Entradas
Rufino lanzado (XVII)
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Rufino escuchaba de la habitación contigua algunas voces y carcajadas, subidas de tono. También la música fuerte y las voces lo llevaban de paseo por la ciudad alimentando su imaginación con toda clase de imágenes y sabores que todavía le eran desconocidos. Seguía firme en su determinación de aprender computación en la gran ciudad pero llegó y se fue desayunando de un montón de cosas que ni siquiera hubiera sospechado en el más remoto de sus sueños. De eso estaban hechos sus días. Todos. Aprendizaje, recorridas por las calles del centro, los ojos dilatados y entusiasmados siempre. Había que ver su desconcierto a cada paso. Todo llamaba su atención, se dispersaba en cada paso que daba... Siempre había algo más interesante para ver o para hacer. ¿Leer diarios como antes lo hacían sus padres, sentados en casa tomando unos mates? No. Imposible. Ahora todo corría a la velocidad de la luz, las noticias, los chismes, las eufó...
Es lo que hay
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
El muchacho a mi izquierda agita su pie en señal de impaciencia. Me mira de reojo, puedo notar su inquietud, su rechazo. Es mejor que espere, que siga esperando -pienso- otro buen rato, a él y a mí nos vendría bien otra cosa, pero no hay. Carraspea la garganta seca por el frío, se muerde las uñas con sus otras uñas y sonríe mintiendo a todos ahí que se creen la mentira de que le queda tiempo. Ahí aparece el titular de esta Asociación. Me mira directo a los ojos y me saluda. El muchacho se levanta y se dirige rápidamente ejerciendo su derecho y me deja sólo, ahora si entiendo la rapidez de su mirada y su enojo. Tiene suerte, lo van a atender primero -me digo- y sigo hojeando la revista que había sobre la mesita. Ahora soy yo quien mira de reojo, a mi derecha, a mi izquierda, buscando también que los minutos pasen más rápido. Tal vez, ya quiero irme. Resignación viejo, el ambiente del fútbol es así. Es lo que hay. García B...
Sudor y frío
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Sólo necesitaba comprar un cigarrillo en el kiosco de la esquina, y así hizo. Aspiró hasta llenarse los pulmones como si fuera la última pitada del condenado, mirando el cielo diáfano y el entorno otoñal, que lo desafiaba a seguir caminando hasta encontrarse con alguien. El día se prestaba para la conversación, para la charla animada con quien sea, de cualquier cosa, hasta de bueyes perdidos, que por esta zona no había siquiera uno para conocerlos siquiera. Sin embargo, esta vez no tuvo suerte. Siguió caminando alrededor de la cuadra, se terminó su cigarrillo, y se encontró con un perro que daba vueltas extrañamente sobre sí mismo, como atontado y perdido, sin saber qué hacer. Otro perro, más grande, se dispuso a atacar. Aquel gritaba dando aullidos desesperado arrinconado en el piso por el otro que abría las fauces más grandes demostrando que no estaba para bromas, que la cosa iba en serio, que acá era el final de todo. Una vecina s...
Bajo el cuadro
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Llegaron después de mi, pero lograron entrar primero a la cita. Guardé silencio todo el tiempo hasta que llegó mi turno, lógicamente, no era mi intención perturbar la reunión. Hablaron por más de dos horas, agitadamente, sobre políticos y candidaturas, bajo una lámina de Monet que languidecía sobre la pared color pastel. Mi número era el siete. Todo un número. Sin embargo, pensé, debería haberme tocado "último" que era el más adecuado. Hicieron silencio. Agradecí mentalmente, su voz chillona era insoportable. Un tumulto de gente hacía menos ruido. La impresora matriz de puntos en la sala contigua comenzó su trabajo, ruidoso y circular, que me transportaba a otros tiempos de ilusiones y rechazos, de franquezas y rupturas. Escuchaba en silencio, inmutable y sereno frente al cuadro de Monet. García Be
En el camino
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
El chofer del camión se estremece después de atravesar la bajada del río, pensando hubiera sido malo quedarse atascado en el agua, como le ocurrió aquella vez que lo rescataron varios cientos de metros aguas abajo milagrosamente. Ahora mira la estampita de la Virgen, se persigna agradecido y sigue su camino recordando amablemente a su jefe, que le había dicho, ¡vamos, al camión, con todo y melones, que en el camino se acomoda la carga! Más adelante, un cartel declara la proximidad de su destino: 100 kilómetros de puro asfalto sinuoso y en subida. Sólo 100 kilómetros y volverá a ver a su familia. Su hijo menor está dando las primeras batallas en la ruta. Ya se anima a manejar, con él al lado, pero algún día será su reemplazo natural. Va a heredarle todo su prestigio al mando del vehículo, quiere enseñarle todos los trucos y mostrarle todos los atajos, las ventajas y desventajas de este trabajo sucio a veces, y grato algunas otras, las menos. En todo es r...