Para seguir viviendo
Lo mira fascinada, pensando cuánto amor, cuánta locura aquellos días de primavera cuando se conocieron y empezaron a salir, a frecuentarse animadamente. Lo mira jugando al fútbol, con sus amigos, en el baldío cercano que alguien regaba aprovechando las acequias que había en la ciudad, que traían agua de quién sabe donde y que la gente usaba para regar las plantas y las calles de tierra. También lo observa cuando arregla un auto para competir en las carreras de speedway. Pero ahí la dificultad son los auspiciantes. Todo el revuelo se arma llegando el fin de semana, porque a la noche tienen que presentar el auto, y correr. Hay que llegar afinados, con el auto bien armado para ganar por las buenas o por las malas. Había abandonado los planes de ir a estudiar a la capital de la provincia. Es que por aquel muchacho era capaz de cualquier cosa, sería capaz de eso y mucho más. Tan fuerte era su amor a esta altura de las cosas. Lo sentía así, y que...