El muchacho a mi izquierda agita su pie en señal de impaciencia. Me mira de reojo, puedo notar su inquietud, su rechazo. Es mejor que espere, que siga esperando -pienso- otro buen rato, a él y a mí nos vendría bien otra cosa, pero no hay. Carraspea la garganta seca por el frío, se muerde las uñas con sus otras uñas y sonríe mintiendo a todos ahí que se creen la mentira de que le queda tiempo.
Ahí aparece el titular de esta Asociación. Me mira directo a los ojos y me saluda. El muchacho se levanta y se dirige rápidamente ejerciendo su derecho y me deja sólo, ahora si entiendo la rapidez de su mirada y su enojo. Tiene suerte, lo van a atender primero -me digo- y sigo hojeando la revista que había sobre la mesita. Ahora soy yo quien mira de reojo, a mi derecha, a mi izquierda, buscando también que los minutos pasen más rápido. Tal vez, ya quiero irme.
Resignación viejo, el ambiente del fútbol es así. Es lo que hay.
García Be