jueves, 4 de agosto de 2011

Espacio

La secretaria me invita a pasar gentilmente y yo acepto.  Tengo reunión con un compañero de secundaria y tenemos mucho de qué hablar, pues hemos estado distanciados mucho tiempo pero aun así, espero confiado que el reencuentro sea agradable.

La oficina tiene ese perfume a limón característico que invade la razón y abruma el sentido del olfato.  A los pocos minutos comienzo a sentirme agobiado, fastidiado y ya quiero abandonar la espera porque todo se vuelve misterioso, ya no se qué hago aquí.  Pero reservo una cuota de alegría y entusiasmo que se sobrepone a las ganas de escapar o explotar a los gritos en un intento de resolver mis problemas de manera primitiva y brutal.

Me llena la garganta el nombre desconocido de una planta carnívora que decora la sala y digo:  -¡PLANTA!



García Be

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