Regresó a casa, y se fue a duchar. En el baño cantaba alguna canción aprendida ahora que vivía cerca de todo. La radio en la pensión estaba todo el tiempo encendida, todo el tiempo en alto volumen, nadie quería bajarle ni cambiar de estación. Siempre se escuchaba bien y era del gusto de todos. Cantaba mientras abría la ducha, y empezaba a desvestirse. El agua caliente era algo que había empezado a disfrutar por la facilidad con que disponía de ella. En su casa del campo había que luchar para bañarse en invierno con agua fría, o apenas tibia con algunas brasas bajo el lavador y después tirarla lentamente sobre la cabeza y comprobar que no era suficiente, que seguía muy fría, y que mientras más se demoraba más frío pasaba. Ahora en cambio, a bañarse lento, a disfrutar y a cantar. Esa era su tarea. Llevaba encima un reloj. Miró la hora y se sumergió en la bañera llena de agua, con una sola meditación dándole vueltas en la cabeza. ¿Cómo hacían para calentar el agua así, y...