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El Amigo

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García Be

Rufino lanzado (XVI)

Serenamente recostado en su habitación Rufino estudia un manual de instrucciones del último aparatito que compró.  Un GPS.  ¡Para qué habría de necesitar semejante artefacto este muchacho!  Lo vio en vidriera y sin pensarlo sacó su billetera y entregó el dinero necesario.  Se fue a su habitación como un niño chico con juguete distinto.  Distinto y nuevo.  Cero kilómetro.  Eso le falta, un cero kilómetro, o un usado o algo en qué moverse y con qué perderse.  Camina la ciudad y su nuevo orientador le resulta prácticamente inútil.  Conoce todas las bocacalles, todos los atajos, todas las veredas y los nombres de las calles ya le resultan familiar. Sin embargo, en la soledad de su cuarto estudia el manual que le promete divertidas aventuras y encuentros inesperados, tal como el lo soñó alguna vez. Observa por la ventana de su habitación intentando divisar algún satélite de los que se vale su GPS pero le resulta difícil.  En su pueblo el ci...

De madrugada

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García Be

Rufino lanzado (XV)

Llegó caminando al estudio del abogado.  Miró la placa en la puerta, tocó timbre y pasó. El lugar tenía el perfume que a Rufino le gustaba, una suave brisa marina parecía recorrer la sala, sin conocer el mar el creía reconocerlo ahí.  Se sentó a esperar y de inmediato tomó una revista y se puso a ojearla nerviosamente.  Había otras personas esperando. Una chica rubia a su izquierda, de muy buen gusto vestida, que seguramente olía muy bien también.  Pero es así -pensó Rufino- acá te encontrás de todo, si no mírame a mi, que me cita la policía por un simple caso de robo. Por que estará ella aquí, cual será el caso policial que la trajo y ahora es objeto de las miradas y el pensamiento de Rufino quien dejó de estar interesado hace rato en esa revista.  Ella rompe el silencio inesperadamente con una bofetada en el alma de Rufino: viene a denunciar a su marido por abandono.  La dejó tirada en la calle, en medio de la noche, según dice porque no se animó a irse d...

Rufino lanzado (XIV)

Rufino corría mientras se desplomaba una manga de piedras al mejor estilo cacería humana, lanzada contra todos en esta ciudad ahora gris de nubes y malhumor.  En esto estaba cuando alguien salía de un negocio de la cuadra y tropezó con él y los dos cayeron al suelo, al agua, a las piedras amontonadas.   Resbalaron por el colchón de granizo que ya se había juntado en la vereda, y los dos se miraron a la cara confundidos, aturdidos y llenos de bronca. Pero qué haces boludo -quiso decir Rufino- pero se guardó la puteada pensando que tal vez él también tenía la culpa del incidente.  El otro flaco se levantó rápidamente y siguió corriendo, detrás de el, el dueño del kiosco salió con el inalambrico en la mano, llamando a la policía: le acababan de robar.  Ese idiota que tropezó en la puerta del negocio, se llevaba la recaudación del día.  Bien hecho por hijo de puta.  Que se parta la cabeza en la esquina también, gritaba mientras le contestaban del otro lado...

Rufino lanzado (XIII)

Rufino se sentía solo y triste por primera vez desde que llegara a la ciudad. Era mediatarde del domingo y su semblante estaba pálido por esto de la primavera. Su tristeza era toda suya, había estado durmiendo ese día en su cuarto, solo, recordando su llegada a la ciudad buscando conocer y estudiar eso que llamaban computadoras e internet. Al final, se había ido por las ramas, distraido por tantas cosas nuevas que encontraba a su paso y sobre todo sus amistades nuevas: doña Rosa de la pensión y su vecina del otro cuarto, la que había rechazado su revista de historietas por aburrida -decía- y fea. Rufino quería conversar con ella, y preguntarle tal vez si tenía computadora y le enseñaba los primeros pasos. Caminó hasta la habitación y golpeó la puerta. Silencio. -Pasá -escuchó que le decían muy bajito. Rufino tímidamente se animó a entrar. Se preguntaba qué estaba haciendo si estaba loco o qué. Pero avanzó en una habitación semioscura, con un velador mínimo orientado a la pa...

Rufino lanzado (XII)

Salió de su cuarto con una revista en la mano. Quería prestársela a ella que estaba con insomnio y fumando en la escalera. Todo el tiempo que había perdido buscando alguien así ahora veía claramente que era su oportunidad de ofrecerse como amigo, de arrimarse como compañero de vida, de proyectar algo junto a ella. Era una revista de historietas que Rufino había comprado ahora que vivía en la ciudad; historietas duras, con gráficos inquietantes y de muy buena calidad. Se había sorprendido, jamás antes había visto algo así. Quería ofrecerle la revista a ver si le ayudaba a conseguir el sueño. -Leete esto -le dijo. -Ay gracias Rufino, no te hubieras molestado -le contestó y tomó la revista con interés. -Fijate la de indios, está rebuena -dijo él. -Gracias otra vez, besito. -dijo dulcemente y se fue a su habitación dejando ese perfume que enloquecía a Rufino, que la miraba de atrás suplicando que lo invitara a seguirla. Se quedó ahí un rato. Impávido, sordo, enmudecido por aquellas m...