Rufino lanzado (XIV)
Rufino corría mientras se desplomaba una manga de piedras al mejor estilo cacería humana, lanzada contra todos en esta ciudad ahora gris de nubes y malhumor. En esto estaba cuando alguien salía de un negocio de la cuadra y tropezó con él y los dos cayeron al suelo, al agua, a las piedras amontonadas. Resbalaron por el colchón de granizo que ya se había juntado en la vereda, y los dos se miraron a la cara confundidos, aturdidos y llenos de bronca. Pero qué haces boludo -quiso decir Rufino- pero se guardó la puteada pensando que tal vez él también tenía la culpa del incidente. El otro flaco se levantó rápidamente y siguió corriendo, detrás de el, el dueño del kiosco salió con el inalambrico en la mano, llamando a la policía: le acababan de robar. Ese idiota que tropezó en la puerta del negocio, se llevaba la recaudación del día. Bien hecho por hijo de puta. Que se parta la cabeza en la esquina también, gritaba mientras le contestaban del otro lado...