Certeza de funeral
Alfio era un buen muchacho. Aquella mañana corrió a buscar el diario debajo de la puerta urgido por un presagio amargo y terrible. Encontró su aviso en los clasificados y revisó cada detalle buscando el mínimo error de tipografía o de imprenta. Es que no tenía mucho tiempo, si no vendía aquel bote de inmediato su vida correría peligro. Otro tipo de errores, más propios de un mal vendedor que de los empleados de la imprenta donde armaban el periódico, fue lo que llamó su atención. Si hubiera puesto esto otro en lugar de aquello, se decía, habría quedado mejor. Tal vez el destacado ese que me ofrecieron habría sido una buena idea, que para eso son destacados y así está medio perdido entre los demás avisos, una lástima. Miró a través de la ventana, pudo ver al vecino con su hijito en brazos que se había quedado dormido y era un haragán de cuidado, pesaba como una roca cuando se dormía, Alfio lo sabía perfectamente. Pero qué hacía el vecino a es...