Crucé la calle y toqué timbre. Abrió la puerta de inmediato, tal vez esperando encontrar la mujer de su vida, pero lo que había era simplemente yo. Lo puse al corriente acerca del pedido que vamos a preparar juntos. Ahora le decimos pedidos porque hasta no tener la aprobación del cliente no estamos libres de una cancelación, nos movemos con absoluta reserva. Cierta vez sucedió que empezamos a preparar un envío a Europa y se canceló minutos antes de embarcar. Amargamente perdimos en ese instante millones de dólares como si nada. Fue un aprendizaje duro, que jamás olvidaré. Los buenos aprendizajes lo son. Duros. Sirvió para unirnos más aquel día. A partir de entonces solo hacíamos algo si estábamos seguros que el colega estaba al corriente y tomados los recaudos necesarios. Ya nunca volvimos a equivocarnos tanto. Pero la lección la a...