Llegó caminando al estudio del abogado. Miró la placa en la puerta, tocó timbre y pasó. El lugar tenía el perfume que a Rufino le gustaba, una suave brisa marina parecía recorrer la sala, sin conocer el mar el creía reconocerlo ahí. Se sentó a esperar y de inmediato tomó una revista y se puso a ojearla nerviosamente. Había otras personas esperando. Una chica rubia a su izquierda, de muy buen gusto vestida, que seguramente olía muy bien también. Pero es así -pensó Rufino- acá te encontrás de todo, si no mírame a mi, que me cita la policía por un simple caso de robo. Por que estará ella aquí, cual será el caso policial que la trajo y ahora es objeto de las miradas y el pensamiento de Rufino quien dejó de estar interesado hace rato en esa revista. Ella rompe el silencio inesperadamente con una bofetada en el alma de Rufino: viene a denunciar a su marido por abandono. La dejó tirada en la calle, en medio de la noche, según dice porque no se animó a irse d...