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Mostrando las entradas de mayo, 2011

Sudor y frío

Sólo necesitaba comprar un cigarrillo en el kiosco de la esquina, y así hizo.  Aspiró hasta llenarse los pulmones como si fuera la última pitada del condenado, mirando el cielo diáfano y el entorno otoñal, que lo desafiaba a seguir caminando hasta encontrarse con alguien.  El día se prestaba para la conversación, para la charla animada con quien sea, de cualquier cosa, hasta de bueyes perdidos, que por esta zona no había siquiera uno para conocerlos siquiera. Sin embargo, esta vez no tuvo suerte.  Siguió caminando alrededor de la cuadra, se terminó su cigarrillo, y se encontró con un perro que daba vueltas extrañamente sobre sí mismo, como atontado y perdido, sin saber qué hacer.  Otro perro, más grande, se dispuso a atacar.  Aquel gritaba dando aullidos desesperado arrinconado en el piso por el otro que abría  las fauces más grandes demostrando que no estaba para bromas, que la cosa iba en serio, que acá era el final de todo.  Una vecina s...

Bajo el cuadro

Llegaron después de mi, pero lograron entrar primero a la cita.  Guardé silencio todo el tiempo hasta que llegó mi turno, lógicamente, no era mi intención perturbar la reunión. Hablaron por más de dos horas, agitadamente, sobre políticos y candidaturas, bajo una lámina de Monet que languidecía sobre la pared color pastel.  Mi número era el siete.  Todo un número.  Sin embargo, pensé, debería haberme tocado "último" que era el más adecuado. Hicieron silencio.  Agradecí mentalmente,  su voz chillona era insoportable.  Un tumulto de gente hacía menos ruido.  La impresora matriz de puntos en la sala contigua comenzó su trabajo, ruidoso y circular, que me transportaba a otros tiempos de ilusiones y  rechazos, de franquezas y rupturas. Escuchaba en silencio, inmutable y sereno frente al cuadro de Monet. García Be