miércoles, 11 de enero de 2012

Puticlub

Corrió a esconder la ropa de su amigo en un lugar seguro.  Afuera reían y le contaban a todos la gracia.  Lo habían dejado desnudo en las duchas.  Era verano, y después del voley  un grupito de  jugadores fue a refrescarse en la pileta, mientras los otros decidieron pasar por el vestuario a quitarse la arena y el sudor.

La genial idea se le había ocurrido de pronto, cuando lo vio dejar el pantalón fuera del locker cerca de la ducha en un banco.  Exactamente ahí se le prendió la lamparita.... justo debajo del modesto foco que alumbra los baños del club,  con las paredes descascaradas y la humedad en todos los rincones.

Mientras afuera reían y pensaban en las puteadas del acalorado bañista, en el interior de las duchas se libraba una batalla singular.  Nuestro amigo se había resbalado y se había roto el cuello con el borde del piso, aquel que hicieron para contener el agua, que no escape hacia los baños.  Había quedado con la cabeza en un rictus mortal, mirando al cielo, la ducha corriendo, los otros preguntándose qué le pasa a éste que no sale del baño, ni mete ruidos, por lo menos sonarse la nariz con violencia, ni siquiera pedir como broma que le alcancen el jabón unos chicos que pasaban por ahí y no tendrían siquiera 18 años, y le gustaba a él como a los otros gastarle bromas a los más chicos, hacerles pasar papelones si total estaban en el vestuario de hombres y ahí se pueden hacer este tipo de chistes que todos festejan.  Menos él, que ahora tiene el cuello fracturado y la sangre no llega donde debe llegar, los pensamientos han ido haciéndose fugaces y livianos en estos minutos y la vista se ha hecho demasiado borrosa, al punto de no ver siquiera el agua que todavía le moja la cara y la refresca.  Afuera hay uno que todavía festeja su ocurrencia como un gol de cabeza en medio de una defensa de tipos enormes, se rie a carcajadas con los otros que se dicen buenos amigos y lo quieren, y por eso se animan a hacerle bromas.

Cuando lleguen a verlo y descubran la expresión del rostro del amigo muerto, qué cara pondrán ellos, tal vez se les quiebre la sonrisa, tal vez lloren desconsoladamente, tal vez alguno amague con llamar de inmediato al doctor que en ese momento estará haciendo revisaciones médicas para permitirle entrar a la pileta a los demás.


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