miércoles, 17 de febrero de 2010

Atropello

-Salgo, ya vuelvo, voy a comprar para hacer la comida. -dijo y salió cerrando la puerta detrás suyo.

Inmediatamente después se escuchó un ruido en la calle, una frenada y todos corrimos afuera esperando que por favor ella nada tuviera que ver con el asunto. Y por suerte, gracias a Dios digamos, habían atropellado un perro y no a Carina.

Todos lamentamos la suerte del animal, nos dio mucha tristeza. Estuvimos por un momento intentando arreglar sus huesos en la calle, pero había quedado maltrecho, el impacto fue mortal. Unos minutos más tarde, después de unas convulsiones murió.

Lo levantamos y llevamos a un lote abandonado donde hicimos un entierro simple y propicio para una mascota, que dicho sea de paso, ignoramos si tenía dueño o no. Es un peligro tener mascotas y no cuidarlas, los autos corren graves peligros andando por la calle y cualquier impacto puede ocasionar gravísimos daños. Terminamos y salimos satisfechos de haber cumplido una tarea si no cristiana, al menos de orden y limpieza en la ciudad.

Al salir, nos encontramos con una nenita que corría de aquí para allá preguntando por su mascota. Bonita.., tuvimos que decirle la verdad. Ella, inmediatamente, rompió a llorar desconsoladamente.

La situación se estaba complicando, ¿por qué hicimos tantas cosas sin preguntar siquiera en el vecindario si alguien conocía ese perrito? En fin, tanto lío, tanto ensuciarnos las manos, tanto sudar para nada, para volver a ver después en alguien la tristeza reflejada en esas lágrimas de lamento.


García Be

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