Entradas

Fútbol

Prometí cerrar la boca al comenzar el partido, pero me dejaron entrar sin pagar de modo que me sentía a mis anchas, solo tenía ganas de gritar y nadie lo iba a impedir sin golpearme. Encontré un libro tirado ahí, rarísimo me dije, lo metí al bolsillo decidido a darle un vistazo después cuando terminara el encuentro. Jugaban dos equipos vecinos uno de mi barrio, el otro de aquí cerquita. Mis amigos eran todos del equipo contrario, estaban conmigo pero me daban codazos cada vez que su equipo hacía una jugada, para qué decirlo, apenas buena. Un hombre a mi lado tenía la voz ronca, la garganta seca, y gritaba todo el tiempo con un hilo de rabia que brotaba de vez en cuando para calmar esa sed. Era una tarde fría de invierno todas las cabezas cubiertas por unos gorritos muy simpáticos que regalaban en la entrada. A mi no me tocó, claro entré colado, pero eso no me importaba. Estaba singularmente entretenido con el hombrecito y su gorro, su bufanda y su voz destartalada. Disparé un...

Un milagro

Reconozco que mentí alevosamente, y considero que tomé ese camino por una razón inequívoca: salvar el pellejo.  Mis compañeros de tareas lo entenderán -pensé-, no lo tomarán como un abandono o una traición pero en el medio del campo, en la trinchera, las decisiones cuestan la vida de seres humanos compañeros, camaradas con quienes hay una relación de afecto de tanto tiempo transitado juntos. A él lo vi mirando carteles pegados en la pared donde decía que a los dos nos buscan por traición a la patria y no: deberían buscarlo a él solamente pero la plana mayor de la Fuerza es difícil de engañar y hoy pienso:  gracias a Dios.  Me volví sobre mis pasos buscando una salida digna a la situación y en eso estaba cuando apareció un segundo y un tercero de los que habían quedado atrapados por el fuego. Mi vergüenza fue mayor.  Cada vez me sentía más en falta por lo ocurrido pero solo pensaba en mis hijos, quería volver a verlos, eso me daba cierta tranquilidad de conciencia...

Peras y Pomelos

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García Be

Día de paseo

Estoy realmente muy triste porque atropellé un perro.  Fue imposible esquivarlo, el muy tonto se cruzó repentinamente, no me dio tiempo a nada.  Estoy triste, el momento después fue bastante violento, mi moto en el piso, la sangre, los vidrios y plásticos por todos lados, y una sensación de impotencia insalvable, algo de dolor en la rodilla derecha, la misma de patear al arco. Quise levantar la moto pero es muy pesada para mí sólo,  y quedó en una posición incómoda.  Pensé que con la ayuda de algún vecino tal vez, podría. El aceite comenzó a aparecer y como un hilo o un río, tomó hacia abajo por la avenida.  Miré varios minutos después y seguía drenando líquido.  Ya me empecé a asustar, porque claro, se perdía a mitad de cuadra.  Como siguiendo una señal empecé a pensar que debía seguir la huella.  Y lo hice.  Como a mitad de camino el curso del aceite doblaba a la derecha en dirección a un taller mecánico. ¡Ah! pensé, ahí está la solució...

Unas gardenias

El abuelo español se bajó del avión e inmediatamente buscó asilo en nuestro país. Ya a sus 70 años no está para andar mendigando una cama y piensa vivir el último retazo de su vida tranquilo, retirado. Piensa en sus hijos y nietos que quedaron allá al otro lado del mar y sueña con reencontrarse con ellos pero avizora la realidad que le toca, y el sueño se esfuma, se disipa, se borra. Tranquilo, recorre las calles del centro, se sorprende al comprar cigarrillos en un lugar que dice llamarse kiosko y sigue la recorrida descubriéndolo todo, maravillado por todo. Las mujeres son lo que más llama su atención, maravillosamente producidas a cualquier hora de la tarde, festejando la primavera con vestidos y soleras radiantes de sensualidad y provocación. Su mujer quedó allá, detrás del mar, bajo tierra, literalmente sepultada en el último terremoto que provocó la guerra. Es la única imagen imborrable que azota su mente: llegar a buscarla y encontrar ruinas en cambio, y dolor porque él ...

Finalizado

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García Be.

Perfil bajo

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Encontré este lugarcito para sentarme al resguardo del sol de verano y me resultó muy agradable. El paisaje tranquilo, lejos del ruido ensordecedor de la ciudad y de las calles del centro donde miles de autos se agolpan sin esperanza en cada esquina esperando el verde. Es un momento de serena paz, de tranquilidad en medio de la derrota, o mejor en medio de la lucha porque dicen que no hay que darse por vencido ni aún vencido. Aquí, el rumor de las acequias, el lento movimiento del follaje me predisponen a meditar con cuidado los próximos movimientos, tengo que pensar muy bien cada paso. Las elecciones se acercan y soy candidato esta vez sí, en un puesto de relevancia dentro del gobierno. Es un gobierno joven y ahí voy a estar yo seguramente, cargadas las pilas, dispuesto a ayudar, a contribuir en lo posible a solucionar uno que otro problema en mi área. Estoy trabajando en Recursos Humanos. Es un área indispensable, eso se sabe. El domingo está cerca. Es inevitable, las cartas...