miércoles, 19 de mayo de 2010

Utopía

Entendí tu llamada, adiviné al instante qué me querías decir y pensé que sería bueno que nos viéramos personalmente antes de tomar esas medidas tan drásticas como pedir la renuncia de tus subordinados, por faltar una vez a la clase.

Entiendo que tus charlas son de primera. Lo entiendo. Pero decirle a tus empleados que no deben faltar o de lo contrario serán removidos del plantel de personal me parece sencillamente un abuso, una canallada. ¿Dónde te educaste? ¿En qué infernal escuela te graduaste en Recursos Humanos?

Estás avisado. Así no va conmigo, no lo quiero para mi entorno. Sos idiota, sabelo. Te conozco porque alguna vez me comporté así, está bien, ya se lo que me vas a decir, que mejor me calle entonces. ¡Pero qué va! ¡Cambié, te juro que cambié! Y a tiempo, justo antes que cambiara el milenio era ya otra persona. Mi computadora se descalabró entonces porque no estaba "año 2000 ready" y se le hizo una mezcolanza de números de la que ya no pudo salir. Estuvo todo un mes procesando información me acuerdo. Se quedó tildada y no había manera de sacarla de ese bucle infinito. Fue muy gracioso, la tuve que desenchufar. Ese trasto aún lo conservamos. Está intacto, pero tengo miedo de prenderlo a ver si se queda tarado sin saber para donde tomar, encima imaginate que lo conecte a internet.

Pero yo cambié. Digamos me adapté, en cambio vos seguís con la misma idea de hace 20 años. ¿Vas a echar gente? Tené cuidado y andá sabiendo que te las vas a ver conmigo.


García Be