Entradas

Rufino lanzado (II)

Se mueve de aquí para allá, se acomoda una y otra vez, gira su cabeza hacia la ventana y después al pasillo. Una luz ciega su mirada, es el sol bajo del amanecer que ya está entre nosotros, piensa. Su vista va de aquí para allá, estudiándolo todo, analizando cada cosa con cuidado. Su compañero de asiento duerme tranquilo qué afortunado. El whisky demora todavía un rato más pero al fin llega. La azafata lo trae con una sonrisa dibujada y no disimula su desagrado. Estas no son horas, piensa pero qué tanto, es un viaje largo y seguramente no se moverá de ahí por un buen rato, mucho más de lo que dura el efecto del trago en su cuerpo, de alguna manera ya estaba acostumbrado al alcohol. En su finca se elaboraba vino, tenían lo que hace falta y hasta él conocía la receta. Varias veces habían calmado la sed agobiante de verano tomando de la bordaleza después de un agotador partido de fútbol. Su cabeza conocía la sensación de estar a punto de explotar. Pero esta sensación era singular...

Rufino lanzado (I)

Rufino corrió. Lo hizo tan rápido como le fue posible a esa hora de la mañana. Atrás dejó a su padre y sus hermanos, el campo, los caballos, la finca, el arado, la viña, la cosecha, el vino y todo lo demás. Se subió al colectivo agitado, sudoroso pero feliz. Los que iban a la ciudad lo conocían, pensaron que esta vez se había quedado dormido pero no, él estaba dispuesto a comenzar una nueva vida en la ciudad, lejos de los trabajos en la tierra, lejos de las angustias por la cosecha y de la mala paga. Se veía a si mismo triunfando rápidamente en alguna actividad de las tantas que habían allá y que lo habían fascinado en su último viaje, a los catorce años, con sus primos y su padre. Ahora tenía dieciocho, se sentía libre y fuerte, con todas las ganas y muchas ansias de hacer cosas que le rindieran frutos. Buscó una butaca vacía y se sentó sin mirar siquiera, pero había alguien a su lado. Sumido en sus pensamientos vio de reojo una pequeña caja a los pies del acompañante, con unos...

Sombra

Imagen
García Be

Las mañanas

Se acercó a su cama en medio de la noche. Él dormía tranquilo. Ella llevaba una prenda íntima muy ligera, dejaba ver su desnudez sutilmente. Temblaba. Su aliento sereno y mágico lo envolvió de inmediato y una revolución inesperada nacía en su interior, ya antes de despertar por completo. La miró confundido apenas pudo abrir los ojos, y se enamoró, se sintió único, elegido. Ella venía a ofrecerse, llena, sabia, como las mañanas frescas de primavera. La realidad comenzó a despertarlo, se dio cuenta y suavemente empezó a alejarse. Trataba de explicar, quería decir que no, que él tenía compromisos y ella también, que era muy hermosa pero no, además su marido estaba ahí mirando. Que aquello no era posible y no iba a ocurrir. G arcía Be

Una mirada

Una mirada de aprobación, eso es todo lo que Luciana quería. Eso esperaba de su padre, así que fue y se lo dijo a la cara, temblando, asustada de aquella persona severa y hostil que apenas conocía. Lo quería sin embargo como se quieren las estrellas de cine y las historias de final feliz. Esperaba un milagro: que su padre consintiera ese viaje, ese cambio de vida a una ciudad más grande, más al centro de todo, rodeada de todos los encantos que a ella siempre le habían fascinado. Ciudades populosas llenas de ruido, gente y estruendos. Se preguntaba: "-¿Podré vivir yo ahí, si todos los días un embotellamiento demora el regreso a casa, una o dos horas?" Pero su padre dijo no. Apenas le bastó una mirada para decirlo, no hizo falta el puñetazo en la mesa ni la bestialidad de sus palabras. García Be

Reviente

Ignacio se rebeló un día, prefirió comprar pan roseta en vez de francés pero su madre no lo perdonó. En el camino de regreso a la panadería pensaba hay que hacer algo para comer ese pan que le resultaba tan atractivo. Nicanor temblaba de frío, era el último día de la semana, le quedaban sábado y domingo para levantarse tarde y ver pasar la mañana congelada desde su cama, abrigadito. Tamara quería un bebé. ¡Lo había pedido tanto! Ella y su novio lo buscaban con empeño, llevaban un calendario de los días fértiles en su computadora pero pensaban que había sido hackeado. Américo cruzaba las vías del tren imprudente y el maquinista fingía no verlo a tiempo, lo cierto es que quedaba destrozado al costado de las vías, su cabeza hecha añicos debajo del último vagón. García Be

Sumisión

Tocó el timbre, y a mí me tocó atender con el teléfono en la mano. Ella también venía contestando un mensaje o algo así y me sorprendió ver su rostro malhumorado, desencajado y tembloroso. ¿Qué noticia habrá recibido, qué le dijeron que tenía esa expresión de espanto? Yo, consuelo podría darle. Estoy acostumbrado desde que aquí en casa las desgracias se vienen sucediendo muy a menudo, ya es un escándalo. Mi preocupación mayor es que ella sufra por algo que se podría evitar y no lo hago por ignorancia, o porque ella es muy reservada y capaz de mentirme antes de pedir ayuda... Me quedé estupefacto, enseguida cambió su humor, pasó de un momento a otro a saltar de alegría y su felicidad era tan increíble como su tormento. No lo podía creer, entonces le pregunté: -¿Me voy a morir? García Be