De viaje
Tambaleante, llegó a la estación con su valija medio armada buscando dónde preguntar los horarios de salida del tren que va a Buenos Aires. Ahí le dijeron que no, que ya no había viajes hasta la capital, que tendría que buscar un colectivo. Pero claro, estaba como borracho. Insistió. Volvió a insistir. Tiene que haber uno, decía, por favor, necesito viajar en ese tren. No señor, no hay manera que ese tren viaje: es un adorno, digamos, una reliquia que se conserva ahí pero no funciona y menos para viajar. Adivinen qué. Fue y se subió. -¡Vamos, a toda marcha! -gritaba enloquecido por la ventanita de la locomotora. Y hacía ruidos extraños como de una máquina de vapor atronando con fuerza para levantar algo que dormía hacía años y no había manera. Las empleadas de la estación que cumplían horas en el museo, los ojos bien abiertos, no lo podían creer. -¿Qué hacemos, llamamos a la policía? -preguntó la mujer a su compañera. -No...