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Rufino lanzado (XVIII)

Una película de ciencia ficción -se dice Rufino-, buscando imágenes familiares pero eso que ve lo deja enmudecido, parece descubrir un mundo nuevo a cada minuto, una realidad totalmente diferente.  Ve pantallas de computadora reales o virtuales donde los actores mueven hilos, corren cortinas, abren puertas, cierran ventanas, y toda clase de operaciones de la vida diaria que jamás ha visto a su alrededor. Pero en el cine todo es posible, él lo sabe y aún así está maravillado y quiere salir cuanto antes a contar esta novedad, a compartirla con alguien a ver si también lo conmueve de pronto.  Si: de pronto se corta la película, se enciende la luz y los pocos espectadores comienzan a hacer ruido, a quejarse.  Se asoma un acomodador y dice que ya vuelve, que ha habido un pequeño corte de luz y que el generador no alcanza para proyectar el filme pero que en unos minutos todo vuelve a la normalidad.   Rufino abre su paquete de pochoclos y se entretiene mirando alrededor, ...

Espacio

La secretaria me invita a pasar gentilmente y yo acepto.  Tengo reunión con un compañero de secundaria y tenemos mucho de qué hablar, pues hemos estado distanciados mucho tiempo pero aun así, espero confiado que el reencuentro sea agradable. La oficina tiene ese perfume a limón característico que invade la razón y abruma el sentido del olfato.  A los pocos minutos comienzo a sentirme agobiado, fastidiado y ya quiero abandonar la espera porque todo se vuelve misterioso, ya no se qué hago aquí.  Pero reservo una cuota de alegría y entusiasmo que se sobrepone a las ganas de escapar o explotar a los gritos en un intento de resolver mis problemas de manera primitiva y brutal. Me llena la garganta el nombre desconocido de una planta carnívora que decora la sala y digo:  -¡PLANTA! García Be

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Rufino lanzado (XVII)

Rufino escuchaba de la habitación contigua algunas voces y carcajadas, subidas de tono.  También la música fuerte y las voces lo llevaban de paseo por la ciudad alimentando su imaginación con toda clase de imágenes y sabores que todavía le eran desconocidos.  Seguía firme en su determinación de aprender computación en la gran ciudad pero llegó y se fue desayunando de un montón de cosas que ni siquiera hubiera sospechado en el más remoto de sus sueños.  De eso estaban hechos sus días.  Todos. Aprendizaje, recorridas por las calles del centro, los ojos dilatados  y entusiasmados siempre.  Había que ver su desconcierto a cada paso.  Todo llamaba su atención, se dispersaba en cada paso que daba... Siempre había algo más interesante para ver o para hacer.  ¿Leer diarios como antes lo hacían sus padres, sentados en casa tomando unos mates?  No.  Imposible.  Ahora todo corría a la velocidad de la luz, las noticias, los chismes, las eufó...

Es lo que hay

El muchacho a mi izquierda agita su pie en señal de impaciencia.  Me mira de reojo, puedo notar su inquietud, su rechazo.  Es mejor que espere, que siga esperando -pienso- otro buen rato, a él y a mí nos vendría bien otra cosa, pero no hay.   Carraspea la garganta seca por el frío, se muerde las uñas con sus otras uñas y sonríe mintiendo a todos ahí que se creen la mentira de que le queda tiempo. Ahí aparece el titular de esta Asociación.  Me mira directo a los ojos y me saluda.  El muchacho se levanta y se dirige rápidamente ejerciendo su derecho y me deja sólo, ahora si entiendo la rapidez de su mirada y su enojo.  Tiene suerte, lo van a atender primero -me digo- y sigo hojeando la revista que había sobre la mesita.  Ahora soy yo quien mira de reojo, a mi derecha, a mi izquierda, buscando también que los minutos pasen más rápido.  Tal vez, ya quiero irme. Resignación viejo, el ambiente del fútbol es así.  Es lo que hay. García B...

Sudor y frío

Sólo necesitaba comprar un cigarrillo en el kiosco de la esquina, y así hizo.  Aspiró hasta llenarse los pulmones como si fuera la última pitada del condenado, mirando el cielo diáfano y el entorno otoñal, que lo desafiaba a seguir caminando hasta encontrarse con alguien.  El día se prestaba para la conversación, para la charla animada con quien sea, de cualquier cosa, hasta de bueyes perdidos, que por esta zona no había siquiera uno para conocerlos siquiera. Sin embargo, esta vez no tuvo suerte.  Siguió caminando alrededor de la cuadra, se terminó su cigarrillo, y se encontró con un perro que daba vueltas extrañamente sobre sí mismo, como atontado y perdido, sin saber qué hacer.  Otro perro, más grande, se dispuso a atacar.  Aquel gritaba dando aullidos desesperado arrinconado en el piso por el otro que abría  las fauces más grandes demostrando que no estaba para bromas, que la cosa iba en serio, que acá era el final de todo.  Una vecina s...

Bajo el cuadro

Llegaron después de mi, pero lograron entrar primero a la cita.  Guardé silencio todo el tiempo hasta que llegó mi turno, lógicamente, no era mi intención perturbar la reunión. Hablaron por más de dos horas, agitadamente, sobre políticos y candidaturas, bajo una lámina de Monet que languidecía sobre la pared color pastel.  Mi número era el siete.  Todo un número.  Sin embargo, pensé, debería haberme tocado "último" que era el más adecuado. Hicieron silencio.  Agradecí mentalmente,  su voz chillona era insoportable.  Un tumulto de gente hacía menos ruido.  La impresora matriz de puntos en la sala contigua comenzó su trabajo, ruidoso y circular, que me transportaba a otros tiempos de ilusiones y  rechazos, de franquezas y rupturas. Escuchaba en silencio, inmutable y sereno frente al cuadro de Monet. García Be