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Un milagro

Reconozco que mentí alevosamente, y considero que tomé ese camino por una razón inequívoca: salvar el pellejo.  Mis compañeros de tareas lo entenderán -pensé-, no lo tomarán como un abandono o una traición pero en el medio del campo, en la trinchera, las decisiones cuestan la vida de seres humanos compañeros, camaradas con quienes hay una relación de afecto de tanto tiempo transitado juntos. A él lo vi mirando carteles pegados en la pared donde decía que a los dos nos buscan por traición a la patria y no: deberían buscarlo a él solamente pero la plana mayor de la Fuerza es difícil de engañar y hoy pienso:  gracias a Dios.  Me volví sobre mis pasos buscando una salida digna a la situación y en eso estaba cuando apareció un segundo y un tercero de los que habían quedado atrapados por el fuego. Mi vergüenza fue mayor.  Cada vez me sentía más en falta por lo ocurrido pero solo pensaba en mis hijos, quería volver a verlos, eso me daba cierta tranquilidad de conciencia...

Peras y Pomelos

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García Be

Día de paseo

Estoy realmente muy triste porque atropellé un perro.  Fue imposible esquivarlo, el muy tonto se cruzó repentinamente, no me dio tiempo a nada.  Estoy triste, el momento después fue bastante violento, mi moto en el piso, la sangre, los vidrios y plásticos por todos lados, y una sensación de impotencia insalvable, algo de dolor en la rodilla derecha, la misma de patear al arco. Quise levantar la moto pero es muy pesada para mí sólo,  y quedó en una posición incómoda.  Pensé que con la ayuda de algún vecino tal vez, podría. El aceite comenzó a aparecer y como un hilo o un río, tomó hacia abajo por la avenida.  Miré varios minutos después y seguía drenando líquido.  Ya me empecé a asustar, porque claro, se perdía a mitad de cuadra.  Como siguiendo una señal empecé a pensar que debía seguir la huella.  Y lo hice.  Como a mitad de camino el curso del aceite doblaba a la derecha en dirección a un taller mecánico. ¡Ah! pensé, ahí está la solució...

Unas gardenias

El abuelo español se bajó del avión e inmediatamente buscó asilo en nuestro país. Ya a sus 70 años no está para andar mendigando una cama y piensa vivir el último retazo de su vida tranquilo, retirado. Piensa en sus hijos y nietos que quedaron allá al otro lado del mar y sueña con reencontrarse con ellos pero avizora la realidad que le toca, y el sueño se esfuma, se disipa, se borra. Tranquilo, recorre las calles del centro, se sorprende al comprar cigarrillos en un lugar que dice llamarse kiosko y sigue la recorrida descubriéndolo todo, maravillado por todo. Las mujeres son lo que más llama su atención, maravillosamente producidas a cualquier hora de la tarde, festejando la primavera con vestidos y soleras radiantes de sensualidad y provocación. Su mujer quedó allá, detrás del mar, bajo tierra, literalmente sepultada en el último terremoto que provocó la guerra. Es la única imagen imborrable que azota su mente: llegar a buscarla y encontrar ruinas en cambio, y dolor porque él ...

Finalizado

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García Be.

Perfil bajo

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Encontré este lugarcito para sentarme al resguardo del sol de verano y me resultó muy agradable. El paisaje tranquilo, lejos del ruido ensordecedor de la ciudad y de las calles del centro donde miles de autos se agolpan sin esperanza en cada esquina esperando el verde. Es un momento de serena paz, de tranquilidad en medio de la derrota, o mejor en medio de la lucha porque dicen que no hay que darse por vencido ni aún vencido. Aquí, el rumor de las acequias, el lento movimiento del follaje me predisponen a meditar con cuidado los próximos movimientos, tengo que pensar muy bien cada paso. Las elecciones se acercan y soy candidato esta vez sí, en un puesto de relevancia dentro del gobierno. Es un gobierno joven y ahí voy a estar yo seguramente, cargadas las pilas, dispuesto a ayudar, a contribuir en lo posible a solucionar uno que otro problema en mi área. Estoy trabajando en Recursos Humanos. Es un área indispensable, eso se sabe. El domingo está cerca. Es inevitable, las cartas...

Ciega

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Comencé a mirar a mi derecha y de pronto un camión dobló la esquina en dirección a mi, permanecí inmutable y sereno esperando que viniera a buscarme porque estoy en plan de mudanza otra vez. Quien haya pasado por esto sabe de lo que hablo. Por suerte -podría decir-, el camión siguió de largo y estacionó más adelante en otra casa. El sol comenzó a hacerme notar la llegada del verano. Busqué una sombra, un reparo donde protegerme y esperar más a gusto. Esperé que llegara de un momento a otro, miré mi reloj, miré el árbol cargado de hojas moradas, miré el cielo resplandeciente, busqué una explicación. Me gustaría que la mudanza sea de a dos, pero no lo es. El sol quema mi frente y también me achicharra saber que aquí el que se va soy yo y nadie más. Con todos mis útiles, mis monos -dirías vos-, mis valijas, mis esperanzas y mis frustraciones a cuestas. ¡Qué penoso es partir! Qué gris se ve este día soleado, lleno de angustia y desolación. La muerte será esto, despedirse un día d...