Un milagro
Reconozco que mentí alevosamente, y considero que tomé ese camino por una razón inequívoca: salvar el pellejo. Mis compañeros de tareas lo entenderán -pensé-, no lo tomarán como un abandono o una traición pero en el medio del campo, en la trinchera, las decisiones cuestan la vida de seres humanos compañeros, camaradas con quienes hay una relación de afecto de tanto tiempo transitado juntos. A él lo vi mirando carteles pegados en la pared donde decía que a los dos nos buscan por traición a la patria y no: deberían buscarlo a él solamente pero la plana mayor de la Fuerza es difícil de engañar y hoy pienso: gracias a Dios. Me volví sobre mis pasos buscando una salida digna a la situación y en eso estaba cuando apareció un segundo y un tercero de los que habían quedado atrapados por el fuego. Mi vergüenza fue mayor. Cada vez me sentía más en falta por lo ocurrido pero solo pensaba en mis hijos, quería volver a verlos, eso me daba cierta tranquilidad de conciencia...