Cosas que no me gustan de internet: la lista sería interminable, pero tienen que ver con esas noticias que abundan sobre cadaveres de chicas encontrados después de que su pareja las maltratara hasta matarlas y casos por el estilo, digo que no me gustan de internet porque son noticias que abundan ahí, y también en la tele pero ya no veo tele. Casi nada, y menos noticias, no me interesan en absoluto. También digo que hay otras cosas que me desagradan pero me llegan de manos de una escritora a quien estoy leyendo habitualmente y que habla de situaciones violentas, qué digo, violentísimas que dudo realmente que existan pero le llaman la deep web, o web profunda, sitios que supuestamente no están indexados en los buscadores de tal manera que sólo los encontrás por el boca a boca. Algo prácticamente imposible. Sería más bien, de chat en chat. De email en email, y cosas así. Pero bueno, es de menor importancia, lo bueno sucede en los chats de programadores donde siempre se está discutiendo la mejor o peor manera de hackear alguna página de internet, algún servidor remoto por ahí que esté haciendo alguna basura que no le agrada a estos tipos, y entonces van y lo tiran y así, y se hacen llamar hackers y los tipos alcanzan renombre en la comunidad. No se si será la deep web, o qué, pero es mucho más interesante, eso vende. No como estas publicaciones absurdas de alguien que no tiene mucho que hacer a las siete de la tarde y se pone a escribir huevadas sólo por llevar la contra, sólo por ver pasar el tiempo, sólo por ponerle una sordina a las discusiones de la casa, esas donde no sabés si las tipas estas a quienes conocés apenas y que deben estar viviendo una relación bastante fogosa y no se atreven a confesarlo, decía, se lo pasan discutiendo por cosas triviales, como por ejemplo si un habitante de la casa entró o no por una puerta que se considera debería estar cerrada y como ahora al abrirla se mostró eso, caramba explota todo. Una pavada porque el tipo necesitaba entrar de alguna manera y lo hace así para no molestar, digamos todo. Decía, hay otros también aquí que parecen soportar alegremente las discusiones y hasta se prenden y les siguen la corriente. Por mi parte lo único que hago es atinar a descansar un poco, el día se ha vuelto agotador, mucho que hacer en el trabajo, se pone espeso a veces y no paramos. Caminamos todo el día.
La dama de las siete
Escribo estas líneas para pasar el rato, o quizás para intentar poner orden en este despelote que llamo vida, aunque sepa de antemano que el titiritero que llevo dentro suele enredar los hilos a propósito. La mañana en Mendoza arranca con ese viento fresco que te cachetea la cara y te recuerda que estás vivo, a pesar de las deudas que se acumulan y de esa parálisis que te agarra cuando el servidor se cae y vos sos el único que tiene que poner el pecho. A las siete de la mañana, el ritual es siempre el mismo: el micro, el olor a café ajeno y la espera. Y ahí está ella. La misteriosa dama de los rulos , esa que parece leer el paisaje urbano como si fuera un libro de edición limitada que solo ella comprende. A veces se sienta sola contra el vidrio, con una actitud desafiante que me hace dudar de si soy un genio o simplemente un "buenudo" que no sabe vender lo que hace. Otras veces, como aquel día que olía a algo especiado y fuerte, se sienta lo suficientemente cerca como p...
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