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Mostrando las entradas de mayo, 2012

La terapeuta

Eran las seis menos cuarto.  Sergio guardó lo que tenía en su mano, subió el cierre y apretó el botón, mientras miraba sin ver por la pequeña ventana que daba al patio del consultorio de la terapeuta que lo estaba tratando. -Faltan 15 minutos y me rajo por fin de aquí -dijo en voz baja arreglándose el pelo al espejo.  -Qué tengo yo que andar contándole mis cosas a esta mujer cara de nada que me mira por encima de esos lentes viejos y gastados, por Dios, en qué estaba pensando cuando acepté venir, pedir turno, organizar los horarios de trabajo y, lo que es peor, decirle a mis amigos que estaba en tratamiento para curarme mis manías.  En especial la de enterrar sobras de comida en el patio, los días lunes. Abrió la puerta.  La terapeuta estaba desnuda en el diván, sin los anteojos, el pelo suelto y la mirada clavada en él señalándolo con el dedo como diciendo "vení querido, vení conmigo..."  Ni en sus mejores sueños se había atrevido a pensar en una situación a...

Una bonita historia

De pie frente al empleado del banco, contaba el dinero, cuando escuchó los disparos al aire (una locura) y los gritos de la gente y las amenazas del ladrón.  De inmediato buscó alrededor una mirada que le dijera qué hacer en una situación como esa.   Tirarse al piso, con dinero nuevo, su dinero, sus ahorros y un maldito chorro al acecho.  Qué mala suerte.  Ahora tendría que entregarle todo y pensar en la fortuna de seguir con vida, si es que aquel delincuente tenía la bondad de dejarlo ir.  ¿Y si estaba drogado o borracho y enloquecía de pronto, y empezaba a los tiros contra él y los que estaban ahí en la fila?  Sería estúpido morir así, de ninguna manera lo permitiría.  En especial por su familia que lo estaba esperando.  Sano y salvo y con dinero.  Ojo.  Mucho cuidado con volver con las manos vacías.  Mucho cuidado con volver a casa con las manos lastimadas.  Tendría que hacer algo con aquel tipo.   No sabía qué, pero de...

En las nubes

¡Cómo quisiera usar mi computadora en este momento! -dijo el muchacho agazapado entre los barrotes fríos de la prisión, mirando hacia el patio de la celda.  Se sintió penosamente aturdido por el griterío confuso de otros internos.  Alguien había recibido un puntazo en el abdomen, estaba seguro. Era un guardiacárcel, que pasó corriendo frente a su celda, rengueando y dejando a su paso un reguero de sangre.  Pensó en lo divertido que se estaba poniendo aquello.  Era la segunda semana de condena cumplida y ya había movimientos inquietantes dentro del penal.  Lo inquietante era que el guardia no llevaba la pistola reglamentaria.  Probablemente se la habían quitado en la pelea, o posiblemente no ingresaba a ese sector con su arma por seguridad.  Pero él sabía que todo podía pasar de un momento a otro.  Le habían advertido que esa cárcel era de máxima seguridad, que los nenes que estaban ahí encerrados podían hacer cualquier cosa.  Ya sea co...