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La máquina gana

"Luces calientes atraviesan mi mente,  te veo a vos." Sumo -Tengo un par de deudas o mejor dicho, un par de miles de deudas.  A cada santo una vela como reza el dicho popular.  Sin embargo estoy convencido que antes que el año termine, saldaré la mitad al menos.  -Rufino se consolaba pensando lo bien que iba el trabajo.  Era la época del año en que las cosas suelen empezar a cambiar de rumbo, la temporada alta que le dicen.  Los clientes empiezan a agolparse en la entrada del negocio, y la cara del dueño cambia totalmente.  Se convierte en un sujeto agradable, sonriente y generoso  que lo tiene a uno en bandeja de plata.  Te da todos los gustos, incluso antes que te atrevas a pedirlos.  Es adivino.  O brujo.  Se me ocurre ésta metáfora: cuando el viento sopla de cola y las olas están bajas, la nave avanza a toda marcha y el jefe es bueno, solidario y buen compañero.  Pero cuando el viento arrec...

while en Emacs Lisp

Una plantilla para el comando  while  en Emacs Lisp sería la siguiente: (while true-or-false-test body...) Este bucle se va a ejecutar siempre que el test nos de 'verdadero'. Evaluar una lista vacía, nos da 'nil'.  Entonces puede ser útil para salir del bucle, simplemente evaluar una lista.  Si la lista está vacía, salimos del bucle.  Si no, continuamos con la ejecución del mismo que puede ser, por ejemplo, quitar un elemento de la misma, y así sucesivamente hasta encontrarnos con la lista vacía. Otra posibilidad naturalmente es utilizar un contador.  Este contador a medida que va ejecutándose el bucle, va decreciendo hasta llegar a un valor que ocasionará que el test de falso y así salir del bucle. El test puede ser una expresión del tipo (< contador numero-deseado) que va a devolver t de verdadero si el valor de contador es menor que el del número deseado. inicializar contador (while (< contador numero-deseado) ...

Un robo programado

Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero que habían instalado detrás de la puerta.  Se sentó un momento en la silla del living y apoyó el codo en la mesa, pensativo, observando la calle a través de la ventana.  ¡Qué hice!  Se preguntaba.  ¡Qué hice! Un fuerte golpe.  Más de cien mil pesos robados a gente que seguramente no los necesita.  El sentimiento de culpa estaba presente, para recordarle que otras veces había actuado igual, desobedeciendo las costumbres familiares, los mandatos sociales y la seguridad impuesta por su conducta intachable.  Tenía ese socio bastante hábil para atar personas en situación de robo, bastante hábil para planear hechos delictivos, y llevarlo a él por el camino del delito, convirtiéndolo en el malo de la película, en el personaje que nunca en su vida había sido un héroe para el.  De chico veía las películas del lejano oeste y se encariñaba con los buenos, jamás con los malos.  Había leído que ciertas person...

Crudo

"¡Ah bueno! Con los amigos no.  Con los amigos no te metas maldito estafador." Matías comía su manzana recordando las palabras de aquel conocido suyo que le traía a la memoria a su padre cuando se ponía a darle consejos absurdos y supuestamente bien intencionados.  El quería marcharse de aquel lujoso estadio de fútbol y comenzar una nueva vida alejado de los rumores de infidelidades y acoso sexual en que se había visto envuelto la última temporada. Temblaba.  Sentía frío, y claro, las ventanas estaban abiertas y el maldito aire polar se colaba asechándolo y entumeciendo sus manos que pedían a gritos unos guantes para pasar el invierno.  Su mirada vagaba insegura en torno a las fotografías que había colgado en las paredes del estadio.  Viejas glorias del fútbol local, en curiosas imágenes blanco y negro donde habitualmente aparecían viejos vecinos de la zona formando el equipo  antes de salir a la cancha, o también las de algunos osados y atrevidos esposos...

Sereno y tranquilo

En otro dormitorio contiguo al suyo, Martín tenía escondida la treinta y dos con la que terminó para siempre con los problemas de su vida.  Así lo sentía él, acurrucado en su sillón, terminando un vaso de vino con aquellos maníes salteños que conseguían en un almacén único del barrio.  ¿De dónde los sacaban?  ¡Eran sencillamente espectaculares!  Sin embargo, se sentía sólo.  Estaba solo.  Él y su secreto, bien guardados. Al momento de esconder el arma no había considerado siquiera las medidas de seguridad aprendidas en la escuela de tiro.  Estaba bien donde estaba, encima del placard de la habitación, bien a mano por si se presentaba la ocasión de usarla en su defensa o en defensa de su familia.  Siempre con una bala en la recámara y con el seguro colocado, pero fuera de su estuche.  Al alcance.  Estaba contento.  Por fin su problema había concluido y todo gracias a esa pistola calibre 32 que había utilizado con tanta precisi...

La terapeuta

Eran las seis menos cuarto.  Sergio guardó lo que tenía en su mano, subió el cierre y apretó el botón, mientras miraba sin ver por la pequeña ventana que daba al patio del consultorio de la terapeuta que lo estaba tratando. -Faltan 15 minutos y me rajo por fin de aquí -dijo en voz baja arreglándose el pelo al espejo.  -Qué tengo yo que andar contándole mis cosas a esta mujer cara de nada que me mira por encima de esos lentes viejos y gastados, por Dios, en qué estaba pensando cuando acepté venir, pedir turno, organizar los horarios de trabajo y, lo que es peor, decirle a mis amigos que estaba en tratamiento para curarme mis manías.  En especial la de enterrar sobras de comida en el patio, los días lunes. Abrió la puerta.  La terapeuta estaba desnuda en el diván, sin los anteojos, el pelo suelto y la mirada clavada en él señalándolo con el dedo como diciendo "vení querido, vení conmigo..."  Ni en sus mejores sueños se había atrevido a pensar en una situación a...

Una bonita historia

De pie frente al empleado del banco, contaba el dinero, cuando escuchó los disparos al aire (una locura) y los gritos de la gente y las amenazas del ladrón.  De inmediato buscó alrededor una mirada que le dijera qué hacer en una situación como esa.   Tirarse al piso, con dinero nuevo, su dinero, sus ahorros y un maldito chorro al acecho.  Qué mala suerte.  Ahora tendría que entregarle todo y pensar en la fortuna de seguir con vida, si es que aquel delincuente tenía la bondad de dejarlo ir.  ¿Y si estaba drogado o borracho y enloquecía de pronto, y empezaba a los tiros contra él y los que estaban ahí en la fila?  Sería estúpido morir así, de ninguna manera lo permitiría.  En especial por su familia que lo estaba esperando.  Sano y salvo y con dinero.  Ojo.  Mucho cuidado con volver con las manos vacías.  Mucho cuidado con volver a casa con las manos lastimadas.  Tendría que hacer algo con aquel tipo.   No sabía qué, pero de...