Sumisión
Tocó el timbre, y a mí me tocó atender con el teléfono en la mano. Ella también venía contestando un mensaje o algo así y me sorprendió ver su rostro malhumorado, desencajado y tembloroso. ¿Qué noticia habrá recibido, qué le dijeron que tenía esa expresión de espanto?
Yo, consuelo podría darle. Estoy acostumbrado desde que aquí en casa las desgracias se vienen sucediendo muy a menudo, ya es un escándalo. Mi preocupación mayor es que ella sufra por algo que se podría evitar y no lo hago por ignorancia, o porque ella es muy reservada y capaz de mentirme antes de pedir ayuda...
Me quedé estupefacto, enseguida cambió su humor, pasó de un momento a otro a saltar de alegría y su felicidad era tan increíble como su tormento. No lo podía creer, entonces le pregunté:
-¿Me voy a morir?
García Be