viernes, 8 de enero de 2010

Esquina

Ella limpia la escalera sin advertir que estoy observando la escena detrás del vidrio espejado de una ventana. Come chicle y hace minúsculos globitos que explota a cada momento. Puedo dejar de mirar pero no tengo ganas. Es muy atractiva en su tarea, me seduce su dedicación y noto que hay algo más: su pelo recogido, su mirada detrás de los anteojos, su esmero, o simplemente su ropa.

Quiere avanzar por debajo de la escalera pero algunos compañeros le impiden el paso, jugando, hacen bromas sobre sus guantes de llamativo naranja y látex. Vuelca el contenido del balde, los mancha con cloro, se ríe, me mira detrás del vidrio, busca complicidad en los ojos. Siempre supo que yo estaba ahí, entonces mi cara asume un intenso color rojo de vergüenza y calor.

Cinco minutos más y me voy de aquí.


García Be.

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