Una suerte inquebrantable la mía, la que no sabe dónde está parada, la que busca sin éxito un escondite donde pertrecharse ante tantas tribulaciones y quebrantos, porque sabe, está informada de todo el daño que ocasiona y cuando lo hace le da culpa y busca donde refugiarse hasta que pase la malaria. Así de jodida es, así de brava tal y como la conocemos en el barrio. Se dice o mejor dicho se hace llamar algo así como la suerte pero todos sabemos que oculta algo, que lo bueno se lo deja para ella, que aquellos árboles que supieron esconder a modo de bosque las travesuras que hacíamos con los primos y los amigos de la tierna infancia ya no están han sido talados todos, han removido cada uno de los plátanos aquellos y han colocado en su lugar espacios para alquilar a turistas, una verdadera infamia, un desastre de paisaje, una muerte en vida la de los lugareños que dejaron escapar varias lágrimas el día que levantaron todo y dejaron el páramo. Aquello sí fue el espanto. Una empresa vendía cacharros, fabricaba unos cuencos hermosos de gres y tuvo que ser reubicada. Un amigo vivía ahí y también tuvo que dejar ese bosque, otros más amigos de las conversaciones telefónicas equivocadas, se quedaron favorecidos por la ubicación más en los límites de la propiedad. Y así, fueron quedando uno a uno, envueltos en la penumbra de una vida que se iba consumiendo lenta e inexorablemente para dejar paso a las nuevas generaciones que ya venían con un chip cambiado, ya las cosas tenían otro sentido y otra proximidad, y era momento de construir sobre las ruinas que dejamos nosotros, era momento de darle una cachetada al presente y continuar adelante incluso si había que mudarse como lo hicieron algunos resignadamente, se haría. Qué tanto, si la vida continúa y ahí donde estemos apretará el sol en verano y la nieve calará los huesos en el invierno. Seamos concientes, -solía decir mi amigo-, que no hay político que se salve de la estupidez, que todos inevitablemente se equivocan por ignorantes o corruptos y así qué querés -decía-, así nos va también a nosotros. Imposible escapar, imposible rodear el caldo de cultivo de este futuro impredecible y contradictorio al que nos someten estos imbéciles y escrito así, recordaremos siempre que algún día estuvimos ahí tomando mates y bebiendo jugo a la orilla de la pileta, mientras nuestros hijos dan tumbas carnero.|
lunes, 15 de marzo de 2021
Brillante
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