Tengo un plástico mudo
que cuelga del cuello
y recuerda los besos, siempre
giro en torno a eso.
Sin embargo a veces, el cuelgue
me trae otras reminiscencias,
como de poesía platónica
que no quiero ver
Porque las chicas, convengamos,
se cuelgan del cuello de uno
por un rato y después saltan, como
de rama en rama en busca de otros
Cuellos de colores, y de buscar.