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Solos

Viajábamos estupendamente, como locos, yendo de banquina a banquina, creyéndonos inmortales y no pensábamos en otra cosa que llegar a destino.  Hartos del sol abrasador de nuestra ciudad, necesitábamos descansar y pasear tanto como un salvavidas veraniego.  Envuelta en su bata, mi mujer me había advertido que este año sí o sí iríamos de viaje o la pasaríamos muy mal en casa, pensando con tristeza en lo que nos estábamos perdiendo. Ni bien llegamos, el conserje del hotel nos comunicó la bienvenida habitual reservada para los turistas que se atrevían a viajar más de 20 horas, y nos guió gentilmente hasta la habitación.  Eran las 8 de la noche, ya estábamos cerquita de la cena y además, teníamos hambre.  Un hambre brutal.  Nos sumergimos de inmediato en la ducha, nos amamos en silencio, y salimos frescos y limpios a completar el día con una comilona dedicada íntegramente a nuestra llegada, ahí donde horas atrás nos habían invitado a subir a las habitaciones ...

Chicle

-Tené cuidado hermano,  mucho cuidado -dijo Esteban mientras acomodaba el cuello del buzo del muchacho que estaba a punto de subir al colectivo.  Este llevaba las herramientas para su trabajo de albañil en una caja de metal en la que tenía todo lo necesario para terminar lo que había comenzado hacía ya 3 meses. Su hermano lo cuidaba siempre, y le hacía recomendaciones como de madre. Es que se llevaban varios años y el mayor siempre había hecho las veces de padre y madre a la vez y él lo dejaba hacer,  acostumbrado al buen trato y a su cariño. Arriba del colectivo recibió varias llamadas entre ellas, la de su propio hermano, apenas habían transcurrido 30 minutos y ya estaba preguntándole como estaba, si iba todo bien. -Si, está todo bien, quedate tranquilo -dijo él, acalorado pensando qué pesado mi hermano, que me llama todo el tiempo.  Ya es bastante con que me pague el pasaje, y me vaya a buscar a la vuelta a la terminal. ¿Acaso también él estaría detrás de este...

La máquina gana

"Luces calientes atraviesan mi mente,  te veo a vos." Sumo -Tengo un par de deudas o mejor dicho, un par de miles de deudas.  A cada santo una vela como reza el dicho popular.  Sin embargo estoy convencido que antes que el año termine, saldaré la mitad al menos.  -Rufino se consolaba pensando lo bien que iba el trabajo.  Era la época del año en que las cosas suelen empezar a cambiar de rumbo, la temporada alta que le dicen.  Los clientes empiezan a agolparse en la entrada del negocio, y la cara del dueño cambia totalmente.  Se convierte en un sujeto agradable, sonriente y generoso  que lo tiene a uno en bandeja de plata.  Te da todos los gustos, incluso antes que te atrevas a pedirlos.  Es adivino.  O brujo.  Se me ocurre ésta metáfora: cuando el viento sopla de cola y las olas están bajas, la nave avanza a toda marcha y el jefe es bueno, solidario y buen compañero.  Pero cuando el viento arrec...

while en Emacs Lisp

Una plantilla para el comando  while  en Emacs Lisp sería la siguiente: (while true-or-false-test body...) Este bucle se va a ejecutar siempre que el test nos de 'verdadero'. Evaluar una lista vacía, nos da 'nil'.  Entonces puede ser útil para salir del bucle, simplemente evaluar una lista.  Si la lista está vacía, salimos del bucle.  Si no, continuamos con la ejecución del mismo que puede ser, por ejemplo, quitar un elemento de la misma, y así sucesivamente hasta encontrarnos con la lista vacía. Otra posibilidad naturalmente es utilizar un contador.  Este contador a medida que va ejecutándose el bucle, va decreciendo hasta llegar a un valor que ocasionará que el test de falso y así salir del bucle. El test puede ser una expresión del tipo (< contador numero-deseado) que va a devolver t de verdadero si el valor de contador es menor que el del número deseado. inicializar contador (while (< contador numero-deseado) ...

Un robo programado

Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero que habían instalado detrás de la puerta.  Se sentó un momento en la silla del living y apoyó el codo en la mesa, pensativo, observando la calle a través de la ventana.  ¡Qué hice!  Se preguntaba.  ¡Qué hice! Un fuerte golpe.  Más de cien mil pesos robados a gente que seguramente no los necesita.  El sentimiento de culpa estaba presente, para recordarle que otras veces había actuado igual, desobedeciendo las costumbres familiares, los mandatos sociales y la seguridad impuesta por su conducta intachable.  Tenía ese socio bastante hábil para atar personas en situación de robo, bastante hábil para planear hechos delictivos, y llevarlo a él por el camino del delito, convirtiéndolo en el malo de la película, en el personaje que nunca en su vida había sido un héroe para el.  De chico veía las películas del lejano oeste y se encariñaba con los buenos, jamás con los malos.  Había leído que ciertas person...

Crudo

"¡Ah bueno! Con los amigos no.  Con los amigos no te metas maldito estafador." Matías comía su manzana recordando las palabras de aquel conocido suyo que le traía a la memoria a su padre cuando se ponía a darle consejos absurdos y supuestamente bien intencionados.  El quería marcharse de aquel lujoso estadio de fútbol y comenzar una nueva vida alejado de los rumores de infidelidades y acoso sexual en que se había visto envuelto la última temporada. Temblaba.  Sentía frío, y claro, las ventanas estaban abiertas y el maldito aire polar se colaba asechándolo y entumeciendo sus manos que pedían a gritos unos guantes para pasar el invierno.  Su mirada vagaba insegura en torno a las fotografías que había colgado en las paredes del estadio.  Viejas glorias del fútbol local, en curiosas imágenes blanco y negro donde habitualmente aparecían viejos vecinos de la zona formando el equipo  antes de salir a la cancha, o también las de algunos osados y atrevidos esposos...

Sereno y tranquilo

En otro dormitorio contiguo al suyo, Martín tenía escondida la treinta y dos con la que terminó para siempre con los problemas de su vida.  Así lo sentía él, acurrucado en su sillón, terminando un vaso de vino con aquellos maníes salteños que conseguían en un almacén único del barrio.  ¿De dónde los sacaban?  ¡Eran sencillamente espectaculares!  Sin embargo, se sentía sólo.  Estaba solo.  Él y su secreto, bien guardados. Al momento de esconder el arma no había considerado siquiera las medidas de seguridad aprendidas en la escuela de tiro.  Estaba bien donde estaba, encima del placard de la habitación, bien a mano por si se presentaba la ocasión de usarla en su defensa o en defensa de su familia.  Siempre con una bala en la recámara y con el seguro colocado, pero fuera de su estuche.  Al alcance.  Estaba contento.  Por fin su problema había concluido y todo gracias a esa pistola calibre 32 que había utilizado con tanta precisi...