Entradas

Quería vivir ahí

La mente tiene esas extrañas ideas que te complican la vida unas veces y otras que tal vez te sacan de apuros.  El caso es que mi amigo Verardi un día decidió quitarse la vida subiéndose a un edificio lindero al hospital psiquiátrico del barrio, para desde allí tirarse al suelo, eran unos cuatro o cinco pisos más o menos.  Digamos que las posibilidades de matarse eran cincuenta y cincuenta, quiero decir, uno ve la altura y dice sí, desde acá te matás pero en realidad no lo es tanto.  Hay posibilidades de quedar vivo y mal herido... y eso sería fatal. Verardi quería hacerlo bien, pero el ahorcamiento le parecía espantoso, no había forma que se confundiera con un accidente.  Y armas no tenía, le producían un escalofrío de solo verlas.  En cambio la caída era diferente, uno puede hacer pensar que tropezó y se cayó.  De modo que no estaba en sus planes dejar carta alguna, simplemente quería suicidarse de manera segura incluso al punto de confundir a la policí...

La izquierda

Eduardo trabaja en la pensión de Elsa.  Corre las cortinas en la mañana, deja entrar la luz y barre el piso de las habitaciones, ordena los cuartos que tiene a cargo, que son cuatro, y saca a pasear el perro, un gran-danés del tamaño de una locomotora que tiene el andar lento y la orina fuerte por los golpes y la vejez. Eduardo tiene una mueca de dolor permanente a causa de su muñeca izquierda, mal curada después de la operación a la que fue sometido a raíz de un accidente, por eso le duele terriblemente algo tan sencillo como pasear al perro y no tiene más remedio que hacerlo, si no lo castigan.  En la pensión tienen reglas estrictas para la gente que se hospeda y reglas crueles para los que trabajan ahí.  Reglas crueles que no termina de entender.  Reglas siniestras y absurdas que terminan por destruir a la persona, convirtiéndola en un ser vil y deprimido que pasa el día rumiando su venganza y destrucción de todo cuanto lo rodea.  Y el ha terminado creyénd...

Un árbol frondoso

Aquella mañana, trepado a su árbol preferido, mi amigo Julián cantaba con voz de hincha de fútbol todas las canciones que había aprendido en la cancha cuando lo llevaba su abuelo.  Y las sabía todas, no le hacía falta anotarlas en absoluto, las conocía de primera mano, de la popular, ahí donde lo llevaba el viejo, que había sido jugador de fútbol del club de barrio y ahora ya no estaba para verlo festejar. Había crecido, ya no era el mismo ni era un niño.  Pero seguía subido al árbol, recordando viejos tiempos, aquellos años de infancia con su grito ahogado de emoción y lágrimas por su abuelo, por el fútbol, por el árbol de la infancia que ya no estaba frente a su casa, sino frente a la casa que sus padres vendieron muchos años atrás. Todo el vecindario conocía la afición de Julián y su abuelo.  Era buen jugador.  Jugaba en el medio de la cancha, controlando todo, dando órdenes y armando el equipo.  Cuando hacían un gol, su festejo era tranquilo, normalmente...

Certeza de funeral

Alfio era un buen muchacho.  Aquella mañana corrió a buscar el diario debajo de la puerta urgido por un presagio amargo y terrible.  Encontró su aviso en los clasificados y revisó cada detalle buscando el mínimo error de tipografía o de imprenta.  Es que no tenía mucho tiempo, si no vendía aquel bote de inmediato su vida correría peligro. Otro tipo de errores, más propios de un mal vendedor que de los empleados de la imprenta donde armaban el periódico, fue lo que llamó su atención.  Si hubiera puesto esto otro en lugar de aquello, se decía, habría quedado mejor.  Tal vez el destacado ese que me ofrecieron  habría sido una buena idea, que para eso son destacados y así está medio perdido entre los demás avisos, una lástima. Miró a través de la ventana, pudo ver al vecino con su hijito en brazos que se había quedado dormido y era un haragán de cuidado, pesaba como una roca cuando se dormía, Alfio lo sabía perfectamente.  Pero qué hacía el vecino a es...

Dial-up

"Un poco de filosofía, doctor,  mejora la circulación."  S. King, Cementerio de Animales. Encontró abierta la notebook y empezó a escribir rápidamente el correo electrónico que pensaba enviar a todos sus cotactos con la esperanza de que al saber lo que estaba ocurriendo, le darían una mano lo más rápido posible.  Sin embargo la conexión a internet era lenta e inestable.  Su mensaje iba a demorar más de la cuenta y los responsables de su desesperante situación andaban con poco tiempo.  Eso le habían dicho mientras cargaban los muebles de la cocina y del comedor, y ya avanzaban con los de las habitaciones. "Son gente de temer Colorado" -le habían aconsejado pero él, apremiado por las necesidades había confiado en ellos, les había pedido prestado dinero para pagar algunas deudas y empezar a construir su casa.  Ahora los tenía ahí dentro, envueltos en sus trajes de color negro y sus anteojos de sol de pésima calidad pero que iban muy bien para su...

Puticlub

Corrió a esconder la ropa de su amigo en un lugar seguro.  Afuera reían y le contaban a todos la gracia.  Lo habían dejado desnudo en las duchas.  Era verano, y después del voley  un grupito de  jugadores fue a refrescarse en la pileta, mientras los otros decidieron pasar por el vestuario a quitarse la arena y el sudor. La genial idea se le había ocurrido de pronto, cuando lo vio dejar el pantalón fuera del locker cerca de la ducha en un banco.  Exactamente ahí se le prendió la lamparita.... justo debajo del modesto foco que alumbra los baños del club,  con las paredes descascaradas y la humedad en todos los rincones. Mientras afuera reían y pensaban en las puteadas del acalorado bañista, en el interior de las duchas se libraba una batalla singular.  Nuestro amigo se había resbalado y se había roto el cuello con el borde del piso, aquel que hicieron para contener el agua, que no escape hacia los baños.  Había quedado con la cabeza en un r...

Log-in

Tommy escribió un comentario áspero, de marcado contenido político, confiando que armaría un buen revuelo y se convertiría en un disparador de mensajes punzantes y polémicos pero a esta hora de la noche no le importaba en absoluto. Terminó su trago -un whisky importado con hielo- y se fue a dormir, sereno como un angelito. A la mañana siguiente, sin perder un segundo encendió su computadora para ver en qué estaba la conversación.  Sentía nervios y mucha ansiedad por contestar cualquier barbaridad que hubieran dicho sobre ese estilo suyo, tan  políticamente incorrecto .  Encendió un cigarrillo y mientras el ordenador se ponía en marcha fue a mojarse la cara y despabilarse un poco.  Su computadora estaba lista, sólo había que hacer login en el menú principal del navegador. Sin embargo, algo había ocurrido con su usuario y contraseña: no funcionaban.  Tal vez habían hackeado su cuenta de internet y ahora tendría que lidiar con un engorroso tramiterío de recu...