miércoles, 15 de septiembre de 2010

Rufino lanzado (V)

Rufino llega a la pensión y encuentra todo revuelto. La dueña discute con otro inquilino que hace días que no paga su mensualidad y esto le complica el mes, que se atrasa en el gas, en la luz y en todos los servicios que presta en su cuchitril. Rufino pasa por un costado, esquiva la situación y se siente observado, sabe que a él le va a tocar un día como no haga algo pronto para conseguir trabajo. El dinero ahorrado no le va durar toda la vida, lo sabe, es más, tiene que apurarse o de lo contrario en dos meses estará pasando esta situación.

Dos meses se pasan volando, piensa, y sube las escaleras. En el último peldaño Jorgelina prepara un parcial de Estadísticas. Él no entiende pero le da charla igual.

-Hola, cómo va eso? -pregunta sonriente.

-Bien, aquí estamos con frio, esta vieja ya nos cortó el gas -responde ella visiblemente enojada.

-A ver, esperá. -Rufino va a su habitación, toma la frazada y se la trae. Dulcemente abriga la espalda de Jorgelina y se sienta a su lado.

-¡Gracias! -dice ella.

-De nada. Vos me gustás, sabías? Desde el primer día que te ví, no he podido quitarte de mi cabeza.

-Ayyy, salí, no seas pesado -responde ella, ruborizándose ante la imprevista declaración de Rufino.

-De verdad, me encantan tus rulos, son hermosos. Además, sos una buena chica. ¿Te animás a salir este sábado conmigo? Vamos a tomar algo.

-No puedo, disculpá, me tengo que ir a bañar ahora, después hablamos. -dijo ella, le dejó la manta, subió a su habitación y cerró la puerta.

Rufino quedó desconcertado y solo en medio de la sala. Una ventana dejaba entrar algunos rayos de sol. Era temprano y sólo a él se le podía ocurrir decir tales cosas a esa hora. Se sintió avergonzado y quiso correr a pedir disculpas, pero no -se dijo- mejor lo dejo así. Minutos después ella saldría de su habitación y se iría a bañar, tal como había dicho. Tal vez ahí la volvería a encarar y a decirle que lo sentía que no lo volvería a hacer, pero que por favor, le diera una oportunidad de salir el fin de semana. Tenía unos ahorros, la invitaría al cine y al parque de diversiones. Seguro con eso la convencería de empezar un noviazgo. Su dinero era suficiente hasta ahora. Todavía no había comprado la computadora que tanto deseaba, esa que ya había visto en revistas y en la televisión.

Se encerró en su habitación, quería pensar. Como siempre se tiró en la cama a media luz y prendió un cigarrillo. Tosía. No estaba acostumbrado todavía al humo, y mucho menos en el encierro de su cuarto, tan amplio era su campo, tan libre se sentía, respiraba todo el aire puro de la finca. Los árboles lo rodeaban y lo refrescaban todas las tardes cuando el sol estaba a pleno. Aquí era diferente. Su cuarto tan solo tenía una pequeña ventana que daba a un patio interno. Apenas la claridad podía entrar ni siquiera el sol directo. ¿Qué hago? -pensaba- ¿compro la compu o la invito a Jorgelina a salir? -Solamente tenía que insistir, llevarla al cine no costaba tanto y el parque tampoco, pero su presupuesto era limitado.

Tomó su celular y empezó a escribir un mensaje. Antes de terminar se había dormido.