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Mostrando las entradas de marzo, 2012

Un árbol frondoso

Aquella mañana, trepado a su árbol preferido, mi amigo Julián cantaba con voz de hincha de fútbol todas las canciones que había aprendido en la cancha cuando lo llevaba su abuelo.  Y las sabía todas, no le hacía falta anotarlas en absoluto, las conocía de primera mano, de la popular, ahí donde lo llevaba el viejo, que había sido jugador de fútbol del club de barrio y ahora ya no estaba para verlo festejar. Había crecido, ya no era el mismo ni era un niño.  Pero seguía subido al árbol, recordando viejos tiempos, aquellos años de infancia con su grito ahogado de emoción y lágrimas por su abuelo, por el fútbol, por el árbol de la infancia que ya no estaba frente a su casa, sino frente a la casa que sus padres vendieron muchos años atrás. Todo el vecindario conocía la afición de Julián y su abuelo.  Era buen jugador.  Jugaba en el medio de la cancha, controlando todo, dando órdenes y armando el equipo.  Cuando hacían un gol, su festejo era tranquilo, normalmente...