Olvido
-Es imposible hacerlo aquí -le dije con firmeza. -No dale, animate: hay lugar y estamos solos -contestó. -Vamos, no quiero. No aquí -insistí. Caminamos unos metros y vimos un árbol derribado con algunas inscripciones de corazones y nombres de personas que decían amarse. Era una invitación a recostarse y dejarse acariciar por la brisa de la tarde, de aquella tarde sombría en que nos vimos en una situación inequívoca de amantes, aunque todo indicara que era mucho más peligroso. Pero no íbamos a evitarlo, no teníamos la menor intención. Además, sus besos comenzaron a mecerme y llevarme en la dirección contraria. Contraria a todo lo conveniente y perfecta para nuestros cuerpos que empezaron a dejarse llevar. Más tarde, en el cine, mientras la película se ponía aburrida, nos besábamos recordando y acariciándonos, tiernamente al principio y apasionadamente después. Solos, en el cine, teníamos espacio de sobra para pensar en nada y dej...