nos cortó el gas -responde ella visiblemente enojada. -A ver, esperá. -Rufino va a su habitación, toma la frazada y se la trae. Dulcemente abriga la espalda de Jorgelina y se sienta a su lado. -¡G...

Rufino lanzado (IV)

Ahi va, recién llegado a la capital se oculta detrás de una vidriera, todas las luces le resultan abrumadoramente fuertes, tiene que esconderse detrás de su mano, pensando que va a quedar ciego. Rufino tiene tiempo para caminar, recorrer el centro, mirar los carteles, preguntar dónde queda, y seguir su camino hacia la nada en redondo, hacia la pensión otra vez. Ya lleva una semana de su nueva vida. Por suerte de sus padres ni noticias, tal vez hayan hecho una denuncia y lo estén buscando con la policía, tal vez se acostumbraron a su ausencia más rápido de lo previsto, tal vez su madre ni le dijo a papá y este después de un tiempo al fin preguntará dónde está Rufino. Exagera un poco, lo sabe, su padre no es tan distraído, y le ha hecho demostraciones de cariño, muchas, como cuando le dejó manejar el tractor con sólo 14 años. Pero él prefería la yegua. Arar con la yegua era todo un desafío. Terminabas con los brazos y las piernas rotos por el cansansio. Era una actividad extrema, ...

Rufino lanzado (III)

Rufino atendió el teléfono. Era su madre que le preguntaba dónde estaba. -Me fui de casa, mamá -contestó él. -Pero, ¿cómo que te fuiste, se puede saber dónde? -No mamá, voy a estar bien, pero me fui y no pienso volver por ahora, lo siento. -No puede ser, ¿qué pasó? -preguntó ella angustiada. -si acá lo tenés todo, hijo. -No mamá, allá estaba lejos de todo lo que me gusta, no soportaba un día más, vos no te das cuenta de nada, como siempre -dijo Rufino con lágrimas en los ojos. -Voy a hablar con tu padre, esto no puede estar pasando, no en esta época del año. ¡Qué te pensás vos, que nos vas a abandonar así como así. -No me busqués, no pienso volver. Quiero ir a la capital, no soporto un día más en casa, con ustedes, muriéndome de soledad, sin ver lo que me gusta con mis propios ojos, ahí donde pasan las cosas. -¡Ya vas a ver! -gritó ella, desconsolada, reclamando a su hijo todas las desdichas juntas. Rufino cerró su celular y lo apagó. quería huir, escapar de aquella realidad domés...