Entradas

Mostrando las entradas de 2014

Olvido

-Es imposible hacerlo aquí -le dije con firmeza. -No dale, animate: hay lugar y estamos solos -contestó. -Vamos, no quiero.  No aquí -insistí. Caminamos unos metros y vimos un árbol derribado con algunas inscripciones de corazones y nombres de personas que decían amarse.  Era una invitación a recostarse y dejarse acariciar por la brisa de la tarde, de aquella tarde sombría en que nos vimos en una situación inequívoca de amantes, aunque todo indicara que era mucho más  peligroso.  Pero no íbamos a evitarlo, no teníamos la menor intención.  Además, sus besos comenzaron a mecerme y llevarme en la dirección contraria.  Contraria a todo lo conveniente y perfecta para nuestros cuerpos que empezaron a dejarse llevar.  Más tarde, en el cine, mientras la película se ponía aburrida,  nos besábamos recordando y acariciándonos, tiernamente al principio y apasionadamente después.   Solos, en el cine, teníamos espacio de sobra para pensar en nada y dej...

Relato (tercera parte)

Eugenia, que ya estaba mejor, abrió el portón de su casa y buscó la bicicleta. Salió a la calle principal a recorrer un poco el vecindario y si tenía tiempo, andaría por el parque, que el clima estaba hermoso, lleno de luz y fresco para la hora que era: las 9 de la mañana. A esta hora, normalmente ya el sol está alto y cualquier actividad física se convierte en un baño sauna. Pero esa mañana, hacían apenas 8 grados y unas nubes iban y venían ensombreciendo y aclarando el cielo continuamente. Ella agradecía el fresco, se sentía en plenitud con el verde de los árboles, el canto caótico de las aves en esa época del año, y algunos ladridos de perros callejeros que a esa hora han comenzado su rutina matinal de buscar restos de comida en los cestos de basura. Buscar restos de comida, y destrozar el orden y la prolijidad de la calle también. Y no dejarte dormir si puede ser. Hay que ladrar justo a la hora en que se acuestan -parecían decir aquellos animales-, y ladrar si es posible de manera ...

Relato (segunda parte)

Eugenia ya es toda una profesional de la arcilla. Trabaja desde muy temprano hasta eso de las diez y se va al centro, a visitar amigas, o al gimnasio que queda cerquita del parque. Los trabajos los está empezando a vender en las casas de artesanías o regionales que ahora con el auge del turismo hay por todos lados. Los que más le compran son los que están en Valle Grande, que hay muchos y trabajan bien. No alcanza a recorrerlos todos, cuando faltan unos kilómetros para llegar al murallón, se queda sin productos. Lo suyo es puramente artístico, no quiere producir en serie ni industrializar por ahora, una producción lenta y cuidada es lo que prefiere. Los comerciantes siempre le están pidiendo más: «Traenos más Euge, que tengo las cabañas llenas de gente y los tuyos siempre gustan» le dicen, y ella encantada de escuchar eso, promete que sí que va a venir antes de fin de semana con unos nuevos que está haciendo, hay uno que es una mano, dice, que lo estoy terminando y va a quedar fantásti...

Relato (primera parte)

Comenzar de nuevo. Volver a empezar, dejar atrás aquello que tanto malestar le producía y calzarse con humildad los botines y salir a la cancha. Como aquella vez que metieron cinco, y él hizo tres. Y se los dedicó a Eugenia que estaba en la tribuna detrás del arco contrario, en los dos primeros. Y los gritó frente a ella y estaba feliz y los festejaba a sus anchas.  Habrían festejado dentro de la cancha, gritando como locos, pero era imposible. Ella estaba envuelta en una humareda blanca que el viento arrinconaba frente a las gradas,  por el vendedor de choripán detrás del estadio. Habría saltado, habría hecho toda clase de payasadas estando ahí con él, pero estaba detrás de la tela, y gritaban como locos su gol número dos. -Hola Eugenia -le dijo horas después por teléfono-, te ví en la tribuna, sos loca cómo te metés entre la gente de la popular. -Bueno, cuando me gusta algo voy al frente -dijo ella. -Pero ese estadio es un horno en verano y vos con esas musculosas, t...