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Mostrando las entradas de agosto, 2012

La máquina gana

"Luces calientes atraviesan mi mente,  te veo a vos." Sumo -Tengo un par de deudas o mejor dicho, un par de miles de deudas.  A cada santo una vela como reza el dicho popular.  Sin embargo estoy convencido que antes que el año termine, saldaré la mitad al menos.  -Rufino se consolaba pensando lo bien que iba el trabajo.  Era la época del año en que las cosas suelen empezar a cambiar de rumbo, la temporada alta que le dicen.  Los clientes empiezan a agolparse en la entrada del negocio, y la cara del dueño cambia totalmente.  Se convierte en un sujeto agradable, sonriente y generoso  que lo tiene a uno en bandeja de plata.  Te da todos los gustos, incluso antes que te atrevas a pedirlos.  Es adivino.  O brujo.  Se me ocurre ésta metáfora: cuando el viento sopla de cola y las olas están bajas, la nave avanza a toda marcha y el jefe es bueno, solidario y buen compañero.  Pero cuando el viento arrec...

while en Emacs Lisp

Una plantilla para el comando  while  en Emacs Lisp sería la siguiente: (while true-or-false-test body...) Este bucle se va a ejecutar siempre que el test nos de 'verdadero'. Evaluar una lista vacía, nos da 'nil'.  Entonces puede ser útil para salir del bucle, simplemente evaluar una lista.  Si la lista está vacía, salimos del bucle.  Si no, continuamos con la ejecución del mismo que puede ser, por ejemplo, quitar un elemento de la misma, y así sucesivamente hasta encontrarnos con la lista vacía. Otra posibilidad naturalmente es utilizar un contador.  Este contador a medida que va ejecutándose el bucle, va decreciendo hasta llegar a un valor que ocasionará que el test de falso y así salir del bucle. El test puede ser una expresión del tipo (< contador numero-deseado) que va a devolver t de verdadero si el valor de contador es menor que el del número deseado. inicializar contador (while (< contador numero-deseado) ...

Un robo programado

Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero que habían instalado detrás de la puerta.  Se sentó un momento en la silla del living y apoyó el codo en la mesa, pensativo, observando la calle a través de la ventana.  ¡Qué hice!  Se preguntaba.  ¡Qué hice! Un fuerte golpe.  Más de cien mil pesos robados a gente que seguramente no los necesita.  El sentimiento de culpa estaba presente, para recordarle que otras veces había actuado igual, desobedeciendo las costumbres familiares, los mandatos sociales y la seguridad impuesta por su conducta intachable.  Tenía ese socio bastante hábil para atar personas en situación de robo, bastante hábil para planear hechos delictivos, y llevarlo a él por el camino del delito, convirtiéndolo en el malo de la película, en el personaje que nunca en su vida había sido un héroe para el.  De chico veía las películas del lejano oeste y se encariñaba con los buenos, jamás con los malos.  Había leído que ciertas person...